El nuevo teatro latinoamericano

En Córdoba, creadores de diversos países mostraron unidad de temas y de lenguaje
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29 de octubre de 2000  

CORDOBA.- Una nueva generación de creadores va imponiéndose en el continente latinoamericano. Sus búsquedas demuestran intenciones muy disímiles a las de aquellos artistas que, en las décadas del 60 y 70, fortalecieron sistemas de producción grupal e hicieron de la creación colectiva el método de trabajo por excelencia, para generar espectáculos de fuerte contenido político.

Algunos de los referentes de esta generación dieron a conocer sus propuestas en el Festival del Mercosur. Excepto la uruguaya Mariana Percovich, que llegó a Córdoba para dictar un taller de montaje sobre textos de Alejandro Tantanián, Gustavo Ott (Venezuela), Agustín Núñez (Paraguay) y Alfredo Castro (Chile), los demás mostraron espectáculos.

En diálogo con La Nación cada uno marcó algunos aspectos fundamentales que hacen a la actividad teatral de sus respectivas ciudades. Y hasta surgieron algunos puntos polémicos. La aparición de nuevos dramaturgos resulta un factor común en Caracas, Venezuela y en Santiago, Chile (donde, además, están comenzando a representarse piezas que pertenecen más a un circuito comercial, como "Confesiones de mujeres de 30" y "Art").

En Montevideo este proceso parece demorarse, y por eso los nuevos directores suelen recurrir a autores de Buenos Aires, como Alejandro Tantanián, Rafael Spregelburd y Javier Daulte.

En Asunción del Paraguay, en tanto, la profunda crisis social y política se trasladó al teatro. Según explica Agustín Nuñez, "hay experiencias de pequeño formato para un público reducido, porque también los espectadores, por cuestiones económicas, se ven imposibilitados de pagar una entrada".

A partir de la realidad que impone el medio en que se desarrolla, cada uno expone búsquedas diferentes. Percovich, interesada en nuevas textualidades (actualmente dirige "Ayax", de Heiner Müller), se ve obligada, como directora, a desarrollar un entrenamiento acorde con esos textos. "Necesito desestructurar -dice- todo lo que el teatro académico uruguayo impuso en la formación de los intérpretes: un decir muy español, una apoyatura en la emoción y un énfasis que no sirve para mis montajes".

El chileno Castro define su tarea como "una investigación del error. No estoy solamente en un sistema -aclara-. Estoy probando una cantidad de textos que me permitan crear espectáculos en los que aparezca la historia emocional de mi país, donde pueda investigar en torno del cuerpo del actor, el espacio escénico y, también, de los grandes temas".

Agustín Nuñez, como director del Instituto Municipal de Arte, realiza una actividad apoyada en la educación por el arte, en tanto que como creador individual investiga las posibilidades del espacio escénico, la relación actor-espectador, "tratando de encontrar fórmulas que permitan sustituir dramaturgos, porque no los tenemos en Paraguay".

Ott, cuya actividad fundamental es la de autor, dice estar siguiendo el proceso político que se vive en Venezuela y por eso es partidario de la creación de dramas con fuerte contenido épico. Como director, además, del Teatro San Martín de Caracas, propone que los creadores produzcan un acercamiento mayor a la comunidad porque, según dice, "son tiempos en los que el artista debe dejar de ser lo más importante".

El éxito y la investigación

Uno de los problemas más fuertes que Gustavo Ott observa dentro del continente tiene que ver con el público. "Hemos hecho un esfuerzo extraordinario para que el público no vaya al teatro y hasta estamos logrando deshacernos de él. Esa vocación suicida sólo llevó a tener como protagonistas a los creadores. Hay gente apasionada por el francés Bernard Marie Koltés, por el alemán Heiner Müller, autores que son interesantes, pero en sus países no lograron una aceptación del público aunque sí de los artistas, y entre nosotros sucede lo mismo. Insistimos en pensar que lo que se hace en otros países es mejor que lo nuestro,"

Esta necesidad de captar espectadores no asoma en el trabajo del resto de los directores. Percovich afirma que en este momento no se puede hablar de un teatro latinoamericano, por cuanto la tradición y la realidad sociopolítica de cada país son muy diferentes. Entonces se debe analizar cada proceso creativo teniendo en cuenta el entorno que lo determina. Y hasta afirma su posición poniendo como ejemplo el espectáculo que presentó, en Córdoba, Gustavo Ott. "Si yo analizo "Fotomatón" únicamente desde mi tradición teatral rioplatense, tengo que decir que es una obra de entretenimiento, muy poco profunda, pero puedo entender tu propuesta si la observo teniendo en cuenta el contexto en el que fue creada."

"Para mí el teatro es provocación intelectual, emotiva, física -explica Alfredo Castro-. De lo que adolece la dramaturgia latinoamericana es de una zona de lenguaje que pueda reflejar verdaderamente el espíritu de la región y que a la vez la torne universal. No creo que existan categorías de lo europeo, lo latinoamericano. Sé que hay un ser humano y que el tema de la dignidad, del afecto, del horror por las guerras, es común a todos. Tal vez los europeos lo hayan enfrentado más crudamente, más dramáticamente. El gran tema es cómo se desarrolla aquí, cómo acceden los autores a esa realidad y a eso le están escapando, o por cuestiones del mercado o por el éxito. Yo prefiero un público pequeño y no una gran masa que está simplemente en la nada."

Agustín Nuñez marca muy bien las diferencias entre el teatro comercial y el de arte. Al primero lo define como un teatro que busca "hacer dinero satisfaciendo el gusto de un grupo mayoritario". El segundo, en cambio, "posee un profundo compromiso con su momento, con su lugar y hasta tiene una estética propia". El gran tema está en "buscar el éxito de taquilla o ser coherente con la función de comunicador". En su trabajo también prefiere escapar a los designios del mercado y opta por los circuitos universitarios, de jóvenes, más cercanos a los márgenes. Moviéndose en ese terreno también logró el gran éxito. Su versión de "Yo, el supremo", la novela de Augusto Roa Bastos, que estrenó hace casi una década, fue el espectáculo que más espectadores convocó en la historia del teatro paraguayo.

Provenientes de realidades distintas, cada uno de los cuatro se impone en su respectivo país siguiendo una fórmula, la suya. Tal vez no coincida con la de otro, pero aún así todos ellos hablan no sólo el mismo lenguaje sino que sus temas son comunes. Por lo que se vio en Córdoba, la referencia obligada sigue siendo despertar la conciencia de un espectador que continua viviendo en crisis.

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