El esperado regreso de Iva Zanicchi

La cantante actuó anteanoche, en el teatro Gran Rex, junto a otros artistas
Fernando López
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25 de febrero de 2004  

Hacía mucho tiempo que los fanáticos de Iva Zanicchi aguardaban su regreso (ella lo midió en kilos: "30", exageró). La oportunidad del reencuentro llegó con la breve gira sudamericana del show "Emilia-Romagna en vivo", integrado por una delegación artística que las autoridades de esa región trajeron anteanoche a Buenos Aires, después de su debut en Montevideo, y antes de su despedida, hoy, en Santiago. La estación porteña del espectáculo fue destinada además a celebrar los 22 años de Radio Italia, la emisora peninsular consagrada exclusivamente a la música italiana, con la transmisión televisiva del concierto en vivo y en directo vía satélite a toda Italia.

Prevista la actuación de Iva Zanicchi para el final, como corresponde a la figura más convocante del elenco, el ansiado reencuentro, pues, se hizo esperar todavía un poco más. Exactamente las dos horas y media que insumió el desfile de artistas entre los que había algún viejo conocido como Franco Simone y algún cantautor de prestigio como Umberto Tozzi.

Formato televisivo

La TV impuso su formato, sus tiempos y sus características: el tono siempre bien alto; la fragmentación obligada por el continuo recambio de figuras (cuestión de convencer al telespectador de la necesidad de dejar a un lado el control remoto); la presencia de dos conductores -uno, en italiano, la locuaz Fiorella Felisatti; otro en español y bien familiar, Franco Simone-. O mejor: tres, porque el flautista Andrea Griminelli tuvo el suyo propio -Red Ronnie- en un segmento que quiso mostrar que no hay barreras entre la música clásica y la popular.

El grupo de artistas que uno por uno fueron asumiendo el protagonismo musical -a razón de tres títulos cada uno- mostró un impecable y homogéneo nivel de profesionalismo, pero por su propia estructura el espectáculo estuvo más cerca de la mera sucesión de números típica de un festival que del programa compacto y equilibrado que suelen proponer los recitales. (Será conveniente no extraer de esta especie de compilado en vivo ninguna hipótesis acerca de la actualidad de la canción italiana: ello conduciría a pensar que los creadores siguen bajo la influencia del síndrome festivalero y que sus obras responden invariablemente a ese esquema efectista hecho de una primera parte serena y más bien plana que se acepta sólo como introducción a la apoteosis sonora que sobrevendrá después, en el estribillo, momento en que las voces crecerán en volumen, treparán a las notas más altas y se liberará, para satisfacción del oyente, la tensión hasta ahí acumulada).

El programa se inició a todo vapor (y a todo volumen) con Paolo Belli, encargado de encender los ánimos con su sólida big band, sus recursos de showman y su mezcla de swing y primitivo rock and roll "all´italiana". Después, la morena Silvia Mezzanotte (casi debutante como solista después de muchos años con Matia Bazar) y la rubia Ivana Spagna lucieron sus voces potentes en dos sets bien diferenciados: la primera, en la línea de la típica canción italiana antes citada; la segunda, muy atenta al lenguaje que domina el pop internacional. Entre ellas, Riccardo Fogli, ex solista de I Pooh, exhibió su espíritu romántico (y tanta capacidad pulmonar como sus colegas) en las premiadas "Storie di tutti i giorni" y "Malinconia" y en la más familiar "Tanta voglia di lei".

El público agradeció después con efusivos aplausos la revisión que Umberto Tozzi hizo de grandes hits suyos como "Gloria" o "Ti amo". En seguida, el estentóreo volumen dio una tregua con el ingreso del flautista Griminelli, cuya vertiginosa digitación, destinada a ornamentar segmentos de "Carmen" o las transitadas Czardas de Monti, encontró un eco entusiasta.

Ya se acercaba la demorada hora del reencuentro con Zanicchi, pero antes el compacto grupo Stadio mostró con sus temas de pop rock que no ha sido indiferente a la influencia de Guccini o Dalla, a continuación de lo cual Franco Simone pudo comprobar la fidelidad de un público que volvió a oírlo cantar algunos de sus viejos éxitos. El cantante, que volvería al final del show para unirse a Iva y a Piero en una emotiva versión de "Mi viejo", ofreció un anticipo de lo que será el formal reencuentro con sus fans, el 1° de abril en el Opera.

Y entonces sí, apareció Iva Zanicchi y la emoción de todos se hizo evidente en la estruendosa y prolongada ovación. Nadie se habría conformado con tres títulos, así que la diva, que conserva el temperamento vigoroso, la potencia vocal, la tendencia al desborde y la simpatía de siempre, debió extender su participación para que, además de su dramática traducción de "Caminito" no faltaran las melodías que el público quería escuchar en su voz, de "Zingara" a "La riva bianca, la riva nera" y de "Fra noi" a "La distancia".

Ya no importaba haber esperado tanto. Si hubiera sido por el público, el recital de Iva se habría extendido muchísimo más. Pero la TV impuso el final y este llegó, casi puntual, sobre la medianoche y con el clásico de Modugno "Nel blu, dipinto di blu". Esta vez, sí, cantado por el teatro entero.

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