El bazar pop de Amor Elefante

Con cuatro discos y diez años de carrera, sus canciones pasaron de la costilla tierna del romance a las oscuridades del duelo. Su último álbum es un manual de vuelo para separarse sin lastimar de más
Con cuatro discos y diez años de carrera, sus canciones pasaron de la costilla tierna del romance a las oscuridades del duelo. Su último álbum es un manual de vuelo para separarse sin lastimar de más Fuente: RollingStone - Crédito: Gustavo Sancricca
José Totah
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8 de enero de 2020  • 17:10

Las chicas de Amor Elefante tocan últimas este martes en el festival Dilda Feminista. Dos de sus integrantes, Inés Copertino y Rocío Roki Fernández, están en el escenario del boliche de Almagro desde temprano, en los teclados y la batería de su banda paralela, llamada Susi Pireli. La tercera elefanta, Rocío Bernardiner, mira el show desde el público, abrazada a una cerveza de litro y armando un cigarro mientras suena una versión deforme de "A canto da cidade", himno fiestero-noventoso de Daniela Mercury. Muy cerca merodea la cantante de Los Rusos Hijos de Puta, Luludot Viento, "la rusa", que convida tragos en su vestido plateado mientras espera subir con Hienas, su dúo de punk.

Las dos Rocíos y Copertino, junto a Andrés Merlo (que no toca en esta ocasión porque el festival no permite machos en la tarima), forman Amor Elefante, uno de los grupos más interesantes del indie argentino en este último tiempo. Con diez años de carrera, tienen cuatro discos al hombro, un par de giras por Europa y Estados Unidos y, sobre todo, siguen apostando a un molde de canción pop delicada, moderna y perfeccionista.

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Se dijo mil veces que las bandas indie lanzan dos discos muy frescos cuando empiezan: el primero suena casi siempre horrible, con una o dos canciones que anuncian cierta épica; recién el segundo es lo suficientemente bueno para augurar una consagración mediana que, entonces sí, invite al sano autoboicot y a la separación en malos términos. En el caso de Amor Elefante, nada de esto pasó porque, en principio, nunca tuvieron un disco malo.

Alineadas en una escena de grupos de zona sur del conurbano, que se cocinó desde fines de la década pasada a esta parte, casi contemporáneas de Los Reyes del Falsete, lanzaron su primer disco, Amor Elefante, en 2011. Desde el vamos quedó claro que iban a encarar el pop con mirada mutante y minimalista, con mucha data de afuera y un "modo Radiohead" de destripar el género. Las letras tenían un toque tierno y hablaban de meriendas dulces con muffins y pan francés (¿hay algo más lindo que merendar cuando se está enamorado?).

El amor era algo liviano, sin dobles intenciones, con estética femenina en los detalles, aunque por entonces parecían alejadas de cualquier proclama en términos de batalla cultural. "Somos tres lesbianas. Ser feminista es mucho más que la letra de una canción y nosotras no tenemos que proclamar nada; ya está todo dicho por nuestras acciones, por la vida que tenemos, por cómo somos arriba y abajo del escenario", define Rocío Bernardiner, cantante y guitarrista, mientras toma una Coca en el bar céntrico Los Galgos, un viernes a la tarde, tres días después del show de Almagro.

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Rocío es la primera que entra al viejo bar de Callao y Lavalle. Roki, la batera, avisa que ya está llegando. Inés Copertino, la tecladista, escribe por WhatsApp que se quedó encerrada en su casa. En el grupo es una picardía interna que a Inés siempre "le pasen cosas" para llegar invariablemente tarde. Bernardiner trabaja como profesora de Artes Visuales, Fernández es musicoterapeuta e Inés cursa Composición en la Universidad Nacional de Quilmes.

La primera fecha de Amor Elefante fue el 10 de junio de 2009. Hicieron cuatro temas, invitadas por Luciano Gagliesi, entonces guitarrista de Familia Costa. Tenían sólo dos ensayos encima y cada una venía de un palo distinto: Bernardiner tocaba la viola en un grupo llamado Mic y Mouse y ya iba a ver a Los Reyes del Falsete y Diosque; Roki Fernández había sido baterista de una banda grunge; y Copertino tocaba en las fiestas retro Plop.

Se conocieron por MSN, cuando la gente todavía se encontraba por ahí. Rocío tenía canciones propias subidas a MySpace y un amigo de ella, que conocía a Roki de escucharla ensayar en su sala, le comentó de una batera muy buena. "Le escribí por Messenger y, un tiempo después, cuando nos conocimos, me dijo que le parecí medio boluda por chat porque siempre le mandaba un emoticón con la misma carita. También me contó que se imaginaba que yo era rubia, porque mis viejos vivían en un barrio medio cheto de Banfield", se acuerda Bernardiner.

El trío se completó cuando, también vía MSN, cayó Inés, que se presentó como "guitarrista de medio pelo", aunque en verdad su instrumento madre era el teclado. Rocío quedó fascinada cuando le pasó los acordes de "Desayuno un poco", del primer disco, e Inés se calzó la guitarra y tocó la canción con la rítmica original, sin haberla escuchado antes.

Con la química alineada, aceptaron ese primer show con Familia Costa. Inés puso cinta de papel en la guitarra para acordarse de donde poner los dedos. Y nunca más dejaron de tocar. "Todos los fines de semana, sin filtro, y ensayando siempre", coinciden, ahora las tres juntas en la mesa, porque casi al mismo tiempo llegan Inés y Roki. En esos primeros años compartieron escenario con bandas como Valentín y los Volcanes y Mi amigo Invencible; luego con Los Besos, Isla Mujeres, Las Ligas Menores y Paula Maffia, entre otras.

A Roki se la nota atribulada. Acaba de salir de su clase de batería y está en un momento de frustración con el instrumento. Se siente en una "comodidad" de la que no puede salir. "Veo todo muy drástico", avisa. "Me encajeto, pero yo soy en Amor Elefante, me potencio en la banda", aclara.

Roki e Inés son las más estudiosas del grupo ("las más ensayadoras", confiesa Bernardiner) y también las más fierreras, porque siempre están pensando en conseguir pedales y chirimbolos varios en la búsqueda de nuevos sonidos.

De aquel primer disco saltaron a Parque Miñaqui (2012), siempre de manera independiente, y siguieron con la misma política de tocar sin filtro, desde los cumpleaños de las mamás de Inés y Rocío hasta la inauguración de una vinería en Salto, provincia de Buenos Aires. "Nos metieron en un hotel 'casi cinco estrellas', así decía el que nos llevó", se ríen hoy.

Con el plan de no parar un segundo, se fueron a Europa, en principio a tocar en el casamiento de unos amigos en Italia. Siguieron viaje y consiguieron fechas en Colonia, Berlín, Londres y Ámsterdam. De esa gira -el "Viishnu" Tour, nombre del EP de 2016- hay un video en YouTube en el que tocan en una terraza de la capital británica, bajo la lluvia, mientras tres hombres les sostienen los paraguas.

A nivel musical, se empezó a sellar a fuego el estilo del grupo: las voces de las dos Rocíos, armonizadas entre los agudos de la batera y los graves de Bernardiner. Influencias admitidas "de Roxette a Hilda Lizarazu, Gilda, Violeta Parra, Sandra y Celeste y las bandas de nuestrxs amigxs" y una búsqueda rítmica sofisticada, dentro del pop, más una forma de hablar del amor que arrancaba en el idilio -las meriendas, los desayunos fabulosos- y se estrellaba en la tristeza del final, el duelo, que testimonia bien el disco publicado este año.

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El sucesor de Parque Miñaqui y el EP Viishnu fue el disco bisagra de la banda: Oriente (2017). El álbum estaba pensado para salir el año anterior, pero la separación de Rocío y Roki, que eran novias desde 2010 y vivían juntas, demoró el proceso.

Oriente ya acreditaba un toque aggiornado que no tenían los trabajos anteriores, con un cambio en la instrumentación: Copertino dejó la guitarra y tomó el mando de los sintetizadores. El grupo se transformó en cuarteto, con la incorporación de Andrés Merlo, a quien un colega suyo bautizó como "el segundo mejor bajista del mundo" (no se sabe bien quién sería el primero). "El lugar que me toca en la banda es de aprendizaje constante en un contexto que me permite ser testigo de un movimiento que nace de la necesidad de igualdad y respeto. Me considero afortunado de conocer a las chicas, de aprender todo el tiempo con ellas, acompañarlas con mucho cariño y empatía desde ambos lados. Como músicas y personas, son increíbles. Las conocí compartiendo fechas con una banda en la que yo tocaba, hace como siete años. Apenas las vi, me enamoré de ellas, me convertí en un gran fan", cuenta Merlo.

Con la formación completa, entraron en juego nuevos elementos dentro del universo de la canción folk pop, como el coqueteo con ritmos tirando a caribeños, en la canción "Me fui". "En Oriente nos terminamos de ensamblar como banda", opina Copertino.

El disco tiene un par de hits anunciados, como "No me inspira" y también "Qué raro que me siento", una versión de "La resaca de tu amor", temazo de Malafama, sobreviviente de la cumbia villera de 2001. Según cuentan, Hernán Coronel, cantante de Malafama, las vio en la tele, tocando en un programa del canal Encuentro, y les mandó un mensaje por Facebook. El cumbiero les decía que no estaba motivado para escribir canciones y les tiraba la onda para que tocaran una de él. "Además nos dijo que hiciéramos temas con letras simples, que la gente pudiese tomar, que todos pudiesen entender. Eso nos re pegó", afirman.

En el último disco, Billetes falsos, de 2019, ya hay una presencia más instalada en la lucha feminista. La tapa misma es la cara de una persona de género no binario, con un ensamble entre los rostros de los cuatro integrantes de Amor Elefante. "Tocamos en festivales feministas y de las disidencias. Lo que no decimos en las letras lo decimos en nuestras acciones, aunque yo creo que la lírica también tiene un contenido feminista, tal vez no tan explícito, porque son temas hechos por mujeres que muchas veces le cantan a otra mujer, y ahí ya estás diciendo un montón de cosas", explican.

Este último disco se editó en forma independiente, con Ezequiel Kronenberg (Lucas Martí, Rosal) como ingeniero de sonido y fue grabado gracias a un subsidio del Instituto Nacional de la Música (Inamu). "Siempre necesitamos algo de afuera que nos organice", reconocen.

En marzo del año pasado Amor Elefante viajó a Estados Unidos para participar del influyente megafestival South by Southwest (SXSW), que se hace en la ciudad tejana y musical de Austin, y aprovecharon también para tocar en Los Ángeles.

Si Oriente era el preludio de la separación, Billetes falsos transmite la sensación de tierra arrasada, con canciones desgarradoras como "Corriente", con una letra onírica que dice: "La corriente de un río me está llevando... no puedo dejar eso que sentí, pero esa mañana de sábado me fui. No sé si desperté y te vi y me asusté, porque yo sentí que no estabas ahí".

Por momentos el disco es una llaga abierta con sal, la destrucción de la merienda y los muffins de antaño, que ceden a los pases de factura y a rogar que la tristeza acabe rápido, como sea: "Solo quiero atravesar este momento. Es difícil de aceptar que traicionamos nuestro amor" (de "Iglesia flamenco").

Lo curioso de Amor Elefante es que casi cualquier otra banda del universo se hubiese disuelto después de una ruptura sentimental entre dos de sus integrantes. En este caso prevaleció una amistad profunda de tres mosqueteras, que se nota mucho en el escenario. De hecho, pueden estar cantando letras tristísimas del último disco y mirarse con cariño, refugiadas en una fortaleza de intimidad que solo ellas parecen comprender. "Las cosas son medio como nos salen, nos guiamos por la intuición", dice Roki.

Dos días después de la entrevista en el bar, Amor Elefante participa en el Festival de Arte Queer (FAQ) organizado en la calle por Casa Brandon. Antes de tocar "Corriente", Roki pide al público: "Si hacen silencio van a poder aprovechar porque esta canción es un lento de lesbianas". La gente escucha atenta los ruinosos términos del fin del contrato amoroso.

Y aquí aplica muy bien la letra de "Guinness", el quinto tema de Billetes falsos: "No sé si está bien armar un podio de un solo escalón, un Guinness de lo que pudimos ser". Es cierto, quizá un único escalón no alcance para formar un podio, pero no hay duda de que Amor Elefante va camino al Guinness, al menos al Guinness de lo que podría ser.

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