El Festival de Cosquín y la convocatoria de su grilla artística

El encuentro cordobés refleja la actualidad del folklore
Mauro Apicella
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1 de noviembre de 2017  

El último fin de semana levantó un poco de polvareda una declaración de Sergio Galleguillo. El cantor, con una larga trayectoria bien ganada en los escenarios más populares del país, mencionó la palabra "crisis" y se encendió la alarma. Pero no hablaba de una crisis general del folklore, sino de la renovación de artistas con personalidad y proyección nacional. Galleguillo apuntó a la falta de raíz y originalidad en las propuestas. Ve demasiados clones en la escena actual.

Cada época es irrepetible y, a la vez, una consecuencia de decisiones, tanto de los músicos como de quienes les dan la posibilidad de esa proyección nacional. ¿Y qué pasa con ese recambio? El Festival de Cosquín puede ser un buen termómetro de lo que sucede porque es una especie de gran amplificador. Y la grilla artística que se presentó anteayer es la vidriera que sirve para cotejar la posible renovación o el cambio.

En primer lugar, y para conectar esto con lo que dijo Galleguillo, los nombres no cambian de un año para el siguiente, ni siquiera aparecen nuevos artistas en un lustro. Pero esto hace a lo folklórico. Porque una de las características de lo folklórico es que incorpora elementos de manera más lenta de lo que puede imponer hoy la industria de la música. Claro que una vez que los incorpora ya no los expulsa.

Los homenajes que este año tendrá el escenario mayor de la Plaza Próspero Molina son lo más concreto de su acervo. Habrá tributos a Félix Dardo Palorma, Horacio Guarany, Jorge Cafrune y don Mario del Tránsito Cocomarola, para conmemorar el centenario de su nacimiento.

Es cierto lo que dice Galleguillo acerca de la convocatoria. Hace diez años eran varios los artistas con proyección nacional que atraían público masivamente, los que podían agotar las localidades en una noche de festival. Hoy ya no. Pero quizás haya que pensar que el cisma que hubo en Cosquín hace algunos años obligó a replantear desde el tipo de programación hasta la necesidad de que los números cierren. Y con eso vino la búsqueda de un cambio de paradigma. Que los festivales convoquen por sí mismos y no por los nombres de los que suben a un escenario. Tal vez no sea necesario el recambio de artistas que lleven gente sino gente que se deje llevar por lo variado de una programación. Y por su calidad. Cosquín, como en años anteriores, apuesta a la empatía estética. A que Los Nocheros y Luciano Pereyra canten la misma noche; a que La Sole y Jorge Rojas animen otra de las lunas. Que Peteco perdure en este festival con su larguísima experiencia. Que Nahuel Pennisi imponga su magia. Que Raly Barrionuevo, uno de los que empezaron hace dos décadas con un pequeño espacio en este escenario y crecieron, mantenga hoy el lugar ganado por su enorme talento.

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