Celebración de la danza

El ballet del teatro San Martín estrena "La escuela holandesa"
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29 de junio de 2002  

La cálida personalidad de Nils Christe (52 años) aflora ahora tal como ocurrió en su primera visita a Buenos Aires, tres temporadas atrás. Fue cuando montó para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín su obra “Purcell pieces”. Allí mostró la cualidad de conmover desde el escenario con su lenguaje fluido y el vuelo de su inventiva. Hoy, a las 20, el espectáculo “La escuela holandesa” lo unirá a otros dos colegas, Ton Wiggers y John Wisman nacidos, como él, en los Países Bajos. El montaje de este programa no hubiera sido posible sin la ayuda, voluntad y buena disposición de la embajada de Holanda en la Argentina, que logró que el proyecto, concebido por Mauricio Wainrot, director de la compañía, se concretara. En esta ocasión presentará “Luminescenses”, una pieza que realizó en 1984.

“La creé para el Ballet de la Opera de Lyon. Había una consigna: los coreógrafos debían basarse en música de compositores franceses. Para mi trabajo, elegí el Concierto para dos pianos, de Francis Poulenc.”

-¿Cambió algo en la reposición que hizo para el San Martín?

-Apenas algunas pequeñas cosas. Es natural que una misma pieza bailada por compañías diferentes cambie, porque son otros los intérpretes, no porque yo la transforme. Lo único que varía de la original es el vestuario, que diseñó aquí Carlos Gallardo, muy simple, como soy yo.

La modestia de Christe no trasluce la gran trayectoria que desarrolló desde que ingresó como bailarín en el Neederlands Dance Theater, dirigido por Jiri Kylián. Allí hizo sus primeras obras. En 1985, invitado por Rudolf Nureyev, director del Ballet de la Opera de París, creó “Before nightfall”, que obtuvo un éxito resonante. De 1986 a 1993 tuvo a su cargo el famoso Scapino Ballet, de Rotterdam. Luego decidió independizarse y junto con su esposa y asistente, Annegien Sneep, ha montado coreografías en elencos de alto nivel dispersos por todo el mundo, como para el de Deustche Oper, de Berlín; el Royal Danish Ballet, de Dinamarca; el Washington Ballet, de Estados Unidos; el Royal Winnipeg Ballet, de Canadá, el Kibbutz Dance Company, de Israel y El Ballet de la Opera de Bordeaux, Francia, entre otros.

-¿En estos últimos años creó nuevas piezas?

-En 2002 hice cuatro en ocho meses. Todas para elencos distintos. Dos en Holanda, una en Suiza y otra en Francia. En los últimos tres años creé diez.

-¿Esa prolífica inspiración de dónde proviene?

-Esencialmente de la música, sin lugar a dudas. Siempre lo es. Es inusual que un corógrafo trabaje en tal diversidad de compañías. Más común es que lo haga para una, la suya. Pero yo realmente disfruto esta vida de ir de un lado para otro alrededor del mundo y de tener la suerte de conocer gente maravillosa en todas partes.

-En esta segunda puesta, ¿cómo encontró al Ballet Contemporáneo del San Martín?

-Se ve muy bien, con mayor crecimiento. ¿Sabe? Llego aquí y me siento en familia. Es muy agradable la conexión que tenemos con el Ballet Contemporáneo y me resulta sumamente grato nuevamente con sus integrantes. Aunque no hablemos el mismo idioma, la danza no necesita de las palabras. Nos vinculamos por el movimiento y por códigos íntimos que todos, sea donde sea, entendemos. Es un lujo tener un lenguaje universal.

-Cuál es la base de su coreografía, “Luminescenses”?

-Es liviana, luminosa, alegre, es el goce de dejarse llevar por la musicalidad. La composición es ideal para la danza. Por supuesto, hay una estructura, pero ésta se construye por lo que da la música. Hay muchos dúos, solos, tríos. También es rápida, ágil. Es una obra acerca del placer de bailar, no tiene historia alguna. Mi aspiración es que el público se vaya a su casa con una gran sonrisa y ese sentimiento de calidez y felicidad. Que piense en algo hermoso, no en dramas.

-Se me ocurre que es el tipo de pieza que a usted le hubiese gustado bailar...

-La hice poco después que dejé. Por lo tanto, estaba más cerca de lo que era la interpretación personal, de mí como bailarín que lo que estoy ahora.

-¿Piensa que existe una escuela holandesa?

-Claro que lo creo. Es muy difícil decir lo que exactamente es. Pero pienso que se traduce en un lenguaje directo, es muy musical, también, sobria, y puede ser profundamente emocional. Por ejemplo, en un obra de ballet los intérpretes siempre actúan para el lucimiento individual o para dos. Están constantemente de frente a la audiencia para que mostrar lo que hacen. El vocabulario clásico está hecho para que se vea así. Inclusive, Balanchine, aunque despojado en otros sentidos, siguió esa regla. Para mí, un bailarín que hace esto es un elemento de show. Muy antiholandés.

-En este sentido ¿Qué está de acuerdo con la escuela holandesa?

-Si pregunta quién es el puntal de la escuela holandesa, indiscutiblemente la respuesta es Hans van Manen. Ejerce una enorme influencia en la forma de hacer coreografía y esto se desarrolló con el tiempo a partir de él. Fue un período muy rico del cual, con gran agradecimiento y suerte, participé yo cuando aún era bailarín y veía trabajar a Van Manen. Y ahora puedo tomar de mi bagaje aquellas pautas que nunca olvidaré y aplicarlas según convengan, a lo que hago. En mis obras los bailarines no están pensando en un frente, se entrecruzan, dan la espalda, los lados, no importa. Bailan fluidamente y hay comunicación entre todos, sin exhibicionismo. Aunque no estén constantemente de cara al público, transmiten la danza y los sentimientos en una manera natural, poética y simple.

-La palabra que podría definir esta escuela es libertad, controlada sin que parezca serlo.

(Se ríe) –“Puede ser, es una gran y hermosa palabra y sobre todo, para aplicarla a la danza”.

Segundo programa de la temporada

  • Hoy, a las 20, el Ballet del Teatro San Martín presenta “La escuela holandesa”, segundo programa de su temporada, que reúne obras de tres coreógrafos provenientes de Holanda. Ton Wigeres presentará “Gilles”, con música de Jean Gilles, y “Solo”, con música de Simeon ten Holt. John Weisman repone “Ostacoli”, partitura de Anders Eliansson , y Nils Christe estrenará “Luminescenses”, con el concierto para dos pianos de Francis Poulenc.
  • Las funciones se realizarán los martes, a las 20, y los sábados y domingos, a las 16. El precio de la platea es de 8 pesos; de pullman, 6. Los martes la entrada general es de 4 pesos.

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