"El más increíble recital que vi en mi vida"

Christopher Lehourites
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10 de febrero de 2016  

Ingresé en el estadio bien temprano, más de cinco horas antes del inicio del show. Era el 26° recital de los Stones al que asistía en mi vida, pero me di cuenta de inmediato de que éste no sería igual a ningún otro.

Lo primero que hice fue asegurarme un lugar en la primera fila: troté hasta el borde del escenario y me aferré con fuerza a la valla de contención, al igual que el grupo de argentinos a los que había conocido afuera. Segundos después, una chica llegó corriendo desde atrás y trató de colarse hasta el frente, manoteando la valla con una mano mientras trataba de desplazarme de mi puesto. Y como no pudo, se puso a llorar. Literalmente. Tenía la cara cubierta de lágrimas. Otra chica que estaba con ella también rompió en llanto. Desconcertado, miré a Viviana, mi nueva amiga argentina, que estaba parada a mi izquierda. Viviana miró por un instante a las chicas y me dijo: "Lo que pasa es que están excitadísimas". ¡Así es la pasión, la pasión argentina, por los Rolling Stones!

He presenciado más de dos docenas de recitales de los Stones. Soy norteamericano, radicado en Londres, y he viajado por todo Estados Unidos y Europa para ver en vivo a "la mayor banda de rock del mundo". Pero allá las cosas son más tranquilas, más fáciles.

Conseguir entradas para los recitales de La Plata ya fue de por sí un problemón. En noviembre, me quedé toda una noche despierto a la espera de que las entradas salieran a la venta. Ticketek, la agencia que vende las entradas para los Stones en la Argentina, no aceptaba ni mi tarjeta de crédito ni la de débito.

Lo intenté una y otra vez, durante toda la noche, incluso desde dos computadoras distintas. Entré en iorr.org, un sitio web de fans de los Stones, y leí que había otros con el mismo problema: estábamos todos en la misma, desesperados tratando de conseguir entradas que se iban agotando rápidamente. En esa página encontré a Quique, un fan argentino que desde ese día me viene ayudando con consejos y datos para facilitar mi estadía. Hasta me compró los pasajes en ferry a Montevideo, porque una vez más, mis tarjetas de crédito extranjeras parecían no funcionar en la Argentina.

Conocí a Quique en persona alrededor de una hora después del más increíble recital de los Stones que vi en mi vida. Nos invitó a mí y a mis amigos a comer pizza en la casa de su suegra, a pocas cuadras del estadio.

Gracias a Dios logré llegar, porque no doy fe de que todos los que estaban en el estadio hayan sobrevivido. Y puedo afirmar que muchos de los que estaban no llegaron a ver el recital completo.

El recital arrancó con "Start Me Up" y desde que las primeras notas tronaron desde el escenario la gente se volvió loca, amuchándose hasta convertirse en una enorme marea humana en la que no entraba un alfiler. Y durante toda la noche hubo que ir sacando gente de entre la multitud. A algunos se los llevaban en andas, otros boqueaban tratando de respirar y otros cantaban mientras se los llevaban a rastras, tratando de fijar en su memoria una última imagen de Mick Jagger y Keith Richards sobre el escenario.

Me di vuelta y miré a Andrea, que estaba a mi derecha, mientras el personal de seguridad seguía rescatando gente para que no fuese aplastada. Andrea sonrió, se encogió de hombros y me dijo: "Bienvenido a la Argentina".

El autor es subjefe de Deportes de la agencia AP, basado en Londres.

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