El legado de Williams

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23 de marzo de 2000  

Lejos estaba de imaginar el dramaturgo Tennessee Williams que Blanche Dubois, protagonista de "Un tranvía...", iba a saltar de las rígidas líneas de la pieza teatral "Un tranvía llamado deseo" para coquetear con la inspiración de cineastas, músicos y coreógrafos.

No pasó mucho tiempo de su estreno, en 1947, para que la obra tuviera el reconocimiento de un premio Pulitzer e incentivara la mirada cinematográfica de Elia Kazan.

Esa visión la obtuvo el cineasta al presenciar el estreno de la obra, interpretada en aquella oportunidad por Jessica Tandy, Marlon Brando, Kim Hunter y Karl Malden en los papeles protagónicos. Tan comprometido se sintió con la puesta escénica que no vaciló en convocar al mismo elenco, con una excepción: Vivien Leigh fue la elegida en lugar de Jessica Tandy, frustración que la famosa actriz de "Conduciendo a Miss Daisy" nunca digirió del todo.

Pero al igual que la obra, el film estrenado en 1951 en blanco y negro cosechó elogios y aplausos hasta el punto de que ningún otro director de cine se atrevió a repetir la experiencia. Es lógico. ¡Cómo se podía competir con ese elenco! Por eso debieron pasar más de 30 años para que John Erman se animara a realizar, en 1984, una versión televisiva, en color, con Ann-Margret, Treat Williams, Beverly D´Angelo y Randy Quaid, experiencia que Glenn Jordan repitió en 1995 al dirigir a Jessica Lange, Alec Baldwin, Diane Lane y John Goodman.

La inquietud de Blanche

Pero Blanche Dubois todavía permanecía inquieta. No sabía dónde depositar su melancolía, su grito mudo que rechazaba el ocaso de una forma de vida. André Previn escuchó su lamento y le puso música y la estructura de una ópera, que estrenó con el mismo nombre en 1998, en la Opera de San Francisco, con libreto de Philip Littell y la actuación de las sopranos Renée Fleming y Elizabeth Futral (Blanche y Stella, respectivamente); el tenor Anthony Dean Griffey (Kowalski) y el barítono Rodney Gilfrey (Mitch).

La ansiedad de Blanche Dubois necesitaba más movimiento y logró bailar. Antes de esta versión de Mauricio Wainrot, dibujaron la coreografía Ana Itelman, que denominó a la pieza "Las casas de Colomba" (1977), con música George Gershwin, interpretada por Ana María Stekelman y Julio López, en el Teatro San Martín; y John Neumeier, en 1983, para el Ballet de Stuttgart, con música de Alfred Schnittke y Prokofiev, protagonizada por Marcia Haydé y Richard Cragun, versión que el público argentino conoció en 1991 en el Teatro San Martín.

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