Dolores Fonzi: "Los paradigmas de la belleza van a cambiar, sobre todo ahora, con el feminismo tan potente"

Con más de veinte años de trayectoria, la actriz es una de las grandes figuras del cine argentino actual
Con más de veinte años de trayectoria, la actriz es una de las grandes figuras del cine argentino actual Crédito: ignacio Sanchez
Alejandro Lingenti
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31 de octubre de 2018  

Normalmente, Dolores Fonzi es noticia por sus trabajos como actriz. Desde la época en la que empezó a hacerse conocida –con el recordado rol de villana en la telenovela juvenil Verano del 98– hasta hoy, ya consolidada como una figura del cine argentino capaz de resolver con idéntica eficacia papeles muy diferentes ( El fondo del mar, El aura, La patota, La cordillera), su presencia en los medios estuvo vinculada sobre todo a su profesión. Aunque también fue durante un tiempo –no tan largo, antes de convertirse en pareja del actor mexicano Gael García Bernal y en madre full time de dos hijos– una figurita repetida de las célebres vidrieras de las revistas orientadas a la vida nocturna y la frivolidad. Fue la época en la que salía a divertirse con los hermanos Julieta y Luis Ortega, y Carolina Fal, una colega que abandonó la profesión.

Precoz, Fonzi ya se ganaba su propio sustento a los 17, recién salida de un colegio privado irlandés de Adrogué. No pudo, de todos modos, escapar de la trampa del corralito, que la sorprendió a los cinco días de haber señado un PH en Capital. Pero salió a flote a fuerza de trabajo, hilvanando papeles en televisión y cine que le sirvieron para afirmarse: Disputas, Mujeres asesinas, Soy tu fan –ideado y producido por ella–, El campo (film por el que fue premiada en Málaga y nominada a un Cóndor de Plata).

Hace un tiempo, muy a tono con la época, Fonzi también se viene destacando como enérgica activista en diferentes causas: el feminismo y el reclamo por la despenalización del aborto, la campaña por la apostasía y también la política argentina. Basta con revisar su cuenta de Twitter para conocer más de cerca sus convicciones e inquietudes, expresadas generalmente con argumentaciones y franqueza.

Un mes atrás, junto con un grupo de colegas –Luisa Kuliok, Laura Azcurra, Jazmín Stuart, Anabel Cherubito, Julieta Ortega– Fonzi firmó, a pocos metros de la Catedral Metropolitana, su separación oficial de la Iglesia Católica, como forma de protesta por la rígida posición eclesiástica en torno a la interrupción voluntaria del embarazo. "Que la gente nos conozca es una herramienta que sirve para potenciar lo que queremos decir. Estamos amplificando lo que quieren decir muchas otras personas. Es muy emocionante la unión que existe hoy entre tantas mujeres. También tengo conciencia de que no se puede abarcar todo. Entonces no estoy en todas las luchas, estoy en las que puedo y las que me parecen más contundentes. Si estás en todas, no das el golpe en ninguna. El aborto fue un tema transversal. Todas aprendimos de todas, más allá de la orientación política de cada una. De repente tengo un grupo de amigas nuevas que nos bancamos, que reconocemos con claridad los roles de cada una y que nos organizamos", dice la actriz.

Dolores Fonzi en La cordillera, de Santiago Mitre

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Una referente crucial para Fonzi es Claudia Acuña, experimentada periodista, fundadora también del sitio lavaca.org. La conoció en la época en que estaba filmando La patota, de Santiago Mitre, y aprendió con ella que vale la pena poner el cuerpo en función de algunos reclamos. "Claudia me dijo eso y me abrió mucho la cabeza –asegura–. Me puso en contacto con mujeres de la política como Victoria Donda y Myriam Bregman para intercambiar opiniones. Y después se armó un grupo de WhatsApp de actrices. Las denuncias que movemos nosotras tienen mucha visibilidad, y eso es clave".

En medio de toda esa actividad militante, Fonzi también se las arregla para mantener el foco en su carrera profesional. Este año filmó en Montevideo El cambista, una película del uruguayo Federico Veiroj ( El apóstata, Acné) en la que también participaron Daniel Hendler, Luis Machín y Benjamín Vicuña. Fonzi encarna a lo largo de la historia del film a una misma mujer, pero en diferentes épocas: "A los 18, a los 28 y a los 38 –revela–, así que tuve que cambiar mucho mi fisonomía. Es una película muy particular, muy rara, ya van a ver. La pasé bomba haciéndola". También acaba de terminar de rodar, con Oscar Martínez, Diego Velázquez y la chilena Paulina García, el thriller Mandato, de Miguel Cohan ( Sin retorno, Betibú).

Aunque no reniega para nada de la televisión, Dolores tiene claro que son los tiempos del cine los que mejor se acomodan a su agenda familiar (tiene un hijo de 9 años y una hija de 7). Es lo que privilegia cuando imagina un futuro que, si todo sale como planea, será fuera de la Argentina. "En algún momento me voy a ir de este país –dice–. Tengo ganas de abrir un poco el panorama. No sé todavía bien dónde. Chile, México, España... Francia también me tienta, pero es más complicado por el idioma".

–¿Por qué pensás en mudarte al exterior?

–Este contexto político es un poco desmoralizante. Veo que mucha gente la está pasando muy mal y eso no me gusta. Yo no me puedo quejar porque soy una privilegiada, claramente. Pero está durísimo. En principio, es una expresión de deseo. Pero quiero focalizar ahí para que empiece a suceder. Igual, por suerte, también tengo varias propuestas para el año que viene, tanto en cine como en televisión, acá en Argentina. Y algunas en Chile.

"Este contexto político es un poco desmoralizante. Veo que mucha gente la está pasando muy mal y eso no me gusta", entiende la actriz
"Este contexto político es un poco desmoralizante. Veo que mucha gente la está pasando muy mal y eso no me gusta", entiende la actriz Crédito: ignacio Sanchez

–¿Creés que puede ser difícil para tus hijos adaptarse a vivir en otro país?

–Es la primera vez en mi vida que empiezo a considerar que si me sale una película en Francia, por ejemplo, me los llevo. Lo escolar no es tan complicado, creo que lo puedo organizar. Ellos van a estar mucho mejor conmigo, estemos donde estemos. Hoy no quiero perder la posibilidad de hacer películas que me interesan porque tengo que quedarme con mis hijos. Eso ya lo hice todos estos años. Ya no son tan chiquitos y les gusta viajar. Viajan mucho con el padre, de hecho. Si sale algo interesante, me los llevo y listo. Esto en el caso de trabajos puntuales. Pero no descarto instalarme en otro país.

–Acabás de cumplir 40 años. En la industria del entretenimiento hay una exigencia bastante cruel en torno a la imagen de las actrices que muchas veces las induce a recurrir a las cirugías. ¿Qué opinión tenés al respecto?

–Creo que eso va a ir cambiando. Los paradigmas de la belleza van a cambiar, sobre todo ahora, con el feminismo tan potente. Siento que las generaciones más jóvenes están mucho más desapegadas de esas presiones. Falta un montón, obvio. Pero empieza a ser mucho más atractiva una mujer inteligente y segura de sí misma que una mujer flaca y operada. A mí me gusta mucho comer, me gusta el vino, me gusta la buena vida (risas). Y no tengo un tema con la imagen, nunca lo tuve. No me creo mil, pero me siento bien conmigo. Hay un trabajo para hacer, que tiene que ver con romper ciertos paradigmas.

–¿Nunca estuviste pendiente de tu imagen?

–Me acuerdo de que cuando tenía 19, 20 años hice una nota para una revista, vestida medio provocativa, y Ana María Picchio me dijo: ‘Nunca más hagas algo así. ¿Quién sos? ¿Quién querés ser?’. Entonces me di cuenta de que me había dejado manipular. Por suerte tenía una amiga como Anita, con más experiencia, que me ayudó a entender rápidamente que aquello que importaba era lo que yo quería hacer, no lo que el otro quería que yo haga. Eran otros los que estaban pendientes de mi imagen, los que querían usarla.

–¿Qué evaluás cuando te ofrecen un papel?

–Si no hay mucho trabajo y me ofrecen un guion que no me interesa tanto, lo acepto igual. Hay que laburar... Salvo que venga de hacer tres películas seguidas y tenga plata como para estar tranquila. Pero es difícil que suceda eso. El actor vive un poco al día. Yo no tengo ahorros. Justamente porque trato de no hacer todo. Obviamente, ganó mucho más que un médico y un maestro, sobre todo porque en la Argentina es una vergüenza lo que cobran un maestro o un médico de un hospital público.

–¿Qué opinión tenés de este Gobierno?

–Me sorprendí muchísimo con la llegada de Macri al poder, no me lo imaginaba. Y es mucho peor de lo que esperaba. A mí lo que me importa es que estemos bien como país. Cuando ganó Macri dije ‘bueno, okey, ojalá salga todo bien’. Pero es un desastre. La cultura, la salud, los maestros... Todo está cada vez peor. Espero que al menos nos sirva para reflexionar. Dentro de un año volvemos a votar. Tenemos que ser conscientes de lo que estamos pasando.

–¿Tenés la expectativa de que salga la ley de interrupción voluntaria del embarazo en Argentina?

–Uruguay es un ejemplo para tener en cuenta. Hubo una larga lucha inicial con muchas voces en contra, después la ley fue aprobada por la Cámara de Diputados y no pasó la Cámara de Senadores. Después los senadores la aprobaron y el presidente Tabaré Vázquez la vetó. Y recién después de todo eso se aprobó. Es un ley que va a salir. Capaz que en cinco o diez años... Están alargando la agonía, pero es una batalla ganada. Siento eso cuando veo el pañuelo verde en las carteras de un montón de mujeres. Los viejos paradigmas van cayendo de a poco. Vamos hacia una sociedad más igualitaria y menos reprimida, con un protagonismo mayor de las mujeres. Todo depende de la energía y el deseo que tengamos.

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