El cine que no nos muestran

A la Argentina llega menos del 5 por ciento de la producción mundial. Entre los ausentes de la pantalla hay grandes directores.
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24 de octubre de 2000  

Mucho se ha dicho y escrito acerca de la saludable apertura en la oferta cinematográfica de la cartelera porteña, que se consolidó en los últimos tres años. Sin ir más lejos, el jueves pasado se estrenaron diez films, de los cuales apenas tres son estadounidenses.

Pero, más allá de que la conformación de un pequeño circuito para películas de arte permitió el estreno comercial de excelentes films de orígenes tan diversos como Japón, Dinamarca, México o Irán, lo cierto es que Buenos Aires (y mucho más las ciudades del interior) todavía está bastante lejos de alcanzar el status de capitales del cine mundial que sí ostentan París, Nueva York, Los Angeles o Londres.

En el terreno aritmético la cuenta es muy sencilla: los cines argentinos reciben menos del cinco por ciento de la producción mundial. Según estadísticas de Screen Digest, en 1999 se realizaron más de 5000 largometrajes en todo el mundo, mientras que en los cines argentinos se estrenaron apenas 256 títulos.

Si bien las programaciones del video hogareño, las señales de cable y de los festivales de Buenos Aires y Mar del Plata son muy ricas en películas que no pasaron por las salas locales, los cinéfilos argentinos están lejos de conocer una porción considerable de la oferta internacional.

Mientras que el cine de la India, primer productor mundial con 764 films en 1999, sigue siendo prácticamente desconocido en la Argentina, tampoco se conoció aquí una parte importante de lo realizado por fuertes exportadores, como los Estados Unidos (628 películas) y los países de la Unión Europea (706 largometrajes). Ni qué decir, entonces, de la ausencia casi total de los 270 títulos japoneses, los 220 filipinos, los 146 hongkoneses o los 85 chinos que se rodaron durante 1999.

Pero si en el nivel numérico el saldo no es demasiado favorable, todavía peor resulta la cuestión en el artístico: varias de las joyas de los años 90 no llegaron o lo hicieron con marcado retraso a las salas nacionales.

En este sentido, un buen parámetro del estado de las cosas es la encuesta que realizó Village Voice, prestigioso semanario gratuito de Nueva York, entre los 60 críticos más influyentes de los Estados Unidos para elegir las películas más importantes de la década del 90.

El mejor film resultó "A salvo" ("Safe"), del norteamericano Todd Haynes, que aquí apenas se exhibió un par de veces en el cable. Dentro de los diez film más votados aparecen también "La caída de los ángeles", del hongkonés Wong Kar-wai, que se editó directamente en video; el largometraje húngaro "Sátántangó", de Béla Tarr, que permanece inédito, y "Flores de Shanghai", del taiwanés Hou Hsiao-hsien, que sólo tuvo un par de perdidas proyecciones en el Festival de Mar del Plata.

Precisamente, Hou Hsiao-hsien fue elegido el director más importante de la década pasada, pero en la Argentina es un virtual desconocido. Lo mismo ocurre con otros de los preferidos: de la francesa Claire Denis apenas se conoció uno de sus films más flojos, como "Nenette y Boni"; mientras que de su compatriota Oliver Assayas, otro top-ten de la lista, sólo se presentó en el marco del Festival de Buenos Aires "Fines de agosto, principios de septiembre".

Pero ni siquiera hay que hilar tan fino para encontrar los grandes ausentes de las pantallas argentinas. Las más recientes películas de autores consagrados (y alguna vez favoritos del público porteño) como los franceses Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Claude Chabrol y Alain Resnais, el alemán Wim Wenders, el ruso Nikita Mikhalkov, el japonés Nagisa Oshima, los canadienses Atom Egoyan y David Cronenberg, el inglés Peter Greenaway o los estadounidenses James Ivory, Abel Ferrara y Spike Lee, por nombrar sólo algunos, no fueron lanzados comercialmente en el país.

Y, de no ser por el "atractivo" comercial extra que -paradójica y tristemente- significó la muerte del gran Vittorio Gassman, seguramente un film como "La cena", que el emblemático director italiano Ettore Scola había rodado hacía ya dos años, tampoco habría llegado al circuito comercial.

Sobre gustos

Pascual Condito, dueño de la distribuidora Primer Plano, y Luis La Valle, titular de la compañía Eurocine, son dos de los principales responsables de la citada apertura hacia las cinematografías periféricas, de la creciente diversidad que se aprecia en la cartelera local. Pero, más allá de sus gustos personales, suelen guiar sus compras a través de criterios comerciales bastante estrictos.

Condito, que estrena unos 30 títulos por año y consiguió sorprendentes éxitos comerciales con films como "El sabor de la cereza", del iraní Abbas Kiarostami, o "Recursos humanos", opera prima del francés Laurent Cantet, indicó a La Nación que "a partir de las películas que son premiadas en festivales o son apoyadas por los críticos se conformó un target para el cine de arte que, en la mayoría de los casos, es de entre 3000 y 30.000 personas, con ciertas películas que, como "La celebración" o "Buena Vista Social Club", pueden alcanzar picos de 150.000 o 200.000 entradas vendidas por el interés de su temática o la calidad de sus realizadores".

Según Condito, "no importa tanto el origen de un film, sino su contenido. La idiosincrasia del público argentino hace que funcionen mejor las historia sensibles, optimistas. Los films desgarradores, desesperanzados, como "El río", "La humanidad" o "El cartero enamorado", o aquellos que superan las dos horas y media de duración, como "El tiempo recobrado", no alcanzaron a cubrir ni siquiera los costos de lanzamiento, por más que tengan una salida acotada y el favor de algunos críticos".

Por su parte, La Valle, un empresario con 34 años de experiencia en el negocio que esta temporada lanzó películas tan diversas como "Dulce y melancólico", de Woody Allen; "Psicópata americano", de Mary Harron, o la mexicana "Amores perros", opinó que "el gusto del público argentino va cambiando continuamente, pero siempre hay espacio para géneros juveniles como el terror o las sátiras colegiales, para la comedia romántica, para historias de época o para adaptaciones de novelas exitosas, como la que hizo Arturo Ripstein con "El coronel no tiene quien le escriba". Lo que sí puede asegurar es que el cine banal, vacío, basado en fórmulas, no interesa".

Esfuerzos personales

Tanto La Valle como Condito, ambos de origen italiano, coinciden en que, más allá de los humores sociales y de las estrategias comerciales, muchas veces han perseguido películas porque sienten la necesidad íntima de compartirlas con el público. Así, La Valle siguió durante diez años los pasos de "Cristo se detuvo en Eboli", de Francesco Rosi, y Condito hizo lo propio durante cuatro intensos años hasta poder conseguir "Lamerica", de Gianni Amelio. Está claro que a veces son los esfuerzos personales los que mantienen viva la presencia de cierto cine en las salas argentinas.

Para evitarse problemas

  • Más allá de las posibilidades comerciales de cada película, hay casos como los de "Yo te saludo María", de Jean-Luc Godard, o "La última tentación de Cristo", de Martin Scorsese, que no llegaron a los cines por presiones o por temor a la controversia pública que sus polémicos contenidos podían desatar. Algo similar ocurrió este año con "Dogma", la exitosa sátira religiosa del ascendente director estadounidense Kevin Smith ("Cajeros", "La otra cara del amor"), que no se exhibió en las salas argentinas. De Scorsese tampoco se estrenó aquí "Kundun".
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