El Principito, en una puesta coral en el Teatro Colón

Crédito: Santiago Cichero/AFV
Juan Garff
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10 de mayo de 2019  

Una tarima representa en la sala de ensayos del Teatro Colón el avión caído del Piloto, a cuyo costado se produce el primer encuentro con el Principito. Mariana Ciolfi, directora de escena de la ópera basada en el célebre relato de Antoine de Saint-Exupéry, se encuentra agazapada frente a los protagonistas, dándoles indicaciones gestuales mientras cantan. Un poco más atrás, dirige la orquesta Ezequiel Silberstein. Los integrantes del Coro de Niños se preparan para entrar en acción. La ópera de la británica Rachel Portman subirá a escena mañana en el ciclo Colón para Chicos, en lo que será su estreno sudamericano.

"El gran desafío fue bajar a la acción una obra que es pura metáfora", dice Ciolfi en una breve pausa de uno de los últimos ensayos de El Principito. "La obra presenta intervenciones muy breves de cada uno de los personajes de los planetas que visita el Principito: el rey, el hombre vanidoso, el borracho, el empresario y el farolero. En dos o tres minutos debe quedar claro qué es lo que ese personaje viene a representar. Buscamos generar ya desde el vestuario un impacto visual fuerte, rápidamente reconocible y asociable al concepto. Así, el hombre de negocios es de la mitad del cuerpo para arriba un Donald Trump y de la mitad hacia abajo, un maratonista: alguien que corre detrás del dinero, de lo material, sin detenerse a mirar a nadie, ni siquiera al Principito".

Portman es una compositora conocida por su música para cine, ganadora de un Oscar por su banda sonora del film Emma en 1996. " El Principito es una ópera muy cinematográfica al relatar desde lo musical -señala Silberstein-. Hay mucha utilización de leitmotivs, cada personaje tiene el suyo, sobre todo el Piloto, el Principito y la Serpiente, las tres figuras claves. Hay momentos muy líricos, medio puccinianos por los clímax que generan, en el apoyo musical a la inocencia e ingenuidad del Principito". En la lectura de Ciolfi y Silberstein, el secreto de lo esencial pasa por que la muerte del Principito representa el fin de la niñez, el pasaje a la adultez. "El Principito no es de este planeta, es un ser etéreo, inocente, y no sabe muchas cosas, pero sabe muchas otras que los adultos desconocen. El Principito viene a enseñarles a los adultos lo esencial", acota la soprano María Virginia Savastano, quien interpreta a la figura principal.

La puesta en escena está planteada para la familia, con lecturas posibles desde edades diversas. "Los personajes con que se cruza el Principito en su viaje representan diferentes facetas de la personalidad del adulto, de todos nosotros: todos tenemos nuestro costado autoritario, nuestra ambición y nuestra necesidad de admiración", dice Ciolfi. "El público adulto va a sentir cierta identificación con estos personajes, mientras que los niños, por distanciamiento, van a divertirse".

Savastano, que se reencontró ahora con la primera lectura de su infancia, rescata la forma en que la partitura enriquece el relato: "La musicalidad aporta intensidad a las escenas. Cuando aparece la serpiente, la música hace que el personaje se vuelva misterioso, peligroso. La rosa tiene una música muy gloriosa, muy viva, alegre, con mucho metal, mucho brillo. Y el Principito, una música más melancólica".

El Coro de Niños del Colón interviene en escena a lo largo de la obra, como bandada de aves, miríada de estrellas o paisaje de faroles. Sobre el final subraya musicalmente una tonalidad que supera el lamento por la muerte cuando transporta al Principito de retorno a su planeta. "Es un gran coro, positivo y entusiasta, que habla sobre no dejar de mirar las estrellas, es el paso a la adultez, pero sin olvidar nunca de dónde se viene, de la búsqueda de la rosa", subraya Silberstein. Mariana Ciolfi pone el contrapunto desde la experiencia propia: "Nosotros, para crear, necesitamos sí o sí conservar esa niñez bastante a flor de piel".

Por: Juan Garff
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