Dos discos para encontrar

Mauro Apicella
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5 de abril de 2015  

Muchas veces, en el folklore, el jazz y el rock las voces que más gustan son las que tienen alguna particularidad. Son estridentes o demasiado dulces, roncas o aterciopeladas. Incluso afectadas. El color influye mucho en el gusto popular. A veces, ni siquiera importa si lo que cantan se entiende del todo o si una hermosa melodía la transforman en la alternancia monótona de dos notas. Si la intención está bien puesta frente al micrófono y se impone expresividad, el recurso técnico pasa a un segundo plano.

Pero también están las voces que no demuestran señas particulares notorias, pero cuidan la palabra y las notas, irradian belleza desde la claridad, desde el buen cantar, desde la correcta instrumentación. Los nuevos discos de Georgina Hassan (Tornasol) y Agustina Paz (Yugo) son ejemplos de esta clase de cantantes (y, además, en este caso hay que decir cantautoras).

Hassan se mueve en el terreno de la música popular que se arrima a lo folklórico. Paz, a pesar de que acredita aproximaciones al huayno-pop, es una intérprete y compositora de música pop a secas. Su nueva placa, Yugo, es una experiencia superadora de la anterior. Puede ser que el toque aniñado de la voz de Paz sea la particularidad de su garganta, pero en el contexto de este disco es, más bien, el tono justo para el tipo de canciones que se lanzó a componer. Hay algunas que podrían tener destino de hit, por sus melodías pegadizas o frases más livianas; hay otras que, en la austeridad instrumental y los arreglos, alcanzan los mejores momentos del CD. En temas como "Vals", "Cuervos" y "Colibrí", su pericia pianística siempre se pone de su lado. Yugo es un disco pop con todas las letras, que suena simple, literal y romántico y, a la vez, está plagado de bellísimos detalles.

Tornasol es un poemario y un disco de diez canciones donde todo convive armoniosamente: los versos y los temas escritos por Hassan, las ilustraciones, las músicas y los arreglos. Sólo por dar una referencia, Hassan da una mirada femenina en la línea compositiva de Jorge Fandermole. Cuenta historias y, también, busca la potencia descriptiva.

También escribe en portugués e interpreta. Esa parte no es su fuerte, pero consigue que alguna de esas canciones se luzca en la voz de invitados como Vitor Ramil. El resto es la muestra clara de esa voz diáfana, de un grupo de músicos que muy bien la acompaña (esto incluye a los invitados) y de buenas canciones; las de Georgina y las que no le pertenecen y suenan bien en este Tornasol. Por allí aparece "El Pájaro", de Lhasa de Sela, para cerrar el álbum.

Cada una en su rubro, los discos de Georgina y de Agustina son exquisitos en los detalles: en los cuidados arreglos, en algunos trazos melódicos, en el apego que tiene cada una al lenguaje elegido, en el refinado arte de tapa, que seguramente no llamará la atención en ninguna batea. Probablemente sean dos discos que no se encuentren así nomás. Pero valdrá la pena buscar.

Georgina Hassan

Tornasol: Azul de la mañana, Zurcir, Enquanto isso, Solo por miedo, Un arrullo, El sol se va poniendo y otros. (Independiente).

Agustina Paz

Yugo: Víctima, Aguacero, Sí, quiero, Salitre, Soledad, Je suis perdue, Aire de Montaña, A veces, Fobias, Vals y otros. (Independiente).

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