Tras las huellas de un mural legendario

Fernando López
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14 de junio de 2007  

Los próximos pasados - Vida y muerte de un mural de Siqueiros (Idem, Argentina/2006, color; film documental hablado en español). Dirección y guión: Lorena Muñoz. Con Alvaro Abos, Hugo Achúgar, José Antonio Berni, Gloria Machado Botana, Alvaro Castagnino, Santiago Castagnino, Tomás Del Carill, Aníbal Di Salvo, Angel Galone, Alberto Giudici, Hugo Hojman, Mariano Pagani, Ana Martínez Quijano, Santiago Rey y la voz de David Alfaro Siqueiros. Fotografía: Iván Gierasinchuk. Música: Pedro Onetto. Edición: Benjamín Avila, Alejandra Almirón. Presentada por Habitación 1520. 85 minutos. Apta para todo público.

Nuestra opinión: Muy buena

Vida y muerte de un mural de Siqueiros subtitula Lorena Muñoz este film fascinante que podría resumirse como la reconstrucción, mediante documentos y testimonios, de la historia del legendario mural que el artista mexicano pintó en un sótano de la quinta de Natalio Botana en Don Torcuato y que hoy agoniza abandonado en un depósito.

Podría agregarse que va desde la romántica crónica de su concepción y su demorada ejecución en los años 30 hasta la suma de ignorancia, indiferencia y desidia que lo ha puesto al borde de la pérdida definitiva, y hasta añadirse que incluye algún apunte sobre las características de una obra revolucionaria para la plástica latinoamericana y algunas reflexiones del propio Siqueiros acerca del lugar que debe ocupar el arte en la vida de las sociedades.

Pero Lorena Muñoz hace mucho más que reunir y concertar entrevistas, informes, recuerdos, fotos, fragmentos de films y recorridos por los lugares donde aquella obra única nació y fue sucesivamente maltratada, rescatada y vuelta a abandonar. Ella logra -como en Yo no sé qué me han hecho tus ojos (el excelente film que la dio a conocer y que codirigió con Sergio Wolf)- filmar la ausencia, tender un puente entre el pasado y el sentimiento guardado en la memoria, atrapar la vida que perdura en las voces de ayer y en el alma de las cosas y confrontarla con el recuerdo de las personas y con la emoción de hoy. Hacer perceptible, en fin, la obra de los años. Y construir sobre ella una poética reflexión sobre el tiempo y la pérdida.

El nervio de la ficción

Fruto de un trabajo laborioso y paciente, la cineasta recogió numerosos testimonios, parciales pero valiosos, que supo concertar para que tomaran parte activa en una suerte de pesquisa que sigue múltiples vías y cobra la tensión y el progreso constante de una ficción. La cámara obra el milagro de captar el presente (lo que ven, por ejemplo, los hijos de Berni y de Castagnino, dos de los colaboradores de Siqueiros, cuando vuelven al lugar donde sólo quedan menudos vestigios perdidos entre los yuyos, o la turbación y el desconcierto de la sobrina de Botana, que ni siquiera puede emocionarse allí donde ya no hay nada que le recuerde al que fue su hogar en la infancia), y al mismo tiempo hacer ver lo que ya no está, aunque la reconstrucción sea ardua porque los rostros se esfuman, los films se pierden, los recuerdos se confunden y la memoria flaquea.

Lorena Muñoz filma la ausencia en todos los casos: cuando apartan la maleza para descubrir algún vestigio; cuando un ex residente, un vecino o un estudioso reconstruye en su memoria o conjetura (y sugiere con sus gestos) la ubicación de la piscina, el minarete, la entrada de la casa o la escalera que llevaba al sótano; cuando alguien intenta recomponer el triángulo amoroso, la pasión y el homenaje (de Siqueiros a su compañera) que hay en el origen del mural; cuando mira las enormes medianeras de la ciudad y ve cubiertos por la propaganda aquellos espacios que el mexicano imaginaba ideales para que la obra de los artistas estuviera al alcance de todos.

El film se dispara en múltiples direcciones sin perder la unidad formal, a lo que contribuyen decisivamente la luz y la cámara ágil y discreta de Iván Gierasinchuk y los acentos melancólicos de la estupenda música de Pedro Onetto. Y no le hace falta subrayar con discursos una denuncia que está implícita en cada plano.

El Ejercicio plástico , que se proponía casi como un anticipo de la instalación, ha sido largamente víctima del maltrato, la corrosión (no sólo la de los materiales empleados), la ignorancia, la negligencia y la burocracia judicial. El cine intenta rescatarlo, o al menos dejar constancia de sus huellas, y hasta se atreve a reconstruirlo en una escala menor (obra de un equipo liderado por Santiago Rey) para recorrerlo demoradamente en el bello tramo final. Como tal vez podría hacérselo si un socorro, a estas alturas casi milagroso, llegara a tiempo.

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