El público quiere calidad

Quince mil personas ya asistieron al encuentro internacional "Elektra", del grupo español Atalaya, es una de las obras preferidas por la gente Los coreanos presentaron el único trabajo coreográfico de la muestra Lo más flojo: Venezuela
Alejandro Cruz
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26 de octubre de 2000  

CORDOBA.- Sin despertar el grado de euforia que se conoció en las primeras ediciones del Festival Latinoamericano, se está realizando el Festival de Teatro del Mercosur.

Hasta el momento, dos espectáculos acapararon la atención del público cordobés, que pagó de 3 a 5 pesos para ver a los chilenos de "La negra Ester", que dirige Andrés Pérez Araya (comentada en la edición del miércoles de La Nacion), y a los españoles del grupo Atalaya, con su "Elektra". Parece ser que las preferencias del público se inclinan hacia los espectáculos de calidad.

Los sevillanos que dirige Ricardo Iniesta presentaron un espectáculo basado en la tragedia de Esquilo, a la cual le sumaron textos de Heiner Müller y Hugo von Hofmannsthal. Lo más interesante de este montaje, que ya se presentó en Buenos Aires, fue su sólida y creativa puesta, el trabajo físico de sus intérpretes y la banda sonora. Pero llama la atención que si bien los actores investigan distintos lenguajes expresivos, al momento de decir los textos siempre suenan de forma monocorde, como un bloque pesado. Será por eso que el trabajo carece de emoción.

El lunes, en el Teatro Libertador, los coreanos del grupo Dance Troupe: 60 Tree estrenaron "Instinct gets the human", el único trabajo coreográfico de este encuentro internacional que organiza la Agencia Córdoba Cultura. Los bailarines Lee Soon y Lee Jiun ofrecieron un trabajo ritualista (cuya significación lamentablemente no fue explicada en el programa de mano), de algunas imágenes de una exquisita poética y una banda de sonido de enorme vuelo. Un vuelo que, de todos modos, no llegó a instalarse en el escenario.

Atractivo, pero desparejo

Paraguay presentó "La confesión", un trabajo que el público porteño conoció cuando se realizó allí el Festival Internacional de Buenos Aires. Como en aquella oportunidad, el esquema es similar: alternativamente, un actor se aproxima a unas sillas en las cuales están ubicados dos o tres espectadores y, casi en murmullo, cuenta un aspecto de su vida íntima. Así, van pasando los ocho actores por este supuesto confesionario dirigido por Agustín Núñez.

El diseño del trabajo es atractivo, pero de desparejo nivel según el actor y la historia. "La confesión" es un buen ejercicio teatral que -por lo particular de su formato- se está convirtiendo en un clásico festivalero.

Más allá del océano

Del lote de las obras internacionales (que también incluyó a Italia, con un unipersonal, y a Colombia, con un espectáculo callejero), lo más flojo vino de la mano del conocido dramaturgo venezolano Gustavo Ott, que presentó el unipersonal "Fotomatón", que se ofrecerá en Buenos Aires.

La obra está conformada por ocho situaciones. En ellas, el actor Fernando Then desarrolla un trabajo de suma inconsistencia, de un didactismo cercano a lo obvio y de escasos valores artísticos. Algo parecido a lo que ocurrió el martes con el debut de los brasileños del grupo ¿Será Qué? con sus "Quilombos urbanos", un montaje sumamente inconsistente que se apoya en lo musical y coreográfico.

Extraña que espectáculos de este tipo formen parte de un festival internacional. Pero, claro, las obras fueron seleccionadas por videos, un mecanismo de un alto grado de error. Si las autoridades de cultura local desean realmente que el festival posea un nivel internacional, para la próxima edición deberán rever este mecanismo.

"Somos conscientes de que ésa no es la modalidad adecuada -dijo a La Nacion Graciela Ayame, directora de este encuentro-. Tendremos que revisar ese aspecto. Esta muestra es lo más digno que pudimos hacer en tan poco tiempo. Hay que pensar que lo armamos en tres meses y con apenas 350 mil pesos."

Este esfuerzo está dando sus recompensas. Hasta el martes último inclusive, quince mil personas asistieron a veintiún funciones de obras internacionales, pagando entradas que oscilaban entre los 3 y los 5 pesos.

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