El ser humano y lo que no queremos ver

Carlos Fos
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11 de julio de 2019  

Ha sido muy escasa la aparición del terror, entendido como estructura estética, dentro de nuestro teatro. Más bien se han tomado temáticas que tangencialmente lo abordan, desde la parodia o apropiándose de lo siniestro como un elemento del terror, pero no se ha desarrollado tanto como género en sí.

Lo siniestro, que puede generar ese efecto de terror, ha aparecido siempre muy unido a la pregunta existencial respecto de qué hay en el hombre. El terror se puede provocar a través de un monstruo, pero en nuestros casos el teatro ha contado más al monstruo en el propio hombre. Allí, lo siniestro buscaba también conmover. El Periférico de Objetos, por ejemplo, tenía elementos que trabajaban en este sentido: los muñecos que ellos utilizaban eran terroríficos en sí mismos y la idea era mostrar lo siniestro, pero desde este otro lado.

Los monstruos también han estado: se han hecho versiones de Frankenstein, de Drácula, entre otros, pero la búsqueda ha explotado la cuestión más existencial, de mostrar al hombre como lobo del hombre, sin recurrir a ningún monstruo más. El teatro independiente siempre trabajó al horror y al terror más como un elemento de pertenencia del alma humana y ha sido un camino interesante, porque lo que devela el terror es lo que está en el ser humano y no queremos ver.

El autor es historiador y antropólogo teatral

Por: Carlos Fos

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