La música clásica, un antídoto contra la demagogia asfixiante

Franco Varise
(0)
4 de agosto de 2019  

El acto demagógico en el desarrollo de la escena musical parecería haber alcanzado su punto más alto. El exhibicionismo constante en la redes sociales de los artistas "acercándose a su público", la publicación frenética de canciones sin masticar, las selfies desde el escenario, las presentaciones en festivales similares a un karaoke y la entronización de lo estético por sobre el contenido cruzan casi todos los géneros del pop, el rock, el jazz y el folclore. La fórmula tiende a lo fácil y, la frialdad sobre el escenario, se volvió inaccesible para un público que exige impostura y exhibicionismo. No obstante, aún quedan territorios de resistencia y en las últimas semanas existió una demostración de fuerza en la ciudad de Buenos Aires. En un rango más alto del universo artístico, la música clásica permanece ahí, desde hace siglos, sosteniendo una bandera que lleva pintada la consigna: "Esto no es fácil, ¿y qué?". Las presentaciones de Daniel Barenboim, Martha Argerich, Zubin Mehta, Rolando Villazón, entre otros, despejaron la neblina que suele cubrir la valoración de los intereses culturales. Con un repertorio clásico y romántico del siglo XIX y algunas piezas del siglo XX, el Festival Barenboim, que sigue esta semana, expuso la artesanía que existe detrás de algunos actos humanos excelsos y lo poco acostumbrados que estamos para percibirlos de una manera natural, no elitista, como tan solo una acción de voluntad humana que logró ampliar los horizontes. En este sentido, la música clásica surge como el género antiguo más nuevo que pueda hallarse en estos tiempos, tanto por sus sistemas de producción como de ejecución y actitud. Aunque parezca una obviedad, hay que pensar que esa música fue creada sobre un papel (partitura) para que luego intérpretes eximios la reprodujeran en vivo. Esta aclaración tan obvia no lo es tanto en la era digital. Cuesta creer que hubo una época en que la sociedad no escuchaba música en dispositivos y que las piezas podían contener diferentes matices según quién las tocara de la forma más perfecta posible. La inexistencia de sistemas de grabación y sobregrabación obligaba a los autores a alcanzar lo más fino y acabado en su visión original para que luego se transmitiera de forma irrepetible. Sin más mediación que un instrumento, un talento y una disciplina. El esquema aún continúa siendo el mismo. Pero ¿sería deseable para todas las otros géneros musicales? No. Imposible.

Sin embargo, en algún momento de la historia de la cultura rock, por ejemplo, la demagogia no estaba bien vista por tratarse de una impostura. La búsqueda de nuevas formas de expresión (aunque en rangos técnicos básicos) solían festejarse desde la crítica y las audiencias. Hoy esos espacios son apenas nichos que llevan la etiqueta marginal de "experimentación". En cambio, en la música clásica la persecución de lo difícil le da un aliento novedoso y distinto.

Después de todo escuchar una canción o una composición no debería ser tan básico (o sea: cuánta gente lo escucha, qué popularidad tiene, qué aspecto tiene el artista). Hace falta conocer los materiales, concebir la forma, detenerse en detalles de construcción, trabajar con la tradición, rastrear de dónde vienen las voces, escuchar el plural del que está hecha, imaginar el mundo al que pertenece, situarla y darle sentido.

J.F. Kennedy, en su discurso en el que explicaba las razones por las que el hombre encaraba desafíos como llegar a la Luna, concluyó con una frase: "Porque es difícil". Y esta semana, musicalmente hablando, Buenos Aires, pisó la Luna.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.