Dos ejemplos: París y Londres

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30 de marzo de 2000  

LONDRES.- Los teatros europeos dependen cada vez menos del apoyo estatal para volver a hacerlo desde dos factores a los cuales deben históricamente su existencia: la astucia de sus empresarios y el auspicio de sus mecenas.

La situación en Londres, por ejemplo, no es muy distinta de la que existía en la época tan bien descripta en la película "Shakespeare apasionado". Su más famoso teatro lírico, el Covent Garden, hogar del Royal Opera Ballet, no recibe un solo penique de las arcas londinenses.

Las inversiones de capital (como la construcción de su nueva extensión) son solventadas con fondos de la Lotería Nacional; el mantenimiento del edificio y algunos de los emprendimientos artísticos dependen de "becas" (grants) de la Comisión de Arte de Inglaterra (el órgano estatal encargado de dar subsidios a todas las artes en Inglaterra), mientras que la puesta en escena y la contratación de grandes figuras están supeditadas en más de un 90 por ciento a donaciones de corporaciones y la comercialización de productos propios (entrada a su Museo de la Opera, venta de souvenirs, etcétera).

En Francia, donde suele defenderse con uñas y dientes el papel de padrinazgo del Estado, las cosas no son muy distintas. La municipalidad parisiense destina a lo que se conoce como el Teatro de la Opera una subvención anual de 89 millones de dólares de un presupuesto total de 139 millones. Pero esto incluye el mantenimiento de dos teatros (Bastille, destinado a la ópera; Palais Garnier, al ballet), la Escuela de Danza, el Centro de Formación Lírica, el Coro de la Opera de París y la Orquesta de la Opera de París, cuyo director artístico es el argentino Daniel Barenboim.

El resto de los fondos los obtiene mediante lo que llama "recetes" (38,72 millones de la venta de entradas, alquiler de salones, etcétera) y donaciones (cinco millones de dólares). Todo este complejo cultural cuenta con 199 efectivos administrativos permanentes, 687 técnicos, 564 artistas y 600 contratados temporarios de todas las áreas. Un 46,3 por ciento está destinado a salarios.

Otros respaldos

París cuenta con otros cuatro teatros dramáticos municipales, pero sólo subvenciona y gestiona uno, el Théâtre de la Ville (antiguo Teatro Municipal Popular). A él destina 10,5 millones de dólares anuales. El ejemplo más ilustre de teatro de repertorio es la famosa Comédie Française, que funciona exclusivamente en el ámbito nacional. El Estado francés cubre un 75 por ciento del total de su presupuesto con una subvención anual de 22,8 millones de dólares.

Está integrado por 34 actores conocidos como "societaires" por estar ligados al teatro por 10 a 30 años, así como 29 "pensionnaires" (ex "societaires" que continúan trabajando bajo contrato). El resto de los artistas -generalmente no más de una decena- es reclutado con contratos de un año, renovables. El salario promedio de un actor de repertorio es de 35.000 dólares al año.

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