W. de la Casa Blanca a la pantalla

Josh Brolin conversó con LA NACION sobre el retrato de George W. Bush en el film de Oliver Stone, que se estrenará mañana
Natalia Trzenko
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14 de enero de 2009  

"Clinton me dijo que a W le gustó la película. Se la dio para que la viera, porque la Casa Blanca no puede pedirla. Me cuesta imaginar ese momento, él viéndome a mí haciendo de él. Alguna vez me gustaría sentarme a hablarlo, creo que sería interesante", dice Josh Brolin, uno de los actores más destacados que mostró el cine en los últimos tiempos y el primero en tener el ¿privilegio? de interpretar a un presidente todavía en funciones. Que el mandatario en cuestión sea George W. Bush y que la película que lo tiene como su personaje principal esté dirigida por Oliver Stone le agrega una buena cantidad de curiosidad al proyecto, que estuvo a punto de quedarse sin protagonista. "Mi primera reacción cuando Oliver me ofreció este papel fue sentir miedo. Luego me reí, una carcajada de pánico y me pregunté: «¿Por qué querría hacerlo?» Pero leí el guión y me gustó", recuerda Brolin durante la charla telefónica con LA NACION.

El actor, hijo del galán James Brolin e hijastro de Barbra Streisand, conocida demócrata, finalmente aceptó convertirse en el presidente republicano para el controvertido Stone. Su compromiso con el personaje fue completo. ¿Cómo interpretar a un hombre que aparece todos los días en las noticias, cuya popularidad cayó del cielo al infierno en siete años y que provoca fuertes reacciones tanto de un lado al otro del espectro político norteamericano.

La respuesta de Brolin, que el año pasado brilló como Llewelyn Moss en Sin lugar para los débiles y este año hará lo mismo en Milk, junto a Sean Penn, fue la transformación total. Era lo que le exigía el guión de Stanley Weiser, colaborador de Stone desde los tiempos de Wall Street, ya que el relato del film que presentará Compañía General de la imagen e Impacto Cine mañana en los cines locales, comienza cuando el actual presidente de los Estados Unidos tenía 21 años y lo sigue hasta el comienzo de la guerra con Irak.

"Me preocupaba mucho interpretar a alguien de 21 años: bajé de peso, me corté el pelo. Oliver estaba preocupado. Insistía en que si seguía adelgazando me iba a morir", se ríe ahora Brolin, que en poco menos de un mes cumplirá 41 años. Más allá de sus métodos extremos, la personificación que hace Brolin de W –así llamaban a Bush sus amigos cuando era sólo el hijo del otro Bush, George padre–, impresiona por el parecido y la convicción. Algo que Stone suele conseguir de sus actores, dice la leyenda, con tratos no demasiado amables.

"No tuve problemas con Oliver, nos llevamos bien. Es cierto que hubo debates en el rodaje, pero nada más. Trabajaría con él de nuevo sin dudarlo. Lo cierto es que no hubo tiempo para peleas porque estábamos todos en el mismo barco, intentando hacer una película que provocaba en todos la misma pregunta: «¿Por qué quieren hacerla?»", explica el actor.

El presidente, el hombre

Dice Brolin que no es la primera vez que duda antes de aceptar un papel, que a los únicos que les dijo que sí de inmediato fue a los hermanos Coen, tanto para Sin lugar para los débiles como para el nuevo proyecto que están preparando, una serie de cortometrajes para HBO. Pero que esta vez cambió de idea cuando dejó de pensar y se atrevió a interpretar el costado más humano del hombre que en menos de una semana dejará la Casa Blanca.

"Esta historia tiene muchas facetas. Lo mostramos como un hombre que no fue bueno como presidente aunque haya hecho algunas cosas positivas, como incluir a las minorías en su gabinete. Lo cierto es que este film apunta también a la responsabilidad de la gente. Es como preguntarles: «¿Es éste un error que querés volver a cometer? Porque lo votaste»", cuenta el actor, que además de transformarse físicamente, para W tuvo que ejercitar su capacidad de diferenciar entre el hombre y el político. "El desafío era separar su vida personal de la profesional. En cuento a la primera, durante mi investigación, resultó evidente que Bush es una persona muy leal con su familia y que dio vuelta su vida y lo respeto por eso", detalla. La película se toma su tiempo para describir las circunstancias que llevaron a George W. Bush de hijo descarriado y alcohólico de una dinastía política hasta la presidencia de la primera potencia del mundo.

Viajes y premios

Este año Brolin aparecerá en la pantalla grande interpretando a dos hombres reales que, además, juegan y jugaron importantes roles en la historia norteamericana. Uno es el presidente Bush; el otro, Dan White, el asesino de Harvey Milk, el primer político abiertamente homosexual en ser elegido por los votantes para un cargo en los Estados Unidos. Su historia se cuenta en Milk , el film que podría conseguirle a Brolin una nominación al Oscar– se anunciarán el jueves 22–, como mejor actor de reparto.

Así, unos días antes de que la temporada de premios lo elevara a la cima de Hollywood, Brolin y su esposa, Diane Lane, hicieron un viaje humanitario a Haití. "Vimos mucha muerte, pero también mucha alegría, mucho afecto y amor puro. Y eso te emociona. Es difícil mantener la perspectiva cuando volvés a casa y no quejarte cuando tu desayuno completo no tiene el exacto sabor que estabas esperando. Quiero mantener mis prioridades en orden y no preocuparme por los premios, por ejemplo", dice el actor que, de hecho, ya de regreso en Los Angeles ganó el galardón que otorga la asociación nacional de críticos de los Estados Unidos como mejor actor secundario por su trabajo en Milk, por la que está nominado también por la prensa especializada de Londres.

"Lo cierto es que más allá de la locura que todo esto supone, estoy disfrutando con todos los reconocimientos porque estoy orgulloso y muy contento con mis decisiones, con las películas que hice. Films controversiales, para pensar. Seguro que habrá otros que no serán tan buenos", termina, riéndose pero muy en serio, Brolin, el actor que siempre podrá decir que fue el George W. Bush más humano que el cine y Oliver Stone pudieron presentar.

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