Entretenimiento al desnudo

"Sinvergüenzas". Versión libre de Daniel Botti sobre la novela original de Anthony McCarten y Stephen Sinclair. Elenco: Arturo Maly, Juan Palomino, Fabián Vena, Cutuli, Toti Ciliberto y Esteban Prol. Escenografía: Daniel Feijoo. Coreografía: Mecha Fernández. Vestuario: Pepe Uría. Luces: Carlos Martínez. Dirección: Claudio Hochman. En la sala Pablo Picasso del complejo La Plaza. Nuestra opinión: buena .
"Sinvergüenzas". Versión libre de Daniel Botti sobre la novela original de Anthony McCarten y Stephen Sinclair. Elenco: Arturo Maly, Juan Palomino, Fabián Vena, Cutuli, Toti Ciliberto y Esteban Prol. Escenografía: Daniel Feijoo. Coreografía: Mecha Fernández. Vestuario: Pepe Uría. Luces: Carlos Martínez. Dirección: Claudio Hochman. En la sala Pablo Picasso del complejo La Plaza. Nuestra opinión: buena .
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22 de marzo de 2000  

En esta versión libre sobre la novela "Ladies night", en la que se inspiró la película "Todo o nada, el full monty", se podría objetar un sinnúmero de detalles.

La historia de estos desocupados que buscan salvar lo último que les queda, la dignidad, y para ello pergeñan un show de strip, en la versión cinematográfica poseía otra mirada del mundo y otro objetivo que el que se propone esta teatralización.

Por un lado, el primer interrogante que surge es si resulta lícito, siendo el entretenimiento el norte fundamental de esta puesta de Claudio Hochman, juzgarla con parámetros artísticos.

Ante la disyuntiva, hay que volver al principio. Al espectáculo se le puede objetar una versión excesivamente populachera y lineal, que no profundiza en los personajes ni en su drama; que la puesta en escena, si bien lleva un ritmo que le permite el gag, el chiste y los remates, cae en la misma linealidad que el texto; y que todo no es más que un justificativo para que se desate el strip final.

Todo esto es cierto, pero se da de bruces cuando se toma en cuenta la reacción del público, componente ineludible de cualquier espectáculo en vivo.

Si la propuesta hubiese pretendido algo más que el simple divertimento los argumentos serían válidos, pero "Sinvergüenzas" sólo apunta a hacer reír, y claramente no a cualquier tipo de público. Orientado hacia un concepto popular, el espectáculo se asienta más en un ritmo de show que de teatro de texto.

Picadito, repleto de guiños a los que el público responde con euforia, los personajes, dibujados a trazo grueso, buscan complicidades en la platea. Son seis, y cada uno de ellos responde a un clisé: el cornudo, el hijo del pastor electrónico, el gordito bruto, el que se quiere suicidar, el ingenioso que busca zafarse económicamente y el que termina por confesar su homosexualidad son interpretados por un elenco de buenos actores que, sin embargo, no dejan de estar enmarcados dentro del código propuesto.

Sobresalen los trabajos de Arturo Maly y Toti Ciliberto, aunque Fabián Vena, Cutuli, Juan Palomino y Esteban Prol se adaptan con corrección al juego. Porque no es más que eso, un juego de hombres desocupados.

La reacción de la platea no decae en ningún momento. Lo curioso es cómo estalla al final, cuando los personajes realizan su show de strip al ritmo del tema "Puedes dejarte el sombrero puesto", de Joe Cocker. Entonces, la sala se convierte en uno de esos típicos espacios con show de strippers a los que concurren las mujeres en grupo. Las risas, los gritos, los aplausos, el desenfreno, en fin, se apodera de la sala.

¿Es lícito tratar de divertir a la gente? En efecto, lo es. Y "Sinvergüenzas", sin duda, lo consigue. Lejos de toda pretensión experimental.

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