De robots y planteos existencialistas

Hernán Ferreiros
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11 de noviembre de 2015  

Humans / Creadores: Sam Vincent y Jonathan Brackley / Elenco: Gemma Chan, Katherine Parkinson, Lucy Carless, Tom Goodman-Hill, Ivanno Jeremiah y William Hurt / Emisión: domingos, a las 23, por AMC / Nuestra opinión: buena.

Basada en la serie sueca de 2012 Akta Manniskor ( H umanos reales), Humans también podría haber sido parte de Black Mirror, la antología de historias de Charlie Brooker (que ya puede verse en Netflix) sobre los efectos del avance tecnológico sobre nuestra vida. La serie transcurre en un presente paralelo donde los robots de aspecto humano son una realidad cotidiana. Sus únicas diferencias son los ojos demasiado celestes- y los rasgos extremos, plásticos, ausentes de expresión: Luciana Salazar podría pasar por uno de ellos. Estos humanoides se ocupan de las tareas más precarizadas, que las personas prefieren no hacer: son sirvientes, trabajadores agrícolas, acompañantes de enfermos o juguetes sexuales. Aunque tienen un nivel de inteligencia que les permite realizar estas labores de modo muy eficaz, son considerados máquinas, de modo que nadie piensa que deban recibir réditos por su trabajo y, aún menos, que estén siendo explotados.

La serie explora el vínculo de diferentes personajes con sus robots: un anciano (William Hurt) en el estadio inicial de la demencia, que se aferra a su viejo y defectuoso modelo hogareño porque éste guarda a la perfección recuerdos de su difunta esposa; una abogada (Katherine Parkinson) entregada a su carrera que teme que la sirvienta adquirida por su marido sea una mejor madre para sus hijos; un policía (Neil Maskell) que siente celos del acompañante terapéutico de su mujer accidentada, y un fugitivo (Colin Morgan) que guía en su huida a un grupo de robots diferentes que, como es esperable en toda ficción acerca de la inteligencia artificial, desarrollaron sentimientos y conciencia de sí.

Este es el tema central de la serie: los robots nos invitan a preguntarnos qué es lo que nos hace humanos, qué es la conciencia, qué es la inteligencia, cuestiones difíciles para las que la ciencia aún no tiene respuestas concluyentes y, desde luego, la serie tampoco, pero el detenerse un momento a reflexionar sobre ellas ya es un mérito.

Como en Black Mirror, también aparece el problema de nuestra dependencia de la tecnología y de cómo los dispositivos cotidianos -que se supone que nos liberan de ataduras y facilitan nuestra vida- también crean cargas y necesidades que antes no existían. Finalmente se plantea el interesante problema de la singularidad tecnológica: la idea de que una inteligencia artificial podría evolucionar exponencialmente hasta superar en varios órdenes de magnitud la humana, con consecuencias impredecibles.

Humans no sólo toma el argumento del original sueco (pero no al pie de la letra: no carga tanto las tintas sobre el movimiento discriminatorio antimáquina, acaso un reflejo de los problemas que enfrentan en Suecia los inmigrantes que, no casualmente, hacen las mismas tareas que los robots en esta ficción), sino que también conserva algo de su morosidad. Hay que reconocer que aquí los plot points aparecen más rápido, pero igual se siente como si los espectadores fuéramos varios pasos por delante del relato: si la serie tiene una debilidad es que su planteo no es demasiado novedoso, al menos desde Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg, porque las mismas ideas que se exponen aquí vienen recirculando por el cine y la televisión. Las buenas actuaciones y la realización imaginativa de Channel 4, que maximiza los recursos más magros de las producciones europeas comparadas con las estadounidenses- ayudan a que Humans no parezca confeccionada en piloto automático.

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