Clásica y moderna

¿Qué voy a hacer con mi marido? reúne a la actriz con David Frankel, director de El diablo viste a la moda, film que la revalorizó para las nuevas generaciones
Javier Porta Fouz
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11 de septiembre de 2012  

1. Streep

¿Qué voy a hacer con mi marido? , estreno de pasado mañana, reúne a Meryl Streep con el director David Frankel. Su primer trabajo juntos había sido en El diablo viste a la moda (2006), una de las películas fundamentales si uno quiere intentar un acercamiento a los grandes momentos de Streep. Con una gran cantidad de películas desde fines de los setenta, premios, consagraciones y nuevas consagraciones, la carrera de Streep debe ser fragmentada si uno no quiere caer en un largo listado o, directamente, en un libro sobre la actriz. Proponemos, aquí, otro camino, más modesto. Vamos por la Meryl Streep que ha sorprendido y mucho en las últimas dos décadas: dejemos de lado lo anterior a 1992, y dejemos de lado la hojarasca y miremos a la Streep cada vez más versátil, la que -de alguna forma alquímica probablemente secreta- complementó con un menú mucho más amplio ese halo frágil que solía ofrecer en los setenta y en los ochenta.

La película clave para comenzar este recorrido recortado es La muerte le sienta bien, la comedia negra de Robert Zemeckis de 1992: Streep se daba vuelta (literalmente, podía girar la cabeza como Linda Blair en El exorcista ) y, de repente, con más de cuarenta años, su imagen se volvía rotundamente sexy. Se puede decir que después de los cuarenta, Streep bajó la cantidad de sufrimiento en sus papeles en el cine. Al trazar una línea de puntos que vaya de ciertos personajes a otros personajes (y que evite esa catástrofe llamada La casa de los espíritus ), veremos a una mujer más feliz, más audaz, más filosa, más vital, a partir de un recorte que no necesariamente se preocupará por las actuaciones más premiadas. La mayor parte de las veces los premios a los actores van más hacia los shows actorales, esos que si los hace Streep suelen ser menos superfluos y menos faroleros que cuando los acometen otras actrices, pero que, de todos modos, no suelen estar entre lo más genuino de los intérpretes.

Este mapa más luminoso del territorio Streep de las últimas dos décadas debería incluir lo que sigue, además de las ya mencionadas La muerte le sienta bien y El diablo viste a la moda :

  • Los puentes de Madison , 1995, dirigida por Clint Eastwood. Una de las cumbres en la carrera del director y, por ende, una de las cumbres del cine de los noventa y, para Streep, la oportunidad de actuar junto con Eastwood en una película de extraordinario romanticismo y clasicismo que los tiene como protagonistas excluyentes.
  • El ladrón de orquídeas , 2002, dirigida por Spike Jonze y con guión de Charlie Kaufman: Streep en un ensamble perfecto con Nicolas Cage y Chris Cooper. Tres actores muy diversos en una película no clásica, sino "moderna" o, mejor dicho, "cool", o lo que era cool a principios de siglo.
  • Noches mágicas de radio , 2006, (la última película de Robert Altman, algo así como una vuelta a Nashville) en la que Meryl Streep canta country.
  • Mamma mia , 2008, un film musical basado en canciones de Abba que, por su muy dudosa calidad cinematográfica (es de la misma directora que La dama de hierro), provoca expresiones como la del título, pero que nos trajo a Streep no sólo cantando sino también bailando.
  • Tommy Lee Jones, Meryl Streep y Steve Carell, en el film
    Tommy Lee Jones, Meryl Streep y Steve Carell, en el film Crédito: Energía
  • J ulie & Julia , 2009, que sería la última película de Nora Ephron, es sencillamente encantadora, y están así, encantadoras, Meryl Streep y Amy Adams. Dos detalles: el personaje de Streep, Julia Child, es toda una leyenda de la cocina y la cultura estadounidenses; Meryl Streep protagonizó El difícil arte de amar en 1986, con guión autobiográfico de Ephron.
  • Enamorándome de mi ex (2009)es otra película no muy lograda, pero se rescata aquí por las interacciones verbales, etílicas y sexuales entre Streep y Alec Baldwin (otro actor que se volvió más radiante con el paso de los años).
  • Y por último, hay que incluir en este mapa Streep a ¿Qué voy a hacer con mi marido? , otra de esas películas que parece decir que sí, que hay grandes papeles en Hollywood para las mujeres de más de cuarenta años. El detalle es que todos parece tenerlos, o hacerlos, o generarlos Meryl Streep.
  • 2. Frankel

    ¿Qué voy a hacer con mi marido? , estreno del próximo jueves, reúne a Meryl Streep con el director David Frankel. Su primer trabajo juntos había sido en El diablo viste a la moda (2006), una de las muy buenas películas de Frankel, de carrera singular. Básicamente, se puede decir que El diablo viste a la moda marcó un segundo comienzo en la carrera cinematográfica del realizador.

    Fue su segundo largometraje: el primero había sido Rapsodia en Miami , de 1995, con Sarah Jessica Parker, Antonio Banderas y Mia Farrow, y con una excesiva deuda hacia el universo de Woody Allen. En ese lapso de más de una década en el que no dirigió largometrajes, hizo básicamente televisión y, a juzgar por sus películas de esta segunda etapa más "consolidada", se puede decir que aprendió muchísimo, para proponer un cine con una voz mucho más distintiva: El diablo viste a la moda , Marley y yo , El gran año y ¿Qué voy a hacer con mi marido? muestran a un director cuyo tono amable puede llegar a ser malentendido y hasta visto de forma errónea como irrelevante y superficial.

    Película tras película, Frankel muestra una mano clásica para relatar historias con componentes burbujeantes, quizás hasta frívolos, o alados, o peludos, incluso hasta costumbristas, en la superficie. Pero, como siempre supieron hacer los narradores consumados del Hollywood clásico, esos que no parecían esforzarse para lograr una fluidez incomparable, detrás de ese divertimento se agitan emociones e ideas profundas, que no tienen por qué ser solemnes.

    Marley y yo -la cumbre de la carrera de Frankel hasta el momento- pivotea sobre el perro labrador del título, pero, en realidad, se trata de un relato de maduración, sobre las formas a veces imperceptibles y accidentadas de hacerse adultos, de los cambios, de las responsabilidades, de ciertas aceptaciones. En suma, una película sobre el paso del tiempo en los personajes.

    ¿Qué voy a hacer con mi marido? también es una película sobre el tiempo. Sobre cómo el tiempo asienta y también desgasta a las parejas, y de cómo en muchas ocasiones lo que se asienta y se solidifica son malentendidos, distanciamientos, pequeños engranajes que se oxidan, de cómo el tiempo puede hacer olvidar o no ver a aquella persona con la que se aparenta compartir la vida, pero lo que se comparte son apenas cruces, casi choques, interrupciones, obstrucciones en los recorridos en solitario en una casa en común.

    Si entre Meryl Streep y Tommy Lee Jones, dos actores descomunales, nos hacen creer que esto es una comedia de rematrimonio de gente que pasó los sesenta, bajo la superficie se pone de manifiesto que Frankel está contando cómo de esos pasados compartidos se llegó a este presente distanciado, y lo que hay que aprender es el camino de regreso, que también lleva tiempo.

    El cine de Frankel es un cine accesible y amable, lo que no significa poco inteligente y blando: su filmografía en curso revela la ambición de hablar de grandes temas, como el trabajo, la pareja, los hijos. Y el desafío que implica combinar responsabilidades frente al otro con proyectos propios. El gran año (2011, no estrenada en cines en la Argentina y recién lanzada en DVD), una película que en la colorida superficie nos muestra a Jack Black, Steve Martin y Owen Wilson en una larga competencia de avistaje de pájaros, empieza con esta advertencia: "Ésta es una historia real, sólo se cambiaron los hechos", una gran definición del cine de Frankel y también del cine clásico a secas: historias inventadas que nos hablan, finalmente, de emociones, deseos, frustraciones y otras realidades cotidianas.

    ¿Qué voy a hacer con mi marido? demuestra otra vez que Frankel es un clasicista de hoy, un cineasta en quien confiar. Nada menos.

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