Romanticismo negro y urbano

La sangre y la lluvia redondea un contundente debut del realizador colombiano Jorge Navas
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29 de julio de 2010  

La sangre y la lluvia (Colombia/2009). Dirección: Jorge Navas. Con Gloria Montoya, Quique Mendoza, Hernán Méndez, Weimar Delgado y otros. Guión: Jorge Navas, Carlos Henao y Alizé Le Maoult. Fotografía: Juan Carlos Gil. Música: Sebastián Escofet. Duración: 109 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 18 años.

Nuestra opinión: Buena

La lluvia cae intermitentemente sobre Bogotá. Pocos son los transeúntes que circulan por esas calles violentas, tétricas y silenciosas, y sólo Jorge, conduciendo su taxímetro, se atreve a trabajar, y poco tarda en recoger a una bella pasajera. Ella es Angela, una prostituta que reconoce a ese hombre como alguien solitario que carga sobre sus hombros un pesado problema. Ambos ya se han acostumbrado a los barrios más peligrosos de esa ciudad, pero no están preparados para los horrores que vendrán en las seis horas siguientes a ese casual encuentro.

Poco tarda la pareja en relatarse sus angustias cotidianas. El sufre por la violenta muerte de su hermano, mientras ella confiesa su soledad sólo reparada por los circunstanciales hombres que pagan por su compañía. De pronto, un grupo de individuos castigan ferozmente a Jorge, quien, acompañado por Angela, se hace atender en un hospital y, casi con un dejo de lástima, la mujer lo invita a su casa.

Historia sin duda fuerte y dramática es la que el director Jorge Navas presenta a través de estos dos seres a los que el destino los une para luego convertirlos en víctimas de sus propios destinos. Narrado con ritmo casi policíaco y de suspenso, el film va destapando en menos de seis horas (lo que dura una noche), los dolores y las soledades de los protagonistas. El realizador no escatimó esfuerzos, a veces con mano tan dura como con visión pesimista, para seguir el recorrido de ese hombre y de esa mujer inmersos en el infierno de la noche bogotana. Por momentos el relato cae en un melodrama excesivamente abrumador, pero ello no perjudica demasiado esta historia, que posee un romanticismo negro del que surge la violencia por la que deben transitar los dos protagonistas.

Los trabajos de Gloria Montoya y de Quique Mendoza apoyaron con notable fuerza esta anécdota que presenta una cinematografía como la colombiana, tan poco difundida en las pantallas comerciales. Los rubros técnicos son otros elementos válidos para que La sangre y la lluvia se transforme en una cruel radiografía de dos seres marcados por la violencia y por la crueldad que los arrincona en un camino sin salida.

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