Bellos viajes virtuales

Adriana Barenstein estrenó en España La Tierra no se mueve
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27 de junio de 2011  

Ocurre que en su adolescencia frecuentó la filosofía. Cuando en la Universidad de Buenos Aires aún no existían las carreras de las artes del espectáculo, Adriana Barenstein estudiaba en la facultad a Nietzsche y a Ricoeur. A cierta altura, guiada por Patricia Stokoe, comenzó a alternar con las disciplinas corporales, hasta llegar al espectáculo danzado. Hoy dirige el área de esa materia en el Centro Cultural Borges, donde acaba de estrenar su enésima creación, La Tierra no se mueve , pieza en la que confluyen la dramatización, el movimiento y una exploración en las relaciones de los cuerpos, a partir de una infaltable idea regente que roza lo filosófico. Después de cuatro funciones en su sede natural, este breve y seductor espectáculo zarpó hacia Europa: en estos días, se presenta en el Museo Guggenheim de Bilbao, en el marco del Festival Lekuz Leku.

"Me fascinaba, en Husserl, la presencia del cuerpo –señala Barenstein–. ¿Qué más filosófico que Husserl?, y, sin embargo, a mí me producía algo sensorial. Del mismo modo, cuando ahora consulto Google Maps experimento una sensación casi de vértigo."

En virtud de que tuvo que escribir la crítica, este entrevistador da fe de que ya con la que fue su primera pieza coreográfica ( Bowling , estrenada en Danza Abierta-1982) Adriana ponía en marcha su "vocación" (es un eufemismo) de plantar en el escenario, y a través de la acción, una neta reflexión, a veces indirecta, que vertebraba un espectáculo. En la mayoría de las creaciones que siguieron, este principio tuvo continuidad: con frecuencia, fue la idea del cuerpo en el entorno de espacios urbanos, de la cotidianeidad alienante y de la secreta soledad de los individuos, aun en el aparente intercambio social.

Así, con sus seguidores, primero en el Centro Cultural Ricardo Rojas (Grupo de Danza de la UBA) y después en el Borges, desfilaron, a lo largo de casi treinta años, títulos como Battambang (un sonido que aparecía en un relato de Marguerite Duras), Faltaste Luis , La sombra de la traición , Disculpen este prolongado silencio y –entre otras– Los días . Hace un año, desarrolló, desde el Borges y a lo largo de la calle Viamonte, su proyecto multimedia Cuerpo y ciudad . Algo de eso se retoma en La Tierra no se mueve , en la que dos seres algo fellinianos intentan procesar su paso terrenal por espacios inalcanzables de la Tierra, que se proyectan sobre el piso y crean una sensación vertiginosa. Es un juego de dados: una tirada y la suerte envía a Kenya; nuevo mapa y close up sobre una ciudad, etcétera.

Barenstein retoma: "La fenomenología sostiene que ves el mundo, sí, pero es inabarcable. Hoy diríamos que es virtual. Recorrés los mapas satelitales y no acabás nunca. Parece infinito, porque te da la sensación de que en esa visión te vas a disolver". Ubicando a España en el mapa, sin embargo, y con la certeza de que el Buenos Aires de origen no se moverá de su lugar, esta creadora y su troupe están llevando al exterior La Tierra no se mueve . En esta pieza, como en otras anteriores, en la visión de Adriana Barenstein, el cuerpo se revela como ese duende inquieto e incómodo que, con consciencia o sin ella, reescribe la historia de la ciudad y sus laberintos secretos.

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