Ciudad maravillosa, fotogénica y musical

"Bossa Nova" (Brasil/1999), producción hablada en portugués e inglés, presentada por Columbia. Guión: Alexandre Machado y Fernanda Young. Intérpretes: Amy Irving, Antonio Fagundes, Alexandre Borges, Alberto de Mendoza. Fotografía: Pascal Rabaud. Música: Eumir Deodato. Dirección: Bruno Barreto. Duración: 95 minutos. Nuestra opinión: regular.
"Bossa Nova" (Brasil/1999), producción hablada en portugués e inglés, presentada por Columbia. Guión: Alexandre Machado y Fernanda Young. Intérpretes: Amy Irving, Antonio Fagundes, Alexandre Borges, Alberto de Mendoza. Fotografía: Pascal Rabaud. Música: Eumir Deodato. Dirección: Bruno Barreto. Duración: 95 minutos. Nuestra opinión: regular.
(0)
24 de agosto de 2000  

Si el director de "Bossa nova" fuera un turista recién desembarcado en Río de Janeiro, todavía atónito ante la belleza de sus paisajes y gustosamente entregado al balanceo contagioso de la música de Tom Jobim, podría entenderse este decorativo álbum de postales como un desahogo. El panorama carioca puede promover esta embriaguez que obnubila el entendimiento. Y más: puede aceptarse que en casos extremos lleve a confundir un enredo pálido e insustancial con la amable delicadeza de una comedia de Truffaut.

Pero quien está detrás de la cámara no es un viajero primerizo, sino un brasileño, fogueado director de cine para más datos, y buen conocedor de la ciudad, aunque ahora no resida en ella, de modo que el despiste resulta imperdonable. Cuesta creer que a Bruno Barreto ("Doña Flor y sus dos maridos") no se le ocurriera nada mejor para rendir su declarado tributo al creador de la bossa nova y al inolvidable cineasta francés que esta colección de imágenes de pulcritud publicitaria enlazadas por un hilo argumental tan delgado como escuálido.

Tudo bem

Pero así son las cosas. Barreto quería darse el gusto de filmar en su ciudad y con su mujer, Amy Irving. Aprovechó entonces una novela de Sergio Sant´Anna acerca de una norteamericana profesora de inglés en Río, la rodeó de un elenco eficaz, buscó escenarios en los que nunca falta la perspectiva espectacular y eligió como fondo un puñado de clásicos de la bossa nova recreados por Eumir Deodato. ¿Qué más podía faltar? Lo que nunca les falta a Truffaut ni a Jobim: gracia. Pero la gracia es esquiva.

Esa chispa estuvo ausente. Y no parece atinado echarle toda la culpa al libreto -con bastante menos se han hecho comedias sentimentales más inspiradas-, que al fin y al cabo funciona pasablemente en su construcción ligeramente vodevilesca. En torno de la profesora, viuda y todavía atractiva, y de Pedro Paulo, el abogado maduro que será su galán y a quien su esposa ha cambiado por un maestro de tai chi, giran los otros personajes. En el círculo de ella hay una alumna-compinche que está noviando vía Internet con un artista del Soho neoyorquino, y un alumno-futbolista que debe entrenarse en la lengua de Shakespeare antes de firmar contrato con un club inglés. En el grupo de él están su padre, sastre de prestigio; su hermano menor, tímido, y su ocasional colaboradora a la que el destino puede transformar en cuñada. Para completar el embrollo sólo falta que se añadan al grupo el novio norteamericano y la ex esposa desengañada de la disciplina oriental. Se añaden.

El ritmo se mantiene; la música y las postales ayudan a pasar el rato, hay un elenco simpático. Pero el gran problema es que, en busca de una mal entendida sofisticación o del mundo de ensueño en el que transcurren algunos cuentos, todo -escenarios, personajes, situaciones, hasta el mismo Río- ha sido sometido a un tratamiento de pasteurización que le borra cualquier vestigio de vitalidad. Todo se ve pulcro, fotogénico y anodino. Y tan emocionante como puede serlo una revista de modas o de decoración.

Sólo un paisaje tan exuberante como el de la ex capital brasileña y una música tan rica como la de Jobim pueden conservar sensualidad, pujanza y brío después de sobrellevar semejante esterilización. A los intérpretes -entre los cuales circula un melancólico Alberto de Mendoza devenido maestro de lasastrería- les alcanza con su oficio y desenvoltura para que quede claro que si el film no convence no es porsu culpa.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.