Un amor frágil en "Nada que hacer"

La película, que se estrenará el jueves, narra la relación imposible entre dos personas sin trabajo
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30 de diciembre de 2001  

Se trata de una película sobre el empleo del tiempo, sobre ese angustiante trabajo de sobrellevar las horas muertas por el desempleo. Y, en ese transcurrir, una historia de amor, imposible, frágil. Dos desocupados, un hombre y una mujer que se sienten ignorados por todos, hasta por sus propias parejas, ocupadas en sus respectivos trabajos.

En medio de la crisis económica de nuestro país llegará el jueves "Nada que hacer". Es la primera realización que se conoce aquí de la francesa Marion Vernoux, de 35 años, que acaba de estrenar en su país su quinto largometraje, un film coral titulado "Reines d´un jour" (que se verá también este año en la Argentina), donde el trabajo no es el tema principal pero sí lo son, nuevamente, las relaciones de pareja.

En realidad, la comedia dramática hiperrealista "Nada que hacer" (que compitió en Venecia), con su retrato de la desesperación social, se encuadra en la línea de las dedicadas al tema del trabajo, como lo fue la multipremiada "Recursos humanos", de Laurent Cantet. El segundo film de Vernoux, "El empleo del tiempo", es sobre un hombre que finge ante su familia que tiene un empleo, y ganó el premio Fipresci en Venecia.

Por teléfono desde París, la directora recordó el estreno en su país, en 1999, de "Nada que hacer". Lo definió como "raro", porque según ella no ocurrió en un buen momento. "Es que se dio en medio de una especie de recuperación económica en Francia, donde rápidamente los desocupados no estaban para nada a la moda. Verdaderamente, Francia quería esconder a sus desocupados. Por eso no tuvo demasiado éxito: sólo 100.000 espectadores la vieron", dice la realizadora, que contó con la colaboración del guionista argentino Santiago Amigorena.

Un amor frágil

Marie (Valeria Bruni Tedeschi) vive en los suburbios de París y está desocupada hace 14 meses. Es la esposa de un sindicalista español (Sergi López), tiene dos hijas y se entretiene con concursos radiales, gimnasia por televisión y sus visitas a la oficina de desempleo. Pierre (Patrick Del´Isolla) poco tiempo atrás cubrió un cargo ejecutivo y está casado con una asistente social que, en verdad, ignora que él se siente realmente avergonzado por no tener trabajo.

Marie y Pierre se cruzan sin mirarse entre las góndolas de un supermercado mientras matan el tiempo buscando los mejores productos, cada uno para su economía familiar. El azar hace que comiencen una relación amistosa que, inevitablemente, se vuelve amorosa. Allí, el trabajo jugará un papel distorsivo: el no tenerlo, por un lado, y la posibilidad de encontrarlo, que atentará contra esta relación.

Sobre ese triángulo amoroso, Vernoux, que suele estructurar sus películas alrededor de problemas de pareja, contó que su primera idea fue "la historia de un amor imposible, con gente que siempre es dejada de lado. El amor de ellos se vuelve imposible porque esas personas no se aman lo suficiente... Amar a alguien con tanta vergüenza, tanta culpabilidad... No se sienten lo suficientemente triunfantes para amarse. Irónicamente, a nadie le importa que ellos se encuentren. Pero ellos tienen todo el tiempo libre para amarse. Y, fatalmente, una buena noticia puede hacerles perder el amor que crearon".

La Bovary de los suburbios

Marie canta al teléfono para un programa radial con una vocecita al borde del ridículo, pero el conductor la anima a seguir. "Es que en un principio iba a darle tratamiento de comedia inglesa, más liviana. Pero para escribir este guión me encontré con muchos desocupados y entonces quise hacer personajes más dramáticos. Ella es una especie de Madame Bovary de los suburbios, con fuerza interior para soñar, para imaginar otra vida, para alejarse de su verdadera vida que, efectivamente, es más extraña que la de él. Y cuando se va confrontando con el mundo del trabajo y con los otros, se va encerrando de tal manera que va enloqueciendo. Por otra parte, eso es lo que le da miedo al hombre, esa especie de marginalidad."

Lo femenino y lo masculino frente al trabajo están muy diferenciados, no sólo como género, sino también en el nivel social. Marion Vernoux contó que el personaje de Marie surgió de su imaginación: "Es una mujer de un centro obrero que nunca tuvo un trabajo muy interesante ni bien remunerado, y que siente con menos gravedad que él la falta de trabajo". Pero para definir el personaje masculino se basó en varias encuestas. "Hay una cultura empresarial en Francia en la que la gente vive para trabajar y no tiene vida fuera de su trabajo. Y cuando la sociedad los expulsa se sienten totalmente desprotegidos. Entonces, la mujer de mi película tiene una vida interior mucho más rica, y por ello mucho más fuerte. El no podría hacer otra cosa que trabajar."

Sobre la fragilidad de esos instantes compartidos, Vernoux explicó que si bien desde el comienzo hay un amor a primera vista y ambos se sienten muy atraídos, cree que esta historia podría haberse hecho también sin sexo de por medio, entre dos amigas desempleadas.

Vernoux estuvo a punto de filmarla en blanco y negro, "pero luego, pensando en esta sociedad de consumo, resistí la tentación", explicó. Ahora esta cualidad se remarca desde los créditos iniciales del film, que aparecen con códigos de barra.

Sobre su modo de registrar los repetidos encuentros entre Marie y Pierre, la directora de "Nada que hacer" explicó que, aunque parezca lo contrario, no utilizó una cámara al hombro. "Yo le tenía mucho miedo al vacío en la película. Como se llama "Nada que hacer", y no se hace nada, tenía miedo de que la cámara fuera fija, inmóvil, porque mis personajes son así. Tenía miedo de que la gente se aburriera. Entonces me encantó filmar alrededor de ellos, porque la cámara estaba muy enamorada de ellos, pero fue como una caricia de mi parte."

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