El día que la danza tomó la calle en apoyo de una ley

Miles de personas vinculadas con la disciplina se movilizaron al Congreso para apoyar una legislación de fomento
Alejandro Cruz
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2 de mayo de 2014  

En otro día de abril, pero hace 62 años, se estrenaba la película Cantando bajo la lluvia. A tantos años de aquel hecho, la comunidad de la danza se encontró el martes en la Plaza de los Dos Congresos en apoyo al anteproyecto de ley nacional de danza que, en horas de la mañana, se había presentado ante diputados y senadores de distintos colores políticos. Así como Gene Kelly pasó a la historia con ese espectacular número chapoteando bajo el agua, la jornada del martes también tuvo mucho de histórica (y de lluviosa). De hecho, nunca antes la comunidad de la danza local había generado un hecho político de esta naturaleza y dimensión.

Mientras los números del rating aseguran que mucha gente está pendiente de la nueva versión de "Bailando por un sueño", miles de personas del mundillo del tutú a las botas de malambo se encontraron bailando por un sueño colectivo para impulsar un anteproyecto de ley que pretende incluir a la danza en la política de Estado.

El acto del martes, que se replicó en plazas y parques de ciudades del interior, estuvo atravesado por el entusiasmo y una lluvia caprichosa que iba y venía, que, seguramente, hizo que la cantidad de gente fuera menor de la esperada. Hubo clases abiertas e infinidad de números en el escenario montando frente al Congreso. "Desde acá arriba me siento Castelli en el 25 de Mayo mirando a la gente con los paraguas", decía Daniela Fernández, la conductora del acto, mientras en el escenario actuaban desde el Ballet de la Unsam, que dirige Oscar Araiz, hasta la compañía de Koki y Pajarín Saavedra, pasando por Maximiliano Guerra y su grupo.

Hubo yapas como la "danza de secadores" -así alguien la llamó- a cargo de buena parte de los coreógrafos contemporáneos y bailarines más importantes de la ciudad tratando de secar el escenario; el Ballet del San Martín actuando en jogging y remera, rescatando su lugar de trabajadores de la danza o unos bailarines de flamenco que -espontáneamente- se mezclaron con unos hip-hoperos mientras sonaba una chacarera.

Unos y otros

Después de presentarse en el escenario junto a su grupo, el bailarín y coreógrafo de tango Leonardo Cuello aseguraba a LA NACION: "Yo creo que el 85 por ciento de la danza del país está sostenida por la inversión privada. Y cuando digo «inversión privada», me refiero a la familia de ese chico que quiere comenzar a estudiar danza a los grupos independientes. Por eso es fundamental que el Congreso se ocupe de nosotros".

Roxana Grinstein, coreógrafa y directora de la compañía de danza del IUNA y dueña de una sala, agregaba: "Como se trata de una ley nacional podríamos generar corredores artísticos por distintas partes del país. Eso nos daría la posibilidad de tener más trabajo y más difusión de lo que hacemos. Claro que para eso necesitamos apoyo económico, que no hay, y para eso necesitamos ser tenidos en cuenta, cosa que no pasa. Por suerte, las nuevas generaciones han tomado la posta de iniciativas que algunos ya transitamos en otro momento y se está armando algo importante".

Ramiro Cortez es bailarín y coreógrafo de tango y contemporánea. Generacionalmente, forma parte de esa renovación de la que habla Grinstein. Desde su perspectiva y mientras que trabajaba en la organización del acto, acotaba: "La ley nos daría un marco de contención para que se fomente la actividad, para que se subsidien las obras, para que quede un registro de lo que hacemos. Es fundamental que sea aprobada".

Que sea sancionada y reglamentada es algo que, desde el martes, está en las manos de la política. También de la gente de la danza para que, como bien sabe la comunidad teatral (que ya ha logrado su ley de fomento), haga un seguimiento y siga sumando voces a este movimiento. El paso dado el martes, no casualmente, en el Día Internacional de la Danza, ha marcado un hito. Y como buena jornada de gente que sabe (mucho) del arte del movimiento culminó con una flash mob (se lo puede encontrar en YouTube, vale la pena) a cargo de cientos de bailarines de todo tipo que cortaron la avenida como signo de festejo y reclamo. Ahora les toca bailar a senadores y diputados.

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