Suscriptor digital

El precio de la seducción

Muchos millones de dólares se ponen en juego en la fiesta de Hollywood, en la que brillo y glamour no son más que una anécdota en la guerra librada por los grandes estudios
(0)
26 de marzo de 2000  

No hace falta ser un experto en materia cinematográfica, ni siquiera haber visto todas las películas nominadas, para darse cuenta de cuáles son las favoritas para quedarse hoy con los principales premios Oscar. Basta simplemente con saber quiénes organizan las grandes fiestas previstas para esta noche, poco después de que finalice la larguísima ceremonia de entrega de las estatuillas.

Entre las 25 recepciones oficiales (cifra récord) programadas para el fin de semana del Oscar, las ofertas de esta noche indican que la Academia de Hollywood realizará, como todos los años, su faraónica e insoslayable recepción, y que la revista Vanity Fair, por un lado, y Elton John con la publicación InStyle, por el otro, harán sus respectivas galas benéficas. Pero en el que aparece como el dato más significativo, los únicos grandes estudios que tienen imponentes salones reservados y centenares de invitaciones VIP enviadas para hoy son DreamWorks (la productora de "Belleza americana") y Miramax (la compañía detrás de "Las reglas de la vida").

En efecto, si hasta hace algunas semanas la puja parecía centrarse entre "Belleza americana", la gran favorita con 8 nominaciones, y "El informante (7 candidaturas), en los últimos días apareció el denominado "efecto Weinstein" (por la capacidad para el lobby que profesan los hermanos Bob y Harvey Weinstein, mandamaces de Miramax), y ahora es "Las reglas de la vida", el melodrama del realizador sueco Lasse Hallström que también cuenta con 7 nominaciones, la principal competidora que tiene la sátira suburbana dirigida por el debutante inglés Sam Mendes.

Tras gastar varios millones de dólares en promocionar su película mediante recepciones, publicidades en medios y vía pública, envíos de videocassettes a los 5600 votantes y otras campañas de marketing y lobby que no pocos cuestionan, los poderosos Weinstein apelaron a la última cábala que les quedaba: contrataron el lujoso Polo Lounge del hotel Beverly Hills, donde esta subsidiaria del grupo Disney festejó el año último los triunfos de "Shakespeare apasionado" y "La vida es bella".

El costo de una campaña

Los grandes estudios se niegan a reconocer oficialmente cuánto gastan en la carrera por el Oscar. Los principales medios norteamericanos coincidieron en estimar, por ejemplo, que los Weinstein invirtieron el año último 15 millones de dólares en lograr que "Shakespeare apasionado" desplazara de las preferencias a "Rescatando al soldado Ryan", la épica bélica de Steven Spielberg. Fuentes de Miramax negaron rotundamente la información y soltaron una cifra menos impactante: dos millones.

Tras aquel inesperado triunfo de "Shakespeare apasionado" y la creciente rivalidad que mantiene con Miramax, ahora Spielberg espera tomarse revancha desde su papel de productor de "Belleza americana".

Más allá de las cifras en danza, lo que sí resulta evidente con sólo revisar las últimas ediciones de Variety y The Hollywood Reporter, o ver la avalancha publicitaria en la franja prime-time de las tres grandes cadenas televisivas (ABC, CBS y NBC), es que este año se desembolsaron cifras todavía mayores que las de la temporada pasada. Las estimaciones preliminares hablan de 5000 páginas de publicidad en distintos medios y una inversión global de todas las majors hollywoodenses superior a los 50 millones de dólares.

Pero más allá de cuáles sean las cifras reales de cada campaña (obviamente, más cerca de los 15 que de los dos millones), lo concreto es que el codiciado Oscar a la mejor película ha sido garantía en los últimos años de un incremento en la recaudación final de la ganadora de por lo menos un 10 o un 15 por ciento. Una cifra lo suficientemente tentadora como para arriesgar tanto dinero en esta verdadera ruleta cinematográfica.

Todo sobre mi Oscar En Hollywood, nadie da puntada sin hilo. Como si se tratara de un político en campaña preelectoral, cada paso o cada palabra que una persona vinculada a cualquiera de las películas nominadas dio en los últimos días tuvo un objetivo único: seducir a los votantes.

Así, como consignaron la semana pasada amplias crónicas publicadas en Los Angeles Times, The New York Times y las agencias noticiosas internacionales, el neozelandés Russell Crowe (candidato a mejor actor protagónico por "El informante") abandonó imprevistamente un rodaje en Polonia sólo para hablar con Army Archered, columnista de Variety, la revista más influyente dentro de la comunidad hollywoodense.

Pero Crowe no es el único que realizó esfuerzos de último momento: Annette Bening (nominada a mejor actriz por "Belleza americana") viajó especialmente para presentarse en el programa nocturno de Jay Leno, a pesar de que está a punto de dar a luz a su cuarto hijo.

Mientras el casi octogenario Richard Farnsworth ("Una historia sencilla") o la jovencísima Hilary Swank aparecieron en cuanta entrega de premios o presentación pública se organizó, otros sufrieron el estigma de no estar nominados. Tal es el caso de Tom Hanks: a pesar de ser el protagonista de "Milagros inesperados", los avisos y spots publicitarios y el nuevo trailer diseñados por Warner Bros... ¡ni siquiera lo nombraron!, y apuntaron todos los cañones a Frank Darabont, candidato a mejor guionista, y al gigante Michael Clarke Duncan en el rubro actor de reparto.

La noche millonaria Además de la poderosa Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood (anfitriona y organizadora del evento), y de los actores, ejecutivos y estudios que resulten finalmente triunfadores, una de las principales beneficiarias de la velada de esta noche será la cadena ABC, que transmitirá la ceremonia para todo el mundo.

Se sabe que la compañía televisiva vendió todos los espacios publicitarios disponibles para la emisión estadounidense: 48 comerciales de 30 segundos, a un precio unitario de 1.300.000 dólares. Es decir, una facturación total de 62 millones, superior a la conseguida por la propia ABC en el Super Bowl (la final de fútbol americano) de enero último, cuando los 30 segundos se cotizaron a 2.200.000 dólares cada uno.

Que el Oscar sea mejor negocio que el evento deportivo más popular de los Estados Unidos tiene su explicación: en la ceremonia de hoy habrá ganadores y perdedores, "jugadores" que transpiren la camiseta, público en las plateas y varios millones siguiéndola a través de la televisión. Pero en ningún partido de fútbol un espectador podrá encontrarse con los ojos de Al Pacino, la impronta de Brad Pitt, la sonrisa de Catherine Zeta Jones o el escote de Cameron Diaz. Una sensible diferencia que Hollywood siempre ha sabido manejar en su favor.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?