"El señor de los anillos", con su propia tropa

Tras ver el film, opina la Asociación Tolkien Argentina
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21 de diciembre de 2001  

Su fanatismo los lleva a soñar con materializarse en la ficción de alguna de las razas creadas en la cosmogonía literaria de J. R. R. Tolkien. Pero la realidad indica -y ellos lo reconocen, por suerte- que no son elfos ni enanos, ni orcos o magos. Apenas humanos mortales que pertenecen, sí, a la raza de los críticos más rigurosos de la obra "El señor de los anillos", que este año vendió más de 52 millones de ejemplares en el mundo y ha sido traducida a 25 idiomas. Ellos son los integrantes de la Asociación Tolkien Argentina, una de las tantas que surgieron en el planeta, pero que en el país cuenta con 300 rigurosos fieles.

Pero ese fanatismo no es "fundamentalista", como algunos señalan, y tal vez por eso tuvieron cierta amplitud de criterio para aguardar -antes de opinar o de resistirse- la adaptación cinematográfica de aquella pieza de la mitológica Tierra Media, que ya se exhibe en los Estados Unidos y que se estrenará en la Argentina el 1° de enero.

Es más: estos celosos guardianes del tesoro de Tolkien siguieron paso a paso las noticias que llegaban de Nueva Zelanda (de donde es oriundo el director de la trilogía, Peter Jackson, y donde se filmó la película), como desde Hollywood o a través de Internet. Y las especulaciones circularon con la rapidez de un rayo. Algún escéptico llegó a interpretar como una maniobra que Hollywood estrenara esta película -que, entre otras cosas, explora la operativa de las fuerzas del bien y del mal- en plena guerra entre las fuerzas de Bush y las de Ben Laden. Otro quiso ver en "El señor de los anillos" una alegoría de la Segunda Guerra Mundial: el personaje de Sauron sería Hitler y el mago Saruman, Mussolini (sus iniciales, juntas, serían SS).

El día D

Aun así la ansiedad fue in crescendo hasta ver el trabajo de Peter Jackson terminado. El martes último, LA NACION se reunió con algunos de los integrantes de la Asociación Tolkien tras la avant premiére a la que pudieron asistir -por sorteo- sólo sesenta de ellos. Algunos vistieron características de sus personajes más admirados, otros demostraron ante una gran cantidad de famosos sus habilidades en el arte de la escritura élfica (una de las 37 lenguas creadas por el escritor) y la banda 1420 interpretó algunas canciones (también compuestas por Tolkien) antes de que se apagaran las luces. Durante los 178 minutos que duró el film, los fans llegaron a aplaudir determinados diálogos, cuando no hacían algún comentario por lo bajo. Y en la vereda del Cine América el cruce de opiniones -en general entusiastas- tuvo sus coloridos matices.

Hasta los más enfervorizados con la película coincidieron, con los más escépticos, en que no hay como leer la trilogía, por lo complejo de ese mundo creado y por los vínculos que genera la obra con el lector. Porque es un clásico, aseguran, y hay que abrevar en los cuatro capítulos de "La comunidad del anillo", la primera entrega de la trilogía, en la que Tolkien intenta continuar sus exploraciones hechas en otro clásico, "El hobbit". Como le sucedió a Jorge Luis Borges, que lo dejó en esa instancia, y nunca más retomó la lectura.

Gustavo Famá, vicepresidente de la Asociación Tolkien, docente de Literatura, autobautizado "Rama viva" (un apodo que tomó del segundo libro de la trilogía), no quedó del todo conforme con la traslación a la pantalla. "Sí he valorado el producto estético. Hay ciertos escenarios muy bien logrados, ciertas caracterizaciones y momentos literales que uno estaba esperando ver o escuchar. Pero también creo que se ha simplificado mucho la historia y no se llegó a la profundidad necesaria." "A mí me pareció respetuosa -opinó el presidente, Diego Seguí, de 27 años, licenciado en Letras-. Lo que más rescato es que se hayan animado a hacer una película oscura, cuando era de esperar una historia de buenos y malos mucho más adocenada. Pero a la profundidad que uno llega con una lectura exhaustiva, con la película se llega directamente porque está todo dicho, resaltado, para que nadie se confunda. Tal vez el temor de Peter Jackson era que la gente que no leyó el libro no entendiera algunos aspectos. De hecho, el anillo aparece en varias ocasiones en la novela, pero en frases muy cortas y en la película se le da primeros planos, muy largos, con muchos diálogos. Y también a los complejos conflictos de los personajes se llega rápidamente mientras que en la novela es como conocer bien a una persona en la vida, lleva tiempo."

En la comparación de los diferentes lenguajes, Gustavo Famá subraya que ya el libro permite distintos niveles de interpretación. "Muchos pueden quedarse sólo con la maravilla ante el mundo creado, o con los primeros emergentes temáticos, como la lucha entre el bien y el mal, el heroísmo, etcétera. Pero en realidad se pueden encontrar muchos otros valores porque "El señor de los anillos" parte de una obra mucho más vasta, como lo es la creación de Tierra Media, y Tolkien elabora cierta dimensión espiritual. Hay cosas que tienen que ver con cómo Tolkien encara moralmente el mundo, el ser humano y su destino".

"Estuve en Lorien"

Maravillado con los escenarios elegidos para la película, otro integrante de la asociación, Martín Rossi, de 25 años, estudiante de ingeniería, cuenta: "¡Estuve en Bree, estuve en Lorien, en Khazad-dûm y hasta en el Monte del destino! La película me los mostró como los imaginaba". Aunque criticó, entre otras cosas, el perfil que decidieron darles a algunas de las nueve personalidades de la comunidad del anillo. Por ahí se escuchó que la actriz Cate Blanchett, que interpreta a Galadriel, la dama blanca, un personaje de los elfos, no tenía sabiduría en la mirada, y que la habían representado muy intimidante. "Para interpretar a los elfos, que son inmortales, tendrían que haber elegido a actores más jóvenes porque son personajes que no envejecen. Creo que están muy humanizados", agregó Martín, apodado Flingolfi, como se llama un personaje de otro libro de Tolkien, "El silmarilion". Otro aspecto que criticó es que en la versión cinematográfica no se nota el paso del tiempo. Es que hay que tener en cuenta que desde el cumpleaños del hobbit Bilbo (interpretado por Ian Holm) hasta que Frodo, su sobrino (Elijah Wood), deja la comarca con su amigo Sam (Sean Astin) y el anillo en el bolsillo, pasan veinte años. Y de ahí hasta el final del tercer libro (cuya película se conocerá recién en 2003) transcurre apenas un año y un poco más.

La secretaria de la asociación, Lorena Bauzá, de 26 años, líder vocal de la banda musical 1420, señala que evidentemente el director de la película necesitaba una historia de amor para agregar en esta primera entrega al personaje de Arwen, que está en el segundo libro (Liv Tyler), que en el film es quien salva a Frodo a caballo. "Es una dama de la nobleza que nunca estaría empuñando una espada. Pero necesitaba una heroína que no tenía el primer libro y una historia de amor con Aragorn que tampoco se concreta en la primera parte. Se tomaron algunas licencias y sacaron un poquito de varios personajes." También cuenta que los momentos previos al desenlace de la película la escena entre Frodo y su amigo es diferente. "Como Frodo tiene el anillo puesto está invisible. Pero Sam ve moverse el remo y decide lanzarse al agua para no abandonarlo", agregó. Tampoco se muestra cuando Saruman "cuyo color es el blanco porque es el mago más importante (Gandalf le sigue con un grisecito) cuando se corrompe y pierde su posición de mago guía se convierte en multicolor".

El debate que surgió con los preparativos de la película es si ésta podría impulsar una nueva generación de seguidores de Tolkien, pero por encima del libro. La cantante acota con ironía: "Gente que sin conocer la obra diga: «Yo soy fanático de Tolkien». Y alguien le pregunte: «¿Y qué conocés de Tolkien?». «La película»".

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