El extraño caso de Manoel de Oliveira

Con 101 años, el cineasta portugués viaja, filma y hace cantidad de planes
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15 de diciembre de 2009  

MADRID.- El director de cine portugués Manoel de Oliveira no estuvo presente en la conferencia de prensa madrileña donde se presentó su penúltima película y se anunció la siguiente. Es que había volado desde Río de Janeiro y estaba un poco cansado. ¿Flojo? No tanto: acaba de cumplir 101 años.

El centenario maestro, contemporáneo de Luis Buñuel, King Vidor, Alexander Korda y Charles Chaplin, empezará a rodar, en el primer trimestre de 2010, El extraño caso de Angélica .

"El quiere seguir trabajando y haciendo películas, que es lo que más le gusta", explicaba su nieto y actor fetiche, Ricardo Trepa, que habló también de la buena salud de su abuelo. Trepa será el protagonista masculino, y la española Pilar López de Ayala, la femenina. La película comienza con el trabajo de un joven fotógrafo sobre el precioso cadáver de una muerta: una historia de amor platónico, según Trepa.

Hasta el último momento

Anteayer, Trepa y Luis Miñarro, productor del cineasta, contaron en una rueda de prensa detalles de la filmación de la penúltima película de Oliveira, Singularidades de una chica rubia.

"Durante el rodaje Oliveira me decía que la vida es actividad y que todo se mueve hasta el último momento, y de ahí que haya que estar siempre activo, porque cuando uno se estaciona o lo jubilan es cuando se muere: por eso está siempre fabulando y preparando nuevos proyectos", detalló Miñarro.

La película, que ya pasó por 29 festivales de cine, como los de Berlín, Karlovy Vary, Toronto y Venecia, se empezó a estrenar comercialmente en salas de Europa.

Según el productor, el film se hizo con motivo de los 100 años de Oliveira y fue el que más le costó "siendo el que parecía más fácil; era Manoel de Oliveira, y para mí, lo mismo que trabajar con Buñuel", comenta.

Por momentos, quedaba claro en la conferencia, la película parecería de otra época, sobre todo debido a sus férreos códigos de ética. La acción transcurre en una anacrónica Lisboa que se maneja en euros, pero decimonónica en las costumbres de su aburguesada clase alta, donde un joven, después de muchas vicisitudes, renuncia al amor tras descubrir que se robó un anillo.

"Es que cosas que hace 70 años eran una aberración, como robar, ahora son algo normal", explica Miñarro. Mientras tanto, Trepa apunta que esos mismos valores "son los que tiene Oliveira, y muy fuertes".

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