Diego Capusotto: "La obra habla de las diferencias que genera el poder"

El humorista llega al escenario oficial del Cervantes para el desafío de Tadeys, una pieza que lo ubica en un lugar muy distinto al conocido
Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
El humorista llega al escenario oficial del Cervantes para el desafío de Tadeys, una pieza que lo ubica en un lugar muy distinto al conocido
Alejandro Lingenti
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14 de abril de 2019  

Se lo nota entusiasmado a Diego Capusotto. Pero lo que más llama la atención al verlo en uno de los ensayos de Tadeys, la obra teatral basada en un texto provocador e inclasificable de Osvaldo Lamborghini (1940-1985), que se estrenó el viernes en el Cervantes (que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación), es la enorme concentración con la que trabaja y lo suelto que se lo nota con el personaje para el que lo convocaron Analía Couceyro y Albertina Carri, la dupla de directoras. Lejos de los roles en los que estamos acostumbrados a verlo, Capusotto se pone ahora en la piel de un científico maléfico y desquiciado, el Doctor Ky, apodado la Araña, obstinado en volver dóciles los cuerpos de un grupo de adolescentes violentos encerrados en un buque. Su técnica de dominación es singular: el "amujeramiento", un ejercicio de control cruel y sofisticado que lleva a cabo con el apoyo fundamental de un policía tan desaforado como él, el Comandante Jones, la Hiena, encarnado por Javier Lorenzo.

Para los seguidores de su desopilante ciclo televisivo Peter Capusotto y sus videos, esta faceta será seguramente una sorpresa. Y también una oportunidad de comprobar la versatilidad de un actor que abandona por un rato su zona de confort -la comicidad y el absurdo- para internarse en un terreno mucho más siniestro y ominoso. "Pensamos en Diego desde el principio -cuenta Couceyro, actriz y directora de la adaptación-. Con Albertina teníamos dudas porque nunca habíamos trabajado con él, pero por suerte nos encontramos con un actor extraordinario, que tiene una gran disciplina y mucha generosidad con sus compañeros. Diego tiene un abanico enorme de recursos, y además es capaz de generar una gran empatía, como lo prueba la cantidad de gente que lo sigue".

Aun cuando la elección podría pensarse como un salto al vacío, Capusotto tiene mucha confianza en los resultados. Y se apoya en esa seguridad, sin temor a ningún fantasma. "Quizás el público del Cervantes me tenga catalogado como un actor cómico, pero la verdad es que no pienso en la demanda construida por el imaginario de los demás. La entiendo, como puedo entender que alguien me pida sacarme una foto en la calle. Son convenciones. Lo importante es que la obra está contenida por un grupo con fuertes vínculos y que funciona muy bien. Eso va a correr la mirada que se podría fijar sobre mi trabajo por ser una figura conocida. Acá hay actores con mucha experiencia, como Javier Lorenzo e Iván Moschner. La obra la hacemos entre todos".

Tadeys es una anomalía dentro de la obra de un escritor argentino de rabiosa originalidad. Escrita entre septiembre y diciembre de 1983 en Barcelona, fue definida como "una fábula político-sexual" y "una farsa lujuriosa y brutal". La operación literaria de Lamborghini, fiel a su estatus de outsider, fue radiografiar a su modo la violencia política de los 70, con un estilo rebosante de sexualidad perversa, escatología y horror caricaturizado. Carri y Couceyro trabajaron arduamente para seleccionar las partes que consideraron más teatrales de un texto de 400 páginas plasmado anárquicamente en manuscritos que terminó ordenando César Aira. Salvo una cita expresa de la famosa obra de Samuel Beckett, Esperando a Godot, todo lo que se escucha en la obra teatral es puro Lamborghini.

Aunque admite múltiples abordajes e interpretaciones, Tadeys es, en palabras de Capusotto: "Una obra sobre la obsesión por el poder y la sumisión". Para él, "esos temas están muy presentes en la obra y se reflejan en todas las alusiones a la obscenidad, la sodomía y la sexualidad desbordada y apropiativa que la recorren".

-¿Dónde te parece que hay un vínculo entre lo que escribió Lamborghini en los 80 y la actualidad?

-La obra habla de las diferencias que genera el poder. A los tadeys -que son los excluidos del sistema, los condenados- se les saca la piel para comerciarla. Cuando Lamborghini escribió esto veníamos de la dictadura y de la Guerra de Malvinas, la síntesis del horror. Pero hay algo de eso que tiene un claro anclaje en lo que pasa hoy en la Argentina.

-¿Conocías la literatura de Lamborghini antes de sumarte a esta obra?

-Había leído El fiord, uno de sus textos más emblemáticos, pero nada más. Ahora con Tadeys me encontré con un texto muy complejo. El trabajo de Analía y Albertina debe haber sido complicado, porque cuando lo abordás sentís que la imposibilidad de montarlo en teatro está muy cercana. Pero a esta altura hay un armado bastante firme. Si bien estamos todo el tiempo intercambiando opiniones, siento que la obra ya tiene un rumbo, una estructura. Para mí fue difícil ponerle el cuerpo a un texto de esta naturaleza. Fue una construcción trabajosa. Lo fui elaborando por etapas, porque hay figuras que aparecen, se desvanecen y después se retoman. Es un lindo rompecabezas.

-Cambiando de tema, ¿vas a volver a hacer televisión?

-El programa tiene una continuidad con las repeticiones. Pero con Pedro Saborido estamos trabajando en otra idea, otro formato. Más que hacer temporadas completas, queremos grabar un puñado de programas de media hora y ver después cómo hacerlos circular. Pero por ahora no encontramos quién los produzca. Estamos hace dos años dando vueltas y no conseguimos nada. Creo que tiene que ver con el entorno económico y también con el contexto político.

-Se dice mucho que hoy más que nunca la política es actuación. ¿Estás de acuerdo con la idea?

-Sí, claro. Este gobierno en particular maneja una ficcionalidad bastante grotesca. Lo que hace se parece mucho a lo que hacíamos nosotros en el programa con un lenguaje humorístico que nos permitía el desborde. Escuchás a Macri y es como escuchar a un actor malo que responde a órdenes de alguien que piensa que sus seguidores son como niños. Macri es un padre que, si se enoja, puede hacer mucho daño. Es una representación de orden escolar. Eso funciona si existe el fantasma de Cristina. Si ese fantasma desaparece se quedan huérfanos. Mientras tanto, apelan a la representación para distraernos de un caos económico que reconoce cualquiera, salvo los voceros del Gobierno.

-¿Qué expectativas tenés de cara al futuro?

-Creo que esa expectativa depende de la decisión de Cristina. Si se presenta o no... Pero lo que viene es un país con una pesada herencia de verdad: una deuda impagable, caos social, vulnerabilidad de muchos sectores... Creo que hay gente que creyó en la caracterización del kirchnerismo como el gran mal y en la idea de la necesidad de una especie de acto sacrificial para llegar al bien común. Las viejas ideas de que no hay que acostumbrarse al bienestar, que hay que pagar la fiesta, que está bien una sociedad que premia a los más aptos y castiga a los otros. Mucha gente prefiere que la estafe un empresario porque el del empresario es su horizonte aspiracional. Los dirigentes políticos solo están en la rosca, tienen la guita que es mía, roban. Piensan que un empresario nunca roba. Solo hace negocios y le va bien.

Lamborghini divide aguas

La idea original de llevar Tadeys al teatro fue de Analía Couceyro. Actriz muy sólida, con gran recorrido en el off y también buenas experiencias en el teatro oficial, Couceyro pensó muy pronto en una socia frecuente, Albertina Carri, talentosa cineasta que la dirigió en películas como No quiero volver a casa, Los rubios y La rabia. Con Carri también trabajó en Las hijas del fuego, el provocativo largometraje estrenado en la edición 2018 del Bafici. "Me gusta trabajar con Albertina porque nos tenemos mucha confianza. De entrada tuvimos la idea de que haya en la obra un aspecto audiovisual, pero no como algo añadido, sino como un elemento constitutivo. Y ahí la experiencia de Albertina fue clave".

Couceyro es una buena lectora de Osvaldo Lamborghini, un escritor que ha generado devociones como reacciones adversas. "Empecé a leerlo a los 18 años y siempre me pareció muy estimulante. Es una literatura muy particular, que te genera al mismo tiempo fascinación y rechazo. Y en el caso de Tadeys, la resonancia con la actualidad es evidente. El poder y sus representaciones han ido tomando una dimensión importantísima en esta época. También el lugar de sometimiento vinculado a lo femenino, que está muy presente en el texto del autor. Y el tema de los géneros, en un sentido muy amplio. Lamborghini es un especialista en hacer explotar los géneros literarios y sexuales. Son textos complejos, oscuros, intrincados, sí. Pero aunque te puedan agobiar, siempre hay una música de Lamborghini que te va a quedar resonando. Creo que eso va a pasarles a los que vean la obra".

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