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En la veta de Gardel

Cardei y Podestá marcan la huella de los nuevos intérpretes.
Gabriel Plaza
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31 de marzo de 2000  

Luis Cardei fue a los 54 años una de las últimas revelaciones del género tanguero. Cultor de un estilo intimista, que hace tiempo fue abandonado por las vocalistas del tango y que lo posicionó entre los preferidos de los aficionados, Cardei es una referencia para hablar del presente de los cantores. "Me parece que hay una confusión entre los pibes jóvenes que empiezan. Porque se ha perdido la identidad del cultor del tango en la temática", explica.

Enseguida retoma: "El cantor nacional de antes tenía todo involucrado y todo expuesto para brindarse y expresarlo", remarca el tanguero, que empezará a dictar cátedra, a partir del viernes 7, a las 22.30, en un ciclo en Opera Prima (Paraná 1259).

"Yo llegue a ver la cola de lo mejor -recuerda Cardei-. Soy de una época dura del tango, en los 60, cuando muchos cantores como Berón se tuvieron que refugiar en los boliches".

-Los nuevos cantores no tuvieron esa ventaja.

-Creo que más allá de que no hayan podido ver a los referentes, lo que le sigue pasando al cantor joven de ahora es parecido a los que les pasaba a los jóvenes como nosotros, y eso está en las letras de los tangos. La gente se sigue enamorando, sigue pasando momentos de misiadura, alegrías y desencuentros. Eso no ha cambiado y el cantor de ahora tendría que buscar ahí su forma de expresión. Cuando salió al ruedo, hace 30 años, tenía una sola premisa, "quería tratar al tango con el cariño que se merece. Con esto quiero decir que para cantar no hace falta dar patadas en el piso, ni agacharse como si fueras a cabecear un corner. Muchos pibes lo han visto reflejado en otros que son valorados como voces de renombre y creen que eso está bien, y ahí está el error.

-¿Cual sería la forma más apropiada de cantar el tango?

-La mejor manera es empezar escuchando a las columnas donde se ha sostenido el tango. Hay que escuchar sobre todo, mucho, a Gardel. Para cada argumento de la letra tenía en su voz una emoción precisa, era el reo, era el sentimental, era el hijo, era el amigo, hasta el guapo era. Y después a los buenos cantores de orquesta como Raúl Berón, Carlos Dante, Enrique Campos, el mismo Alberto Morán. Hay que escucharlos a ellos, pero no imitarlos. Yo tengo alumnos y cuando alguno me quiere imitar ahí nomás lo paro y le digo: mantené tu estilo, morí con la tuya y nunca grites.

Con alma de bohemio

Alberto Podestá fue uno de los cantores más populares en la década del cuarenta junto a la Orquesta de Carlos Di Sarli. Todavía sigue en actividad en un boliche de San Telmo llamado "La cumparsita". Pero el recuerdo de esa adolescencia artística vivida durante la década del cuarenta es demasiado fuerte para el cantante. "Trabajábamos en los cafés, en las radios, en los cabarets y en los clubes. Teníamos un ritmo infernal. Era otra época", recuerda el cantor.

Durante esa década fue cuando el binomio Di Sarli-Podestá gestó sus grandes éxitos, que todavía lo mantienen en la memoria porteña. Tangos como "Alma de bohemio", "El bazar de los juguetes" y "Al compás del corazón", en su voz de barítono atenorado y estilo romántico se hicieron inmortales. "Creo que la diferencia es que antes estrenábamos tangos nuevos y todos eran éxitos. Por eso, a los cantores jóvenes les digo que busquen nuevo repertorio, es la única manera de encontrar su propio estilo. Ah, y que escuchen mucho a Gardel", aconseja Podestá.

Otra de las diferencias fundamentales con otra época, señala el cantor, era que la voz era un instrumento más de las típicas. "Nosotros cantábamos para que la gente baile. Se cantaba y se decía con ritmo. Después los cantores hicieron lo que quisieron, dejaron de cantar a tiempo y terminaron cantando para ellos y no para la gente", afirma Podestá.

El cantor recuerda su paso por la agrupación de Di Sarli como la escuela donde encontró su verdadero sello personal. "Muchos de los que cantábamos todavía éramos pibes, teníamos 17 o 18 años. Y eso permitió que los directores nos fueran formando a su estilo. Por eso, había tanta diferencia entre un cantor y otro. Estaban Fiorentino, Rufino, Echagüe, Chanel, Vargas, y ninguno se parecía", describe esa época.

Evoca recuerdos y técnicas, pero no olvida el día que Di Sarli le dio una de las mejores lecciones de su carrera. "Cuando me dio la letra de "Al compás del corazón" yo la empecé a cantar con mucho entusiasmo. Pero Di Sarli me paro a la mitad del tema y me preguntó ¿Alguna vez escuchó a Gardel? Claro, le dije, es mi maestro. Entonces me volvió a decir: Creo que en realidad usted no lo escuchó muy bien. Gardel este tema lo haría de esta forma, y comenzó a frasear con un estilo romántico que después tomé yo y funcionó a las mil maravillas. Hasta ahora no me puedo bajar de un escenario sin hacer ese tango".

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