Un debut audaz y poético

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29 de abril de 2004  

"Esplendor americano" ("American Splendor", Estados Unidos/2003). Dirección: Shari Springer Berman y Robert Pulcini. Con Paul Giamatti, Hope Davis, Earl Billings, James Urbaniak, Judah Friedlander, Harvey Pekar, Toby Radloff, Joyce Brabner. Guión: Shari Springer Berman y Robert Pulcini, basado en los personajes de Harvey Pekar. Fotografía: Terry Stacey. Música: Mark Suozzo. Edición: Robert Pulcini. Diseño de producción: Therese DePrez. Producción de HBO Films y Good Machine presentada por Warner Bros. Duración: 100 minutos. Apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: muy buena

¿Puede una producción pensada originalmente para la televisión y rodada en sólo cinco semanas con un ínfimo presupuesto ser una de las películas más creativas, audaces y sorprendentes de los últimos tiempos? ¿Puede una pequeña y tragicómica historia sobre la incomunicación y el vacío existencial de un antihéroe gris que se centra en sus anécdotas banales, sus patéticas tácticas de vida y sus monólogos desesperanzados convertirse en un film fascinante que alcanza inusuales cimas poéticas? Las respuestas, afirmativas en ambos casos, hay que buscarlas en esta inteligente opera prima del matrimonio integrado por los neoyorquinos Shari Springer Berman y Robert Pulcini, que consigue un acotado pero merecido estreno luego de haber ganado el Gran Premio en el Festival de Sundance, el galardón Fipresci de la crítica internacional en Cannes 2003 y de haber sido nominada al Oscar al mejor guión.

Los directores -de larga experiencia en el documental de vanguardia- apelan a una multiplicidad de recursos formales, técnicos y estéticos para retratar de manera anticonvencional la vida de Harvey Pekar, uno de los autores más importantes del cómic underground estadounidense de los últimos 30 años gracias a "American Splendor", una serie de relatos autobiográficos que comenzó a publicar en 1976 con la colaboración de míticos dibujantes como Robert Crumb, Jim Woodring o Drew Friedman.

En "Esplendor americano" conviven con extraña armonía una trama ficcional (con dos cómicos excepcionales como Paul Giamatti y Hope Davis interpretando a Pekar y a su esposa Joyce), animación en blanco y negro que recupera las historietas del autor, testimonios a cámara del verdadero Pekar (que hoy tiene 64 años) y material de archivo de sus múltiples apariciones en el popular programa televisivo "Late Night Show", de David Letterman. En una clara apuesta por la acumulación -que llega al extremo de trabajar con la pantalla subdividida, como si se tratara de los cuadritos de un cómic, o con imágenes superpuestas- los directores construyen un patchwork estilístico que sirve de soporte para una pintura social llena de climas sugestivos y observaciones punzantes respecto de la contracara del opulento sueño americano.

Pekar, que entre 1966 y hasta su jubilación, en 2001, trabajó en el oscuro archivo de un hospital de su Cleveland natal, obtuvo con los años un creciente reconocimiento, pero nunca abandonó su poco estimulante empleo porque -argumentaba- era la mejor fuente de inspiración para sus obras. Se convirtió, así, en una suerte de poeta de la insignificancia mundana, capaz de develar todo tipo de mediocridades y exaltarlas hasta convertirlas en relatos cotidianos de ribetes épicos e imprevisibles desenlaces.

Los realizadores combinan las bajezas morales de su antihéroe con los rasgos de genialidad de un artista que concebía sus historietas en medio de la degradación diaria (incluida su lucha contra el cáncer), escribía textos reivindicatorios sobre genios del jazz y de la literatura no reconocidos por la crítica oficial y se gastaba las últimas monedas en coleccionar miles de discos de vinilo y de libros raros que rescataba en remates caseros.

Imperdible para los amantes de la historieta y para los seguidores del mejor cine off-Hollywood, "Esplendor americano" es, también, un melancólico, despiadado y apasionante retrato, lleno de matices y contradicciones, sobre uno de esos seres de patética apariencia, pero que terminan siendo muy queribles. Es, precisamente, esa hondura psicológica y su innegable virtuosismo visual los que convierten a este debut de Berman y Pulcini en una pequeña gema que no debería pasar inadvertida.

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