O Vertigo, la danza desde Canadá

El grupo actúa en el Teatro Alvear
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2 de mayo de 2003  

Hoy, mañana y pasado mañana, a las 20.30, se presentará en el Teatro Alvear, Corrientes 1659, la compañía canadiense O Vertigo con la coreografía "Luna". El precio de las entradas es de 10 pesos la platea; 8, la pullman, y 6 la tertulia.

Esta es la última obra de la creadora y directora del elenco, Ginette Laurin. Desde 1984, cuando la fundó en Montreal, siguió un camino de variadas ideas que no se encasilla en lo convencional. En una charla telefónica con LA NACION, dice al respecto: "Mi búsqueda en la danza no está tanto en la forma y la estructura, sino en lo que el movimiento puede traducir. Si tuviera que hablar de un estilo, diría que lo que se ve en mis bailarines es que cada parte del cuerpo, de su musculatura, de su expresión, se vuelca en las piezas que hacen. No hay fronteras; insisto en que el todo debe estar comprometido y nada queda estático, aunque lo parezca. Pero es desde su interior que hablan, no sólo de la pieza en la que actúan, sino destilando las sensaciones, que las dejan correr libremente, sin dejar que el exterior las oculte, que alguna porción, por ínfima que sea, de su físico sea olvidada. Es un fluir constante. La palabra clave para mí es energía. Trabajo mucho sobre este punto y lo que quiero decir con esto es intensidad, desde el detalle hasta lo complejo. Así, en la danza no son formas las que hacen el impacto, sino la intensidad de cada movimiento hecho forma, ágil, lánguido o potente".

También Laurin habla de su visión cinematográfica y asimismo científica, que prueba en lo que hace. Su curiosidad la lleva a límites insospechados, aunque se toma mucho tiempo en desarrollar sus obras. Alrededor de un año, con ensayos muy exigentes en los que testea lo que piensa, así como también da pie a que los bailarines (a los que elige por su personalidad, por lo que generan en el escenario) intervengan con sus pensamientos. Las obras sólo salen a la luz cuando cree que han llegado a lo que veía en su cabeza, a lo que debía ser.

"Tengo muchos solistas en la compañía", pero me agrada trabajar con distintos grupos que se enlazan entre sí. La comunicación es natural, todos están interrelacionados y se comprenden espontáneamente", dice.

Lo curioso de esta coreógrafa es que no utiliza el conteo habitual para los pasos de la coreografía que hará su gente. Las cosas salen y se unen con el mismo criterio de que todo debe armonizarse y provocar distintos estados sensoriales en el espectador.

"La obra se llama así porque tiene que ver con lo que cantan las mujeres. Puse el título en castellano ya que me gustó el sonido en ese idioma y no en francés, "Lune". Es melodioso, es intenso, es lo que imaginaba. Luna tiene que ver con esa faceta que no vemos, pero que sabemos que existe. Es un paralelo con el hombre, con lo secreto que hay en nosotros y que quizás jamás mostremos. O, que, por momentos saldrá y alguien lo captará. Es la cara que queremos guardar, quizá como un tesoro, porque es lo único que tenemos o porque debe haber algo íntimo. Espero que no se piense que es el hermetismo y que el ser humano es avaro con esa otra faceta. A menudo le cuesta sacarla, otras, es generoso y la comparte."

La obra, dice la creadora, tiene efectos especiales que seguramente sorprenderán a la audiencia. Su modo de hacer notar lo que no se ve es emplear lupas gigantes que agrandan, deforman, se plantan en lugares insospechados y van al meollo de lo que es "Luna". Usa una suerte de tridimensión para extraer tanto lo obvio como lo poético, factor básico de la pieza. Es como si todo el que la ve fuera miope y a través de esos vidrios de aumento que se posan más que nada, en los rostros, se introdujera en cosas que son invisibles a simple vista. Tal como lo hacen los científicos con el telescopio. Esto formará un juego fascinante en el que también tiene un importante papel el vestuario; en algunos fragmentos las mujeres usan faldas inmensas con miriñaque sobre los cuales se proyectan imágenes.

"Empecé como gimnasta, pero al ver danza, me di cuenta que era lo que me agradaba. ¿De dónde proviene el nombre de la compañía? No tiene que ver con la común descripción de vértigo, que significa estar inmerso en una especie de locura, de rapidez, como de estar en el ojo de la tormenta. En mi país, esa palabra define una enfermedad que sufren los caballos, por la que se tornan muy inquietos y realizan movimientos inusales. Mi madre, que creció en una granja, me decía que yo tenía vértigo, porque me la pasaba moviéndome, saltando, sin buscar un orden o hacerlo como algo racional. Parecía que mi cuerpo tenía la necesidad de manifestarse así, y era extraño. De ahí que le puse ese nombre a la compañía, ya que todo lo que se hace físicamente es importante para sacar lo que hay adentro."

De Ginette Laurin se conoció aquí una pieza , "En dedans", que interpretó el Ballet del Teatro San Martín. Ahora volverá personalmente para en junio montar una nueva creación, especial para esa compañía.

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