Sobreviviente en busca de una vida mejor

Wang Chao retrata los profundos cambios en China
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10 de diciembre de 2009  

Ri ri ye ye (China/2004). Guión y dirección: Wang Chao. Con Lei Liu, Lan Wang, Ming Xiao y Zheng Wang. Fotografía: Huhewula Yi. Música: Wenchen Qin. Edición: Xinxia Zhou. Presentada por 791cine en proyección digital (pantalla gigante) en el Arte Cinema (Salta 1620). Duración: 89 minutos. Apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: Buena.

Con películas como El huérfano de Anyang y Luxury Car , Wang Chao se ha convertido en uno de los directores que mejor han retratado los profundos cambios socioeconómicos de la China de la última década. En esa misma línea se ubica Ri ri ye ye (Día y noche), película que refleja la crisis en las zonas rurales -aquí, más precisamente en un pueblo ligado a la explotación de una mina de carbón- y el traslado de buena parte de las poblaciones campesinas hacia las grandes ciudades.

Tras una explosión accidental en uno de los pozos, el Partido Comunista decide indemnizar a los sobrevivientes para que puedan buscar nuevos trabajos en las urbes. Sin embargo, Guangsheng decide quedarse en el lugar -convertido casi en un pueblo fantasma- y, gracias a las nuevas políticas de apertura, alquilarle la mina al Estado. A pesar de la culpa que siente por no haber podido salvar a su maestro, el protagonista se irá convirtiendo en un exitoso empresario capitalista atraído por la sociedad de consumo (comprará auto, casa y ropa).

La película resulta, así, una interesante aunque algo obvia descripción del salto del socialismo a la economía de mercado. Además, Wang Chao traza unas alegorías bastante elementales, cierto paralelismo entre la impotencia sexual del protagonista y la insatisfacción social, y se arriesga con una veta entre espiritual y trascendente que incluye la aparición del maestro muerto para hacerle algunos pedidos familiares y ofrecerle a su discípulo la paz y el perdón que éste necesita.

Los desoladores paisajes dominados por el viento y la aridez resultan el ámbito perfecto para desarrollar esta cruda historia sobre las fuertes contradicciones de la nueva China, en la que las expresivas imágenes tienen mucha mayor preponderancia que los escasos diálogos. Sin llegar a la contundencia ni a la profundidad del cine de su compatriota Jia Zhang-ke, Wang Chao consigue una película que nos permite conocer el estado de las cosas en uno de los rincones más interesantes y menos conocidos del planeta.

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