Schroeder, talento sin fronteras

Al director le gusta variar de género
Al director le gusta variar de género
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22 de junio de 2002  

NUEVA YORK.- Para Barbet Schroeder no hay misterio en el tránsito de un proyecto independiente y casi clandestino, como “La virgen de los sicarios”, a este regreso a Hollywood cobijado por un gran estudio y una estrella de renombre internacional.

Con el inglés de acento inclasificable que es propio de un auténtico cosmopolita como él (nació en Teherán, se crió entre Francia y Colombia, tiene pasaporte suizo y trabaja en Estados Unidos), tan cordial en el gesto como tajante en sus argumentaciones, el realizador dice que prefiere sorprenderse a sí mismo y salir todo el tiempo en busca de nuevos desafíos.

“Siempre quiero hacer algo diferente respecto de mi película anterior –sostiene–. No quiero ser etiquetado ni como un director de Hollywood ni como parte de la producción independiente. Mi vida es una fuga permanente de aquellos lugares en donde la gente aspira a ubicarte definitivamente.”

Para el cineasta de 61 años, "Cálculo mortal" no sólo marca su regreso a Hollywood, donde concibió títulos como "Mariposas de la noche", "Mujer soltera busca" o "Mi secreto me condena", que en 1990 le dio una nominación al Oscar como mejor director y consagró a Jeremy Irons como mejor actor.

Sobre el film que está a punto de estrenarse en la Argentina, Schroeder dice que quiso trabajar en un relato completamente actual y en el que la ficción, curiosamente, fuera capaz de imitar a la realidad. Desde que el proyecto nació, el director admite que tuvo en su cabeza el caso real de Nathan Leopold y Richard Loeb, dos jóvenes de la alta sociedad norteamericana que en la primavera de 1924 secuestraron y mataron a un chico de 14 años, vecino de ambos, simplemente porque querían planear y ejecutar lo que imaginaban como el crimen perfecto.

Y también, ya en un plano cinematográfico, la inevitable figura de Alfred Hitchcock. "En una historia de estas características -puntualiza Schroeder-, la referencia a Hitchcock es absolutamente insoslayable. Hagas lo que hagas en este terreno, todos mencionan a Hitchcock y uno también empieza a pensar en él porque no es posible escapar a la influencia del maestro de los maestros, pero en este caso, para el retrato de los personajes, me siento más cerca, por ejemplo, de "A sangre fría", otro caso famoso de un crimen planificado."

-A propósito de Hitchcock, una película como "La soga", en la que también dos jóvenes se confabulan para el crimen, muestra una relación ambigua entre ambos asesinos que parece reflejarse también en esta película.

-He escuchado muchos comentarios acerca de la aparente homosexualidad latente de los personajes de Ryan Gosling y Michael Pitt. En realidad, en la película aparecen ambos junto a chicas de su edad y se ven a sí mismos como amigos. No sabemos exactamente cuál es la naturaleza de su relación, pero para ellos ciertamente no es homosexual. Tal vez en forma inconsciente, pero no lo saben.

-Sandra Bullock tuvo mucho que ver en que usted dirija este film. ¿Cómo fue su relación con ella en el set?

-Ella no es solamente una gran estrella de Hollywood, capaz de transmitir en la pantalla un poder que pocos tienen. También es una gran actriz y, lo más importante, alguien con mucha fuerza para lograr lo que se propone. Ella sostuvo el film no sólo por su presencia en cámara y nos ayudó a hacer una película con los estándares de Hollywood, pero bien distante de sus convencionalismos.

Antes que hablar de lo que va a hacer ("nunca hablo de mis próximos proyectos, es mi única cábala", dice), prefiere conversar del presente o de la esencia de su trabajo: "Hacer una película es como una corrida de toros. Hay que usar la destreza y el talento para sorprender a un auditorio que espera siempre lo mismo, superando adversidades que pueden amenazar hasta tu vida. Ni más ni menos".

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