Una chica de 71 años

La actriz reflexiona sobre su carrera, sus posibles sucesoras y "Hechizada", la remake del clásico de la TV que se estrenará aquí el jueves
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26 de septiembre de 2005  

MILAN.- "Soy una chica de 71 años a la que jamás le gustó enseñar, pero sí aprender. Siempre. Lo hice en mis 50 años de cine y sigo haciéndolo, sola o acompañada, en los momentos de éxito y también en las derrotas", dice Shirley MacLaine, que habla apasionadamente acerca de Hollywood y de sus amigos, de las películas que acaba de rodar, de su casa de Malibú ("la vendí cuando los precios todavía eran muy bajos", afirma) y del departamento de Santa Fe, Nuevo México, en el que vive en la actualidad junto a Terry, su adorado perro.

"Ser actriz -define MacLaine- es una experiencia metafísica. Y en ese sentido me tocó vivir el máximo trabajando con los más grandes: Billy Wilder, Alfred Hitchcock. Sólo me faltó filmar con dos grandes maestros: David Lean y Fred Zinnemann. A los demás los tuve todos."

También estuvo muy cerca de algunos de los hombres más interesantes de la pantalla, de Frank Sinatra a Dean Martin y de Robert Mitchum (a quien le profesó un gran amor) a Andrei Konchalovsky, además de notorias figuras de la política en los años en que la actriz era activista del Partido Demócrata. "Una mujer apasionada por la defensa de los derechos civiles y de la verdadera democracia americana", precisa. "También fui muy apasionada con los hombres y también con alguno de mis colegas. A los compañeros de filmación más jóvenes les digo que el amor con un actor dura cuatro meses, pero siempre vale la pena vivirlo", agrega.

En la versión cinematográfica de la exitosa serie de TV "Hechizada" (que se estrenará en la Argentina el jueves próximo), MacLaine regresa a la pantalla como una veterana actriz que juega en la ficción a ser Endora, la madre de la protagonista, encarnada por Nicole Kidman.

"Filmé hasta hace muy poco con Nicole, una persona acostumbrada al primer plano y notable desde todo punto de vista, pero jamás me escucharán decir una palabra en contra de Tom, al que considero un actor magnífico. ¿Que Lauren Bacall habló mal de él? Yo defiendo a Tom, pero lo único que no le perdonaría es haber herido a una mujer como Nicole."

MacLaine se acalora: "Hollywood no provoca rechazo deliberadamente, como piensan algunos. Allí se hacen películas chicas y bellísimas o grandes que resultan un fiasco total. Creo que el problema no son las películas, sino quien está al frente de los estudios y piensa solamente en la recaudación del fin de semana. Pero nosotros, los actores, y algunos buenos directores todavía tenemos cómo ingeniarnos para esquivar el marketing", agrega.

En “Hechizada”, MacLaine juega con el personaje de una bruja, papel que califica de ideal porque está resuelta a ganarle la batalla a la muerte por medio de la reencarnación. “Siempre hay en las brujas –explica– cierta espiritualidad, y como estoy convencida de que toda persona que está en favor de la paz debe empezar a construirla analizándose y dialogando consigo misma antes que con los demás, este papel también fue un modo de responderles a algunos colegas que cada vez que me ven pasan al lado de mí susurrando cosas como «abracadabra»”.

MacLaine prefiere las brujas a las hadas. “Mejor ser bruja. Las hadas son demasiado edulcoradas”, dice, con un guiño cómplice y un aire entusiasta que nace de la cabellera rojiza y se prolonga en todas las arrugas de su rostro.

“Esa manía de hacerse liftings y de hacerse inflar el cuerpo y ciertos atributos como si fuera una bañista me parece un horror. Yo quiero interpretar auténticos y buenos papeles de persona mayor. Por eso trato de agregarme arrugas en vez de quitármelas”, afirma con orgullo una estrella convencida de que la juventud es toda una enfermedad. “Saludable, pero muy cansadora –aclara–. Cuando finalmente uno se cura, descubre que ha empezado a envejecer.”

Después de 50 años de cine vividos como corresponde a una diva, MacLaine conserva la ironía que en 1983 le hizo decir cuando recibió por su actuación en “La fuerza del cariño” el Oscar a la mejor actriz: “No voy a agradecerles nada, porque me lo merezco”. La estatuilla le había sido negada anteriormente en cuatro oportunidades por sendas nominaciones a mejor actriz de reparto. La primera había sido en “Dios sabe cuánto amé” (1958), en compañía de Dean Martin y Frank Sinatra.

“El más bello de todos –interrumpe– era Dean Martin, pero Frank siempre se las ingeniaba para hacer y... deshacer. Quedamos amigos aun cuando se hizo republicano, un pecado que para mí es imperdonable, hoy mucho más que ayer. Por lo menos, Reagan sabía entender a los demás y con eso le digo todo.”

Luego llegaron “Piso de soltero” e “Irma la dulce”. Dice MacLaine: “Sí, en ese momento yo era una actriz y también... una diva. ¿Había alguna otra? No me acuerdo de ninguna. ¡Ah, sí! Elizabeth Taylor, Julie Andrews... Lauren Bacall se había casado con Humphrey Bogart y dejó todo, además es diez años más grande que yo; no confundamos las cosas. También estaban Debbie Reynolds y Doris Day, a la que sin ninguna duda deberían darle el próximo Oscar a la trayectoria”.

¿Y las figuras de hoy? “Una actriz auténtica, que además es toda una diva, es Meryl Streep. Nicole Kidman está en el buen camino; Cameron Diaz aprende de la mejor manera; Toni Collette es extraordinaria. Lo que hace falta es saber aprender también de los más jóvenes. Se lo digo yo, que soy tía de la legión de hijos que tiene ese robacorazones de mi hermano Warren Beatty, que hasta se hizo monógamo y, felizmente, sigue simpatizando por el Partido Demócrata”.

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