Sobre las posibilidades de fusión del tango

El encuentro se vio fortalecido en su sexta edición
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15 de diciembre de 2009  

El sexto Festival Cambalache que se realizó hasta anteayer se vio muy fortalecido en sus actividades y en una idea primigenia que, por lo menos en sus primera jornada de espectáculos, demostró muy interesantes cruces entre la danza contemporánea, la performance y algo del teatro, con el tango. Breves propuestas dieron muestras de que esos cruces son posibles y pudo apreciarse cómo algún valor del mundo tanguero puede potenciarse para construir una muestra potente con ricos sentidos y de fuerte contemporaneidad.

Luces y sombras , de Alberto Goldberg, mostró una relación de pareja sobre música de Charly García. Una serie de encuentros y desencuentros en la que ciertos pasos de tango hicieron efectiva esa fricción y potenciaron mundos individuales muy convulsionados. En Deliciosas criaturas perfumadas , la coreógrafa Laura Roatta develó aspectos del mundo femenino en relación con la música de Piazzolla. Su compañía Pies Desnudos demostró gran capacidad a la hora de hallar una síntesis entre cierto mundo poético del músico cuando es reinterpretado por el cuerpo de una mujer. Por su parte, el solo de Ramiro Rosenvasser, Miércoles , aportó unas huellas bien existenciales y demostró una creatividad particular. Siguiendo un esquema ligado a la performance, su coreografía dejó expresar la singularidad de un cuerpo que se quiebra y se sostiene mientras porta una profunda soledad.

Lazos y mariposas, de Cecilia Troncoso, cargó el espacio escénico de una energía movilizadora, con unas relaciones muy aceitadas en las tres parejas. La danza y el teatro se fusionaron en La costura del corazón , experiencia que los bailarines Mariano Otero y Alejandra Heredia trajeron de España. En breves cuadros, construyeron historias de amor potentes, en las que el tango aportó algo de su pasión, de su tristeza, de su nostalgia. El trabajo de danza contemporánea, Victoria, derrota o empate, de las coreógrafas e intérpretes Karina Colmeiro y Johana Cessiecq, tiene un punto de partida en los zapatos femeninos del tango y en los estilizados pasos que dibuja quien los calza. Si bien en escena no bailan tango, el juego que conciben con un sinnúmero de calzados, potencia un imaginario de mucha riqueza.

El final de la jornada lo pusieron los bailarines Agnese Vanaga y Juan Onofri Barbato con Partener contemporáneo . El tango no estuvo presente en esta performance, ni musicalmente ni en los pasos de su baile, pero algo dejó muy en claro el dúo: con qué energía será necesario, en estos tiempos que corren, colocarse como partenaire a la hora de dejarse llevar o ser llevado en una danza en la que la fusión de los cuerpos se hace necesaria para mostrar comunión, intensidad y belleza.

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