Un elenco fascinante y de gran técnica

La compañía de Nacho Duato está presentando en el San Martín un segundo programa, con tres obras notables
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11 de diciembre de 2009  

Compañía Nacional de Danza (España). Segundo programa de tres obras, con coreografía de Nacho Duato: Gnawa, con música de H. Hakmoun/A. Rudolph, J. Arteche/J. Paxariño y otros; O Domina Nostra, con música de Henryk Górecki; y Cobalto, música de Pedro Alcalde/Sergio Caballero. Dirección: Nacho Duato. Teatro General San Martín. Próximas funciones: hoy, a las 21, mañana, a las 17 y a las 21, y pasado mañana, a las 17. Entradas entre 35 y 50 pesos.

Nuestra opinion: Muy bueno.

Nacho Duato se declara amante de los ritmos ancestrales y de las expresiones primarias, tanto musicales como bailadas. De ahí que no dudó en abrir el segundo programa de la hispánica Compañía Nacional de Danza en el Teatro San Martín con la estimulante Gnawa , tanto como para mantener seducido a un público ya conquistado, una semana atrás, con otras tres obras suyas. Se trata de un ballet construido con motivos magrebíes y música de Egipto, de aire declaradamente festivo. Allí confluyen culturas disímiles (lo morisco y lo cristiano), de un lado y del otro del Mediterráneo: la Europa meridional y la costa norafricana.

Pero la habilidad del coreógrafo reside en evitar la demagogia del tipismo folklórico. Duato reelabora estos ritmos y esta alegría con reminiscencias del Sahara a través de una técnica neoclásica y logra un producto de su sello. Las diagonales y otras disposiciones grupales alternan con dúos y un formidable solo masculino, más un momento ceremonial, con velas, sobre un fondo de flauta.

Con O Domina Nostra Duato pone a prueba otro registro suyo. La pieza, dedicada a la virgen negra Nuestra Señora de Jasna Gora, de Polonia, apela a una vibrante partitura para órgano y soprano de Henryk Górecki y se desarrolla con un fondo escenográfico de admirable sencillez y, al mismo tiempo, imponente: un entrelazamiento de sogas domina toda la escena, al fondo, y remite a la cruz, pero también a rejas de celda.

Contrapuntos

La concepción coreográfica entabla un contrapunto entre una figura femenina (la Virgen) y un bloque de diez hombres, una y otros en estilos de movimiento distintos. En este reparto de figuras queda a la vista una predilección del coreógrafo: privilegiar el elenco masculino de la compañía, algo que se vio en los nueve intérpretes varones de la admirable Castrati , del programa anterior. A pesar de los símbolos plásticos y musicales de raigambre cristiana, la dinámica de la pieza trasunta una espiritualidad pagana, rica en sensualidad, con la que Duato se afirma en lo contemporáneo y va más allá del modelo neoclásico de Jíri Kylián, presente en otras obras suyas.

Esa sensualidad alcanza su punto más alto en Cobalto , la pieza que cerró el programa, de nuevo con la persistencia sonora de un órgano de abrumador efecto hipnótico (una composición de Pedro Alcalde y Sergio Caballero, fieles colaboradores del coreógrafo). La idea del azul-cobalto con su significación ambigua, basculante entre la serenidad y la excitación, se proyecta a cuatro parejas que despliegan una energía sexual vertiginosa y fugaz (hay un momento de violencia, con el agitar de las cadenas¿"sadomaso"? que forman la cortina de fondo), mientras una quinta pareja sobre una mesa vive un erotismo onírico, reconcentrado y de gran belleza visual.

El espectador deberá completar con su proyección imaginativa lo que las imágenes sugieren. La contundencia objetiva, incontestable, es el desempeño de esta compañía, de impresionante y pareja calidad, que dejará una imborrable impresión en el público argentino.

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