Cómo reencontrarse con William Shakespeare

Matías Piñeiro trae al presente el universo del dramaturgo inglés en su nueva película, La princesa de Francia
Diego Batlle
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7 de agosto de 2014  

LOCARNO.- Filma en Buenos Aires, vive en Nueva York y es uno de los favoritos de los principales festivales del mundo. Con apenas 32 años y una filmografía que incluye títulos como El hombre robado , Todos mienten, Rosalinda y Viola , Matías Piñeiro ya está en Locarno para el estreno mundial de La princesa de Francia, tercera entrega de su saga basada en las comedias de Shakespeare, que acaba de ser adquirida para su estreno en los Estados Unidos.

Al director argentino le tocará el honor de abrir la Competencia Internacional (hoy, a las 9 de la mañana, será la proyección de prensa y, a las 14, la primera función oficial) con esta historia sobre los enredos amorosos y laborales de Víctor (Julián Larquier Tellarini), un director teatral que regresa a Buenos Aires luego de la muerte de su padre y tras un año en México, con el objetivo de realizar con su vieja troupe una serie de radioteatros. El piloto se hará a partir de la última obra que la compañía ha realizado, Trabajos de amor perdidos . En la Argentina lo esperan cinco actrices (María Villar, Agustina Muñoz, Romina Paula, Elisa Carricajo y Laura Paredes), con quienes ha tenido, tiene o pretende tener también algún tipo de vínculo sentimental.

Piñeiro es uno de los directores más brillantes, inteligentes y formados de la segunda (o tercera) camada del Nuevo Cine Argentino. Su pasión cinéfila es sólo una de las múltiples aristas que aparecen en sus películas, donde lo culto y lo popular, la sofisticación formal y los conflictos terrenales conviven con absoluta armonía, fluidez y belleza.

La princesa de Francia , por ejemplo, arranca con un extraordinario plano-secuencia general con un partido de fútbol 5 mixto filmado desde lo alto de un departamento. Luego, Piñeiro se permitirá no sólo citar -claro- a su admirado Shakespeare, sino sustentar buena parte de la estética y la estructura narrativa de su película en un cuadro: Ninfas y sátiro , del francés William Adolphe Bouguereau.

"Este pintor académico enemigo de los impresionistas y conservador hasta el ridículo -explica Piñeiro- había sido muy famoso en su época, pero después la historia se encargó de olvidarlo. Ninfas y sátiro había estado perdido por un largo tiempo y estuvo colgado en un prostíbulo de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, algo del movimiento del cuadro, el círculo que forman las ninfas, el centro que ocupa el sátiro y la fuerza de la ronda en dirección opuesta a las agujas del reloj, me atrajo como motivo para que este grupo de mujeres conectara a este hombre con su pasado y le configurara su presente. En términos más concretos, el cuadro me ofrecía personajes, estas cuatro ninfas muy humanas, muy cómplices y un sátiro que en vez de estar violándolas, como tienen la costumbre de hacer, está más bien vuelto víctima, temeroso de estas mujeres dominantes que lo quieren meter en el agua. Así que tanto por el lado de la historia como por el lado formal empecé a encontrar que el cuadro dialogaba con lo que venía pensando". Más tarde, el joven cineasta descubrió que en el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires hay dos cuadros de Bouguereau, por lo que decidió que tenía que filmar allí y que, por lo tanto, algún personaje trabajaría en el museo.

En su película más "caleidoscópica" -tiene seis puntos de vista diferentes-, Piñeiro incorporó muchos elementos que no había probado en sus films anteriores: "Esta vez el centro está ocupado por un hombre y no por las mujeres, la radio iba a ser esencial, hay muchos más movimientos de cámara, más sensualidad, menos dependencia del diálogo, con la idea de encontrar un nuevo ritmo, un tono". Y agrega: "Siento que el cine tiene algo del ejercicio atlético, que necesita práctica, continuidad y dedicación. Trato de filmar siempre que pueda y me adapto a las circunstancias que aparecen".

Más allá de la trilogía, Piñeiro indica que "todavía encuentro algo a investigar en la relación entre las actrices con los que trabajo y los personajes femeninos de las comedias de Shakespeare. No me interesan todos, pero sí tengo ideas para algunas más, como Porcia, Hermia, Helena, Isabella, Imogen y Beatriz. Mi próxima película será Hermia & Helena , tomando elementos de Sueño de una noche de verano, y se filmará parte en el invierno de los Estados Unidos y parte en el verano de la Argentina. También estoy armando un cortometraje, titulado Beatriz , que espero filmar en el verano, en Buenos Aires". Piñeiro, el viajero incansable.

Un thriller muy disfrutable

LOCARNO.– Aunque en principio la elección de Lucy, thriller del francés Luc Besson (Nikita, El perfecto asesino) protagonizado por Scarlett Johansson y Morgan Freeman, como película de apertura parezca una "concesión" de un festival tan cinéfilo y vanguardista como Locarno a la producción más comercial, una vez visto el film –que en la Argentina se estrenará el 18 de septiembre– se entiende el porqué de esa decisión.

Historia pletórica de humor absurdo, negrura y excesos violentos, Lucy es una producción a gran escala pero con espíritu de clase B sobre una inocente joven estadounidense de viaje por Taipei que –producto de una serie de enredos y casualidades– se convertirá en "perfecta asesina" a partir del consumo involuntario de unas drogas sintéticas de última generación que la convertirán no sólo en una poderosa máquina de matar, sino incluso en una persona brillante con una actividad y expansión cerebral sin antecedentes.

La premisa es bastante ridícula, sí, pero el resultado –con una Johansson impecable como heroína de acción– es muy disfrutable.

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