Tango: hoy como ayer

La compañía de Leonardo Cuello y viejos milongueros, en un cruce notable
Gabriel Plaza
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9 de julio de 2011  

La fascinación que despertó el baile de tango salón en coreógrafos jóvenes y personalidades de la danza contemporánea, de Ana María Stekelman a Pina Bausch, transformó el cruce de esos universos aparentemente antagónicos en un espacio de encuentro natural con los años. En esta nueva edición del Festival Rojas Danza, el tango ocupa su lugar, con un interesante programa doble a cargo de la compañía del coreógrafo Leonardo Cuello con un fragmento de su obra Tetralogía, y de la puesta Milongueros, interpretada por las parejas Coca y Osvaldo, "Chino" Perico y Pamela, Silvia y Alfredo Alonso, Julio y Elsa Duplaa, y Thomasina Gabriele y Juan Ventura Esquivel.

Las puertas de la sala Cancha se abren, y enseguida se ingresa a esa milonga imaginaria y en miniatura. Suena la grabación con fritura de una orquesta del cuarenta y la atmósfera tanguera se apropia de este espacio contemporáneo. De un lado, contra la pared, una fila de mesas y sillas donde se ubicarán los bailarines. Exactamente enfrente, se sienta el público, dejando el espacio justo para la pista.

La voz de Rufino flota en el aire deslizando los versos de "El cielo y tú" y se activa un switch estético hacia el pasado. Cinco parejas ocupan el centro de la escena, con vestuario y maquillaje retro, jugando con los elementos del tango de salón, dibujos, giros y voleos.

La luz blanca desaparece para tornar a un color rojo carmesí, donde las parejas parecen deambular en una suerte de viaje en el espacio -tiempo, acompañados por sonidos de interferencias y movimientos contemporáneos. La atracción del abrazo y las historias del tango se sostienen, y las pequeñas escenas solistas denotan el fino trabajo del coreógrafo Leonardo Cuello, que crea una poética propia a partir de la relectura del baile social.

El broche del espectáculo es con la presentación de los milongueros tradicionales -coordinados artísticamente por Alejandro Cervera- que se apropian de la pista para deslumbrar con ese arte único de un baile sin academia, criado en las madrugadas de los clubes de barrio. Los bailarines irrumpen en el espacio como si estuvieran llegando a una noche de milonga. Relojean el ambiente desde la puerta y se animan a ocupar las mesas y sillas.

La proximidad con la pista permite entrar de lleno en la emoción y el clima que proponen los milongueros. Cada uno tiene su estilo y su singularidad, desde la estilización estética del baile del centro, pasando por el estilo Villa Urquiza de pasos largos, a las corridas del tango orillero. Siempre pegados mejilla con mejilla, casi respirándose en la boca y con ese abrazo envolvente, que funciona como sensor para guiar la caminata. Austeridad y belleza, todo un mundo de sensaciones, en esos tres minutos de un tango.

OTRAS OBRAS

  • Pasado mañana, a las 21. Sala Batato Barea.

    El suicidio de Madame B


    Tres bailarinas -Silvina Grinberg, Nora Moreno, Vicky Carzoglio- inspiradas en el libro Madame Bovary, de Gustave Flaubert, intentan concretar sus fantasías por medio de la danza y el teatro. Sobre una idea de Silvina Grinberg.
  • Desde pasado mañana hasta el jueves, a las 22. Sala Cancha

    Hold, dejar que suceda/El momento distinto


    Un doble programa que reúne el trabajo del coreógrafo Joel Inzunza Leal y el trabajo conjunto de los bailarines Sofía Crespo, Federico Fontán y Germán Farías.
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