El desafío de Carnota

Recitales del guitarrista y compositor folklórico Raúl Carnota, acompañado por Juancho Farías Gómez (bajo eléctrico) y Juancho Perone (percusión). Invitados: Chango Spasiuk, Martín González, Mono Fontana, Mono Izarrualde, cuarteto de cuerdas con arreglos de Popi Spatocco y grupo de candombe. Sala A-B del Cultural San Martín. Nuestra opinión: bueno .
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29 de marzo de 2000  

No siempre se muestra capaz un cantautor de evadir aquellos lugares comunes a su propia obra que, cuando son trascendidos por la inspiración y el talento, suelen convertirse en lo que se llama estilo.

Carnota trata de acercarse a esa meta mientras va dando pruebas de originalidad en la concepción de su temática de inspiración folklórica.

El guitarrista y compositor del barrio porteño de Almagro ha conquistado, por algún milagro genético, o por puro empecinamiento, la condición de hijo putativo de Santiago del Estero. Al menos lo será por esa fruición suya de darle con la chacarera. Ahora bien, cómo intuyó el paisaje natural y humano -el monte santiagueño- y las cadencias tan propias e intransferibles de una provincia es uno de los misterios que rodean a un creador atípico, como Carnota. En todo caso, sus intuiciones y percepciones del alma santiagueña y norteña se podrían designar como aproximaciones o tentativas.

Presentación

A partir de ellas ha elaborado Carnota su disco Fin de siglo (tras unos cuatro años de ausencia del CD), cuyas canciones presenta en esta sala donde la acústica puede jugarle una mala pasada al más pintado.

El sonido no es, por tanto, el más adecuado a la propuesta -si bien eléctrica- de Carnota. Porque es, una vez más, el sonidista que se entusiasma con las bombas de estruendo del bajo. La consecuencia acústica es que el bajo derriba y traga, implacablemente, todo: letras, arreglos, climas.

Un introito despojado, de vidala, muestra uno de los costados más claramente melódicos de Carnota (como lo es su "Grito santiagueño") y su capacidad de mimetizarse con los acentos del Noroeste Argentino.

Pero enseguida sobrevendrá el ritmo predilecto del cantautor: la chacarera, con la primera "La de lejos".

Habrá gatos, un chamamé, un par de zambas, un milongón y hasta una curiosa habanera, pero la guitarra eléctrica de Carnota marcará, contundente en sus latigazos, un pulso próximo a los giros del ritmo santiagueño.

A veces se intuyen letras inspiradas que se cuelan por entre los resquicios estrepitosos del bajo.

Carnota cultiva un melodismo desafiante. Melodismo anguloso de insólitas resoluciones que trepan por escarpadas sendas modales y pentatónicas. La temática musical de Carnota es ardua para el oído que quisiera llevarse, prendido en la memoria y el corazón, alguna melodía entrañable. Quizá como ninguna, se niega su fantasía a los convencionalismos, a las concesiones demagógicas. Pero ese mismo rigor, hecho más de búsquedas que de hallazgos, lo coloca en la aridez desoladora de los trazos.

La música popular no pide atonalismos sino algún cable a tierra, algún rasgo perceptible. Como el que muestra la percusión de Juancho Perone, que desgrana mil toques y sutilezas para los ritmos de la tierra.

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