Una nariz que puede hacer milagros

Nicole Kidman, candidata por sólo unos minutos de actuación
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23 de marzo de 2003  

Cuánto hay de fiesta y cuánto de dramática tirantez en la entrega los Oscar es una ecuación no por conocida menos sorprendente.

Pero en la noche de los premios de la Academia de Hollywood, junto a la algarabía y a los nervios, gravitan factores agregados que, a la hora de los resultados, invariablemente provocan sonrisas irónicas, cuando no tristes.

Una constante de esta celebración anual es la arbitrariedad. O, más aún, el despropósito. Tan infaltable que, a la larga, uno acaba por aceptarlo como una marca identificatoria del Oscar como institución.

El crítico Jonathan Rosenbaum, severo documentador de los caprichos de Hollywood, señalaba el curioso consenso por el que, hace unos años, se le otorgó un trofeo a Mira Sorvino por la caricatura -graciosa pero caricatura al fin- de una prostituta en "Poderosa Afrodita" (cuyo autor, el neoyorquino Woody Allen, por lo demás, era un excluido permanente de las simpatías de Los Angeles).

Este año, arbitraria es, por ejemplo, la súbita entronización de Nicole Kidman en el podio de las nominadas a la estatuilla como mejor actriz protagónica. Y no es una candidata más: en el Casino Bally, de Las Vegas, y en el sitio de apuestas Ladbroke, de Inglaterra -centros que marcan tendencias-, la sindicaron como gran ganadora, en paridad con Jack Nicholson en el ala masculina del mismo rubro.

Atención, nadie negaría a Kidman sus talentos de actriz y menos aún sus legítimas aspiraciones a recibir un Oscar. No se trata de eso. Si se revisan trabajos suyos anteriores, estos méritos saltan a la vista. En "Ojos bien cerrados", de 1999, evidenciaba su sentido de los tiempos de reacción y las sutilezas para trasuntar las ambigüedades de su personaje.

En ese film la sostenía Stanley Kubrick, claro. Y en épocas más tempranas de su carrera, sustentada por Gus van Sant, tuvo su primer compromiso importante en "Todo por un sueño" ("To Die For", 1995), complejo retrato de una aspirante a star de la TV a quien se le mezclan sus ansias de trepadora con una intrínseca perversión.

Ahora la cuestión es su desempeño en "Las horas". Ya se señalaron en estas mismas páginas, semanas atrás, los brillos empaquetados de un film que se empeña en reunir lo más prestigioso de cada rubro. Pero, aun en su élan pretencioso, hay que reconocer que el film de Stefen Daldry (seguramente menos talentoso que Todd Haynes, director del no tan sonado "Lejos del paraíso") no es un bluff . Lo que sí suena a invento es la parafernalia de voces y timbales que han encumbrado en los Estados Unidos el discutible rescate de una figura tan emblemática como Virginia Woolf caracterizada por Nicole Kidman.

Rasgos angelicales

Personaje real, el de la escritora inglesa, del que ha trascendido su carácter vigoroso, su densa introspección, su espíritu apasionado, todo lo cual se trasuntaba, al decir de sus contemporáneos, en una mirada aguda y en las sutiles inflexiones de unos labios contundentes. En Kidman se visualiza una personalidad de rasgos angelicales, con boquita de muñeca. Lo curioso es que, de su caracterización, de lo único que se habla es de la transformación de su nariz. Todo un operativo mediático centrado en una nariz. ¿Es que un sagaz maquillaje puede determinar todo el interés para un premio de la Academia de Hollywood?

Por lo demás, situar a su compañera de elenco Julianne Moore en la categoría "actriz de reparto" no hace más que refirmar estas arbitrariedades (claro, había que reservarle el lugar de protagonista por "Lejos del paraíso"). Y en "Las horas", junto a Moore, la actriz Toni Collette (la vecina que debe operarse de un tumor) juega una escena sobrecogedora, pero nadie la sindicó para una candidatura. En paridad con las centrales, además, Meryl Streep despliega su talento con el personaje que conecta las tres historias y, en una escena de confesión, recostada contra el horno de la cocina de su casa, alcanza una altura dramática comparable a los buenos momentos de su carrera.

De Virginia Woolf, en tanto, queda poco: miradas extraviadas de una alienada y gestos melancólicos detrás de la brasa de un cigarrillo que se consume. De las tres mujeres centrales de la trama, el personaje de Kidman es el que muestra menos desarrollo.

Parecería que, en estos casos, lo que deslumbra a los votantes de la Academia de Hollywood es la súbita epifanía de una estrella que, de pronto, asume un compromiso "serio" con personajes prestigiosos. No tenemos noticia de que Abbott y Costello hayan sido distinguidos, alguna vez, por la Academia, pero seguramente lo habrían conseguido si -por ejemplo- un día les hubiese tocado interpretar a Don Quijote y Sancho, cualesquiera que hubiesen sido los resultados.

Y ya que hablábamos de Jack Nicholson... Bueno, es un abonado a las nominaciones de la Academia (la de este año, por su caracterización del señor Schmidt, es la número doce), pero la institución nunca reparó en la que fue una de sus grandes interpretaciones, la que logró en "Mi vida es mi vida" ("Five Easy Peaces", 1970); es que aquél era un film de Bob Rafelson, uno de esos "independientes" a quienes la industria ignora.

Pero Hollywood repara en otras cosas. Por ejemplo, las orientaciones que imponen los vientos de los media: eso favorece a la industria y, se sabe, el Oscar hace mucho que es un premio a la industria.

Artistas atemorizados

"Mad Max", postergado: La producción del film "Mad Max: Fury Road", protagonizado por Mel Gibson, anunció que la filmación que debía comenzar en julio, en Namibia, fue pospuesta hasta septiembre.

Liza Marie Presley: canceló una gira europea para promocionar su primer álbum, "To Whom It May Concern".

Matchbox 20: el conjunto pospuso una gira europea que debía comenzar la semana próxima. "No nos pareció apropiado. Todos estábamos viendo las noticias cuando emitieron una advertencia a los norteamericanos en todo el mundo. La idea de que pusiéramos 11.000 personas en un salón no parece muy buena", dijo el cantante Rob Thomas.

"Fausto", sin cantantes: La soprano Angela Gheorghiu y el tenor Roberto Alagna, matrimonio en la vida real, cancelaron las funciones de "Fausto" en el Metropolitan de Nueva York, preocupados por la guerra y el terrorismo. "Nuestros niños -dijeron-necesitan nuestra presencia en Francia."

Diseñadores con miedo: por temor a viajar, los diseñadores Matthew Williamson y Donatella Versace no asistirán a la ceremonia de entrega de los premios Oscar.

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