Competencia todoterreno

El City Chase, la combinación perfecta entre deporte e ingenio
Fernando Castro Nevares
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16 de diciembre de 2009  

  • Del 10 al 12, Salta fue la sede de la competencia internacional de aventura urbana más grande del mundo, el City Chase. Equipos formados por parejas de Australia, Canadá, Irlanda, Estados Unidos, Portugal, España, Singapur, Nueva Zelanda y la Argentina llegaron hasta la capital salteña para competir en la final mundial con objeto de superar pruebas físicas, de ingenio o culturales hasta completar el recorrido total en el menor tiempo posible. El City Chase, traído a la provincia por el Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur), contó con el apoyo y la colaboración del Ministerio de Turismo y el gobierno de Salta, y será visto por aproximadamente 100 millones de espectadores a fines de marzo o principios de abril de 2010.
  • La competencia empezó a las 10 en la plaza 9 de Julio, donde los competidores fueron recibidos por un grupo de gauchos a caballo. El canadiense Nick Jelinek, creador de City Chase, dio por iniciado el certamen cuando les dijo a los participantes que debían buscar la primera pista. Rápidamente, éstos se dieron cuenta de que ésta estaba en las monturas y comenzaron su recorrido por las calles de la ciudad.
  • Después de recorrer distintos lugares encontraron la primera consigna: ir hasta la cervecería Salta y cargar 50 cajones de cerveza de seis botellas cada uno. Los competidores llegaron corriendo y cargaron las botellas, pero a algunos equipos, como el español, en el apuro se les rompió una cerveza y por cada botella rota debieron cargar 10 más como penalidad. Terminada la prueba, un empleado les mostró una foto del sitio donde tenían que llevar uno de los cajones. Sin plata, sólo con la ropa puesta y una mochila con un mapa, los equipos preguntaron a los lugareños dónde quedaba el bar Macondo y se dirigieron hasta allí. Fue el momento de la primera eliminación, la del equipo australiano (Caroline Rafferty y Jocelyn Santosa), por ser el último en llegar.
  • La siguiente consigna fue ir hasta la peña Gauchos de Güemes, cerca del monumento al prócer salteño. Allí los esperaba un desafío bien telúrico. Vestidos con una camisa blanca, bombachas, una faja colorada y sombrero, los participantes debieron preparar 20 empanadas, con las instrucciones del especialista gastronómico Roberto Argentino Topeto Díaz. Consultado sobre cómo le habían salido, Alex García Rodríguez, uno de los españoles, confesó: "Yo no las comería ni que estuviera loco".
  • En el Hogar de Ancianos San Vicente de Paul, donde entregaron las empanadas, recibieron la siguiente pista: provistos de un balde, guantes, detergente, un limpiavidrios y una esponja, debían ir hasta la estación de tren y limpiar el Tren a las Nubes. El idioma a veces juega en contra, porque el equipo norteamericano entendió que debía ir hasta San Antonio de los Cobres, destino final del tren, y fue a la terminal de ómnibus, en la otra punta de la ciudad, para tratar de conseguir pasajes. Horas más tarde, quedaban eliminados tras perder en una prueba de penales
  • Al día siguiente, los aguardaban varias desafíos más. En la localidad de Chicoana, vestidos de gaucho, los canadienses, neozelandeses, irlandeses, portugueses, españoles y singapurenses debieron participar del juego de la sortija y enlazar un poste, y después hacer 22 kilómetros en bicicleta, 8 de tierra y 14 de pavimento hasta la finca Santa Anita, donde tuvieron que ordeñar cabras y obtener un litro y medio de leche.
  • Terminada la prueba, tuvieron que ir hasta el dique Cabra Corral, al Hotel del Dique. El primero en llegar fue, lejos, el grupo de Canadá. Los últimos, Irlanda y Nueva Zelanda, que iban parejos. Pero el equipo neozelandés decidió parar en un puente del dique y pelar una naranja. Entonces, era tal el cansancio que tenían que Joseph Seebeck comió sólo la cáscara. Eso los hizo demorarse hasta las 19.10. Agotados, arribaron últimos al lugar de llegada y uno de los organizadores les informó que habían quedado eliminados. Eso ocurrió ante el desconcierto de Sean Abe, el otro miembro del equipo, que pese a la noticia seguía preguntando si todavía quedaban grupos por llegar. El equipo que iba primero obtenía el derecho a dormir en el hotel y a elegir a otro para pasar la noche ahí. Como buenos estrategas, los canadienses eligieron a los más cansados y los que probablemente tenían menos posibilidades de ganar: los irlandeses, mientras el resto de los equipos fue enviado a una isla.
  • Varios equipos quedaron descalificados: la Argentina, España y, el último día de la competencia, Irlanda. En la plaza 9 de Julio se montó un escenario al que se acercó la gente y donde se presentaron bailes folklóricos, chacareras, zambas y escondidos, por ejemplo. La última prueba era ir hasta el teleférico que lleva hasta el cerro San Bernardo, tomar una bandera de su país y volver corriendo hasta la meta. Fue entonces cuando llegó el equipo de Canadá, seguido muy cerca por Singapur, mientras que Portugal llegó en tercer lugar. En un clima de fiesta, los ganadores y finalistas fueron ovacionados. Después de tres días, con pruebas que les exigieron lo máximo en los aspectos físico e intelectual, el juego había terminado. Y, según palabras de los ganadores, Salta resultó el lugar ideal para la competencia, tanto por sus lindos paisajes como por la amabilidad de su gente.
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