En definitiva, lo que dejó la semana

El productor y músico inglés
El productor y músico inglés Fuente: Archivo
Franco Varise
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24 de febrero de 2019  

Mark Ronson se queja, Madonna también: ¿qué pasa con el pop de ahora?

La música pop debe estar viviendo uno de los mejores momentos de la historia. Quizá no tanto a nivel ventas, pero sí en volumen de audiencia y en potencial de expansión global. El cambio de paradigma de consumo y el acceso irrestricto "a toda la música del mundo", según reza Spotify, produjo, como era previsible, también trastornos en la forma de crear, o sea, en la cabeza de los artistas. La obra contenida en un disco ya no es importante, sino los temas sueltos que calman un poco la voracidad de una audiencia que todo el tiempo quiere cosas nuevas de sus músicos preferidos. Ya nadie desea esperar tres años para escuchar un conjunto de canciones bajo un halo conceptual. Ahora el paradigma es mucho y rápido. Y los creadores muchas veces están obligados a derribar sus propias convicciones para adaptarse al nuevo juego.

Sin embargo, intentar calmar la ansiedad de época no siempre trae buenos resultados. La caja de herramientas de los empresarios de la música consta de un autotune (efecto para que cualquiera pueda cantar), algoritmos (para definir el carácter de cada compás y no errar), sonidos digitales más o menos iguales, piezas audiovisuales grandilocuentes, negociación con las plataformas para aparecer en las playlist más populares y la necesaria exhibición con una camisa vintage de los artistas en las redes sociales. Un paquete básico que, según entienden, alcanza para llegar a las masas en cada rincón del planeta.

El problema es que la música mainstream (ya ni siquiera hablamos de la cultura rock) empieza a parecerse cada vez más a un producto netamente estandarizado. Madonna ya advirtió sobre el tema con un rebosante sentido común: "La música de ahora es toda igual". Nadie le prestó mucha atención porque Madonna podría identificarse con lo "viejo", en un momento, en que falazmente lo "viejo" tiende a desvalorizarse por reaccionario y resentido.

Esta semana, en cambio, el músico y productor inglés Mark Ronson volvió sobre el tema. Y Ronson está en la cresta de la ola a punto de publicar un disco nuevo, que según algunas críticas, lo ubicaría en la cima de los charts. Es decir que su opinión no podría juzgarse como nostálgica o rancia. En una entrevista con The Guardian dijo: "Todo el mundo muestra lo rápido que hace canciones por estos días, porque así se hace la música pop ahora". Y agregó: "Viene alguien y me dice: ?Sí, hombre, escribimos esa canción en 30 minutos', y la verdad es que pienso: ?Sí, y suena como si la hubieras escrito en 30 minutos'. Hay cosas hechas en poco tiempo que son brillantes, pero la mayoría de las veces creo que la calidad se ha reducido a un punto tan básico que no me siento cómodo. No quiero hacer eso con mi propia música". Según Ronson, todo tiene que producirse para que suene "competitivo" al reproducirse en un iPhone y tan alto como sea posible para destacarse en Spotify. "Tenés que asegurarte de que el bombo y la guitarra suenen al mismo volumen y con la misma presencia durante toda la canción, porque si no no sirve. Es un poco loco cómo hay que pensar la música ahora", expresó.

A esta altura, la reserva creativa parece ubicarse en la retaguardia, ocultos de los focos que enceguecen. Básicamente: fuera de las playlist comerciales que sugieren los servicios pagos de música. Quizá desde el rock, vapuleado y fuera de circuito, puedan empezar a aparecer algunos rasgos novedosos, quién sabe. La naturaleza disruptiva de la cultura rock siempre fue un valor que, ahora, podría tener un peso importante.

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