Terror a la argentina: un género en pleno renacimiento local

Mientras La Plata se convierte en un polo de producción de estos films, vuelve el festival Rojo Sangre
Julia Montesoro
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27 de octubre de 2011  

A fuerza de ingenio, persistencia productiva y gusto irrefrenable por un género tan macabro como lúdico, los realizadores han ido expandiendo la producción de cine de terror nacional. Con una cantidad creciente -y variopinta- de propuestas, un circuito propio de distribución, y hasta un festival dedicado a mostrar lo que aquí se hace en la materia, el cine de horror argentino comienza, de a poco, a marcar territorio dentro del país y, en varios casos, también afuera.

Desde hoy, con una nueva edición en marcha del festival Buenos Aires Rojo Sangre (ver recuadro), los fans –que también se multiplican año tras año– se pondrán al día en lo que hace a producción nacional de terror y fantástica.

Conformado básicamente por realizaciones independientes y de bajo presupuesto, el terror local se alimenta de sangre, sexo, zombies, maldiciones de distinto alcance, criaturas deformes moldeadas en látex, fantasmas, vampirismo y apelaciones a lo macabro e irracional. Dados los exiguos presupuestos, escasean los efectos digitales –que por otro lado a veces son excesivos en los tanques hollywoodenses– y se encuentran otros rebusques para meter miedo, tal como manda la tradición del género.

Muchas realizaciones nacionales apuestan al grotesco, a la humorada o al jugueteo con lo bizarro. Ese tono paródico, dicen los hacedores locales del género, es una buena opción artística cuando se filma con poco dinero. Es un sello de fábrica que lo hace atractivo a los ojos del mercado externo (ver aparte) y, sobre todo, al estadounidense.

Hay de todo, como en botica: cortometrajes, largos, películas bien plantadas y otras decididamente flojas, estrenadas e inéditas, desconocidas en la Argentina pero difundidas fuera del país; con circulación en cines y en festivales; sólo editadas en dvd. Un mercado amplio, variado y, para algunos referentes de la producción local, promisorio.

Lo que hoy constituye la movida del terror nacional arrancó hacia fines de los noventa, cuando entró en acción una camada de cineastas ultraindependientes que se iría fogueando al compás de cada realización de presupuesto acotadísimo. Entre los pioneros de un género que todavía muchos consideran menor están los integrantes de Farsa Producciones, quienes se dieron a conocer con Plaga zombie (ya un clásico de la producción vernácula) y fueron ganando seguidores incondicionales con películas como Plaga zombie: Zona mutante y Revolución tóxica –que completa la trilogía de muertos vivientes–, así como Nunca asistas a ese tipo de fiestas y Filmatrón.

Otro referente del cine de terror gestado en la Argentina es Fabián Forte, codirector junto a Demián Rugna de ¡Malditos sean!, que tras elogiado paso por los festivales de cine fantástico y de horror de Porto Alegre (allí ganó el premio a mejor película iberoamericana) y de Sitges, desembarca en el encuentro Buenos Aires Rojo Sangre que se inaugura hoy. Antes de esta sangrienta historia protagonizada por un oscuro curandero, Forte dirigió varios cortos y dos largos: Mala carne (film de 2003, del que posteriormente realizó una versión para el mercado norteamericano), y Celo, ambas películas premiadas en distintos festivales. En cuanto a Rugna, luego de realizar numerosos cortos de terror, escribió el guión de La muerte conoce tu nombre (dirigida por otro referente del género, Daniel de la Vega) y su ópera prima como director, The Last Gateway, fue elegida una de las 10 mejores películas de terror de 2007 por el sitio buried.com. Después hizo el guión de They Want My Eyes (2009), dirigida por Sergio Esquenazi, quien un par de años atrás llegó al circuito comercial de cines argentinos con la inquietante Visitante de invierno.

Bastoneada por Adrián y Ramiro García Bogliano, otra productora platense, Paura Flics, fue ganando espacio con títulos fuertes del terror sangriento como Habitaciones para turistas, No moriré sola, 36 pasos, Donde duerme el horror, Sudor frío (que tuvo cerca de 90.000 espectadores en cines locales) y la todavía inédita Penumbra, con Cristina Brondo, Camila Bordonaba y Arnaldo André, seleccionada para el próximo festival de Mar del Plata.

El panorama relevado en esta nota es la punta del iceberg de una producción impetuosa, en la cual hay films tan variados como el western de zombies Todos mis muertos, de Mad Crampi; 2 de noviembre: día de los muertos, de Ezio Massa; Incidente, de Mariano Cattáneo; Lo siniestro, de Sergio Mazurek, o Ellos no pueden gritar, de Orange Cavalcante da Silva. Un menú delicioso para los fanáticos del terror argentino.

EL TÍPICO GUSTO LOCAL EN MIEDO

El cine de terror nacional, a veces ignorado en su propia casa, tiene más suerte en el mercado externo. Sobre todo en el estadounidense, al cual accedieron realizadores locales como Daniel de la Vega, que dirigió a Faye Dunaway en Jennifer’s Shadow; Fabián Forte, a quien una distribuidora norteamericana le encargó una versión de Mala carne, o más recientemente Sudor frío, de Adrián García Bogliano, que fue adquirida para su distribución en los Estados Unidos al igual que Penumbra, otra producción del sello platense Paura Flics. "Ahora evaluamos ofertas de Francia y de algunos países de Oriente. Por suerte, todas nuestras películas lograron ser distribuidas fuera del país. Hasta ahora, la que más ediciones tuvo es No moriré sola", cuenta Hernán Moyano, parte de la productora respecto de la carrera internacional del film, visto en Francia, España, Japón, Alemania, Inglaterra, México y los Estados Unidos, entre otros territorios.

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