Entrevista con Pablo Trapero

Trapero competirá por una mención especial en Cannes con Carancho
Trapero competirá por una mención especial en Cannes con Carancho Crédito: Martín Turnes
En esta segunda entrega, una charla con el director de Carancho, una de las películas que competirán en el festival; accedé al video. Por Milagros Amondaray
Milagros Amondaray
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5 de mayo de 2010  • 12:19

Ya lo había dicho Borges. Una vez que una obra artística está terminada, ya no le pertenece al autor sino al mundo, un mundo al que esa obra debe, al menos, proponerse modificar. Eso valida la obra, le da entidad y el círculo de la expresión puede verse completado.

Los protagonistas, en pleno rodaje
Los protagonistas, en pleno rodaje Crédito: Gentileza Matanza Cine

Pensé en esa idea cuando Pablo Trapero me dijo que al finalizar una película, trata de no reverla nunca ni de seguir pensando en ella porque la misma pasa a pertenecerle a quien la ve. Sin dudas, Carancho será vista por muchos espectadores. Porque, más allá de que su co-protagonista sea Ricardo Darín y eso sea un atractivo incuestionable, el film plantea un debate interesante acerca de la cantidad de muertes que se producen en accidentes de tránsito y todo aquello que las rodea (el trabajo en urgencias, el negocio de las indemnizaciones, etc.) y lo hace con el sello Trapero que lo viene acompañando desde Mundo Grúa en adelante: la visceralidad. Por tercera vez luego de El bonaerense y Leonera, el director vuelve al Festival de Cannes - que arranca el 8 de mayo - para competir por una mención especial y lo hace, como él mismo asegura, "con una dosis extra de novedad, porque es la primera vez que estreno en mi país y después compito afuera. Es todo un desafío volver al festival, un incentivo, porque siempre hubo una gran confianza en mis películas".

Retomando el concepto de que el autor se desprende de su obra una vez terminada, Trapero tiene en claro que uno de los procesos que más disfruta es el de "testeo" de sus películas, esas películas que un espectador aguarda no para generarle presión inconsciente al director sino para darle un estímulo: "Que haya gente curiosa aguardando mi próximo trabajo es un privilegio que me pone muy contento, es lindo y estimulante (...) La película siempre va a pertenecer al que la ve, no importa si es mucha o poca gente, si yo siento que pudo contar lo que quería contar y que la gente escuchó, compartió y debatió, eso ya me pone contento. No me gusta sentir que una película da lo mismo, porque implican un enorme esfuerzo y energía y sería una pena que no haya nadie del otro lado". Por eso, el director de Nacido y criado disfruta escuchando las opiniones (siempre divergentes, siempre heterogéneas) de los espectadores, esos espectadores a los que nunca pretende subestimar: "Creo que el cine tiene que tener un público inteligente que vea más allá del primer término. Cuanto más atrás de los personajes estén los enunciados, mejor".

Video

Historia de amor en universo hostil

Darín y Guzmán en Carancho
Darín y Guzmán en Carancho Crédito: Gentileza Matanza Cine

Eso es Carancho. El relato de un vínculo amoroso entre una joven médica llamada Luján (Martina Gusmán, esposa de Trapero, con quien ya habían formado dupla en Leonera, y detrás de cámara con la productora Matanza Cine) y Sosa (Ricardo Darín), un abogado que perdió su matricula y que ayuda a víctimas de accidentes de tránsito. En esto nos lleva al segundo plano del film, por detrás de esa historia de amor: "Quiero que el film proponga un debate sobre todo el universo absurdo, aunque muy cercano a la realidad, que rodea a los accidentes y que es descomunal", expresa Trapero, "Quiero que se genere una reflexión, pero también siempre supe que quería contar una historia de amor íntima, privada, entre dos personajes que se encontraran en un universo opuesto, en una escala enorme; que se contrapesara la sensibilidad con algo de mayor escala".



Las noches en el conurbano, las guardias en los hospitales, las cifras alarmantes de accidentes de tránsito. De todo eso forman parte Luján y Sosa y acerca de todo eso investigó Trapero para Carancho: "El contraste era el punto de partida. Después me alarmó la cantidad de gente que muere en accidentes, que es demencial. En una década, en nuestro país, murieron alrededor de 100.000 personas, es un número absurdo del que no se habla con la gravedad e intensidad con la que debería hablarse".

Por esta razón, Pablo Trapero hizo, nuevamente, una película susceptible a activar ciertas alarmas con personajes reconocibles, cotidianos. No estamos, entonces, tan lejos de Mundo Grúa. "Lo que sobrevive a todas mis películas es cierta frontalidad, la manera directa en la que se comunican con distintos tipos de espectadores. Se relacionan de modo íntimo, más allá de que cuenten cosas diferentes", afirma Trapero. Y nuevamente alude a la importancia de que una obra encuentre al receptor que la coloque en diferentes lugares de exposición y con diversas lupas para ponerlas bajo la mira: "Quiero que los espectadores encuentren en mi cine personas y no personajes, que puedan establecer un vínculo afectivo con ellos, no simplemente seguir lo que hacen. Que los quieran en una escena o que los odien en la siguiente, pero que se genere un diálogo como si fuera un amigo. Esos diálogos en los que, aunque no se esté siempre de acuerdo, haya una cierta intimidad. Eso trato de mantenerlo y de cuidarlo siempre".

Carancho, protagonizada por Ricardo Darín y Martina Gusmán, se estrena este jueves.

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