El derecho al qué me pongo

En un colegio neoyorquino, los alumnos se rebelan contra el código de vestimenta y protestan en shorts
Al Baker
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13 de junio de 2012  

NUEVA YORK (The New York Times).- La primera insinuación de rebelión salió de la boca de Hao Yang, de 17 años, mientras practicaba un baile de salón fuera de la Stuyvesant High School, con los primeros rayos de sol proyectando una larga sombra de una pareja de baile perfecta sobre la pared de atrás.

"Es miércoles promiscuo", dice Hao, estudiante del último año, de Brooklyn, que irá a la Carnegie Mellon University a estudiar Ingeniería en Electricidad.

"Hoy."

En minutos, una manifestación se materializa en West Street, en el Lower Manhattan, frente a Stuyvesant, uno de los colegios secundarios públicos más prestigiosos de Nueva York: decenas de vertiginosos estudiantes, la mayoría salidos de estaciones de subte cercanas, se reúnen en masa bajo un árbol.

Algunos se quitan los buzos, revelando remeras sin mangas, algunas con tiras muy finas. Un chico se sube al árbol, se saca los pantalones y queda en shorts, enrollando inmediatamente los dobladillos para acortarlos aún más.

Hay papeles dispersados, algunos con el mensaje Re-vestir el código de vestimenta, otros impresos con la guía de vestimenta de la escuela, pero tachada con una gran X roja.

Prohibido el mal gusto

Lo que la gente está viendo, explican los alumnos, es sólo algo de vapor que se escapa de su descontento, a fuego lento, con el código de vestuario que Stuyvesant adoptó recientemente para combatir algunos estilos de vestir que la dirección estima inaceptables.

Una regla dice que cualquier frase o ilustración en la ropa debe ser de "buen gusto". Otra aclara que los shorts, vestidos y faldas deben extenderse al menos hasta superar las puntas de los dedos con los brazos extendidos a los costados del cuerpo. Una tercera prohíbe la exposición de "hombros, ropa interior, estómago y zona lumbar".

Pero las reglas trajeron olas de objeciones por parte de los estudiantes, particularmente ahora que llegó el clima veraniego y, como muchos indican, el aire acondicionado de la escuela no es muy efectivo.

Aún antes de la protesta, los estudiantes ya habían publicado sus quejas en foros online y en The Spectator, el periódico escolar, donde muchas chicas expresan que las reglas y su aplicación fueron desproporcionadamente apuntadas a ellas. También se quejaron de una solución que los directores desarrollaron para los que violen las reglas: obligarlos a usar remeras grises enormes.

A Madeline Rivera, de 18 años, alumna del último año, las reglas le parecen arbitrarias y que el personal de la escuela parece ir detrás de ciertas "formas de cuerpo", señalando en particular a chicas con "más curvas".

"Es una doble moral", sigue Rivera, con una falda larga hasta donde cuelgan sus muñecas y una remera con breteles finos debajo de un buzo. "Voy a sacarme este buzo y mostrar mis hombros."

Cuestión de comodidad

El director de Stuyvesant, Stanley Teitel, se niega a hablar de la política de vestuario y de la protesta, que involucró a cientos de los 3300 alumnos de la escuela. Pero los alumnos participantes dicen que no se han tomado medidas en contra ni hubo distribución masiva de remeras grises, lo que sugiere que la escuela los deja jugar su juego.

Varias escuelas tienen códigos de vestuario, dice Marge Feinberg, vocera del Ministerio de Educación, indicando que algunas incluso tienen uniformes. Valerie J. Reidy, directora de la Bronx High School of Science, otro colegio de elite, comenta que hubo un código de vestuario "bastante extenso" y que existió por escrito "al menos por 15 años".

Para ocasiones en que los alumnos violan estas reglas, Reidy explica que tiene algo de ropa a mano -una remera, un buzo o pantalones-. El martes obligó a un alumno a dar vuelta su remera y ocultar un logo que ella estimó ofensivo: una jarra de cerveza.

La mañana de la protesta, fuera de Stuyvesant, los alumnos dijeron tener el apoyo de sus padres y ofrecieron fundamentos de su protesta. "Se llama Miércoles Promiscuo para simbolizar que realmente no somos promiscuos", dice Benjamin Koatz, de 18 años, alumno del último año en Queens, al que muchos alumnos le atribuyen el haber ayudado a organizar el evento vía Facebook y otros medios sociales.

Momentos después, Koatz salta sobre una pared de cemento, con las ramas del árbol arriba de él, y da órdenes de último momento como si fuera un general ante una ciudad sitiada. Dice que los alumnos deben mantenerse unidos en caso de que alguien sea "detenido". Y sugiere respuestas que se deberían dar al personal: "Es una cuestión de comodidad", "En Nueva York es legal hacer topless", "Pensé en vestirme un poco más conservadoramente" y "Yo soy así, así que acéptenlo".

A las 7.45, los estudiantes se dirigieron desde un puente peatonal que cruza West Street hacia las puertas del colegio. Ahí mismo, en West Street, había gente trotando y madres paseando a sus bebes, algunos con shorts elastizados y remeras cortas con la panza al aire. "No estamos desnudos", dice Andreas Petrossiants, de 17 años, que marchó usando una remera ajustada y shorts. "Esto es aceptable según los estándares sociales."

Joel M. Winston, profesor de tecnología, comenta que las reglas en cuanto a la ropa no le parecen demasiado agobiantes y sugiere que algunos profesores podrían también vestirse mejor. Winston dice que la cultura y los padres son los culpables.

A pesar de la protesta, dice que ha habido muchos días, sin ningún evento organizado, en los que vio a los alumnos vestirse más escandalosamente.

"Hoy están mejor vestidos que la mayoría de esos días", se ríe.

Traducción: Nina Plez

Por: Al Baker
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