El desafío de los teatros

Leopoldo Federico
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30 de noviembre de 2013  

En los últimos cuarenta años, desde la época de los musicales de Canaro en la calle Corrientes y de Marianito Mores que al tango se le complica llegar a los teatros.

Que un muchacho joven como Ardit se mande semejante patriada es todo un desafío, pero a la vez tiene las condiciones para hacerlo. Es el típico chansonnier de orquesta, que para mí no se parece a nadie, ni a Floreal Ruiz ni a Goyeneche, que es lo que se suele escuchar, y eso que escuché muchos cantores de aquellas gloriosas décadas del cuarenta y cincuenta, cuando los sábados y domingos las carteleras de los bailes no daban abasto. Ardit es un cantor muy afinado y que todavía tiene mucho tiempo por delante para ser una gran figura porque reúne todo. Es muy discreto arriba del escenario. Es de los cantores que se paran delante del micrófono sin hacer alarde de nada. Lo que hace, lo hace muy bien.

Eligió un repertorio de tangos hermosos que ha decidido reflotar de la época gloriosa del tango. También me encanta como escribe su director musical, Andrés Linetzky, con arreglos que no son complicados y que son acordes a ese repertorio de la orquesta típica que me tocó vivir de cerca.

Les deseo que tenga toda la suerte del mundo porque que no es nada fácil luchar con la orquesta. Si Ardit puede llenar ese teatro, las cosas no serían lo mismo en el tango de hoy, porque muchos empresarios y productores se animarían a apostar por otra gente nueva. A toda la gente que apareció en el tango de los últimos años como Ariel Ardit, al que conozco desde que empezó, le deseo la mejor de las suertes. Todos tenemos que ir a verlo a él y a todos esos muchachos nuevos que han elegido el tango y son una maravilla. Esta generación es increíble.

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