Esa encantadora bruma de Portugal

Laura Chertkoff
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29 de julio de 2015  

Lisboa, nunca te conocí, siempre te amé / Idea, texto, coreografía y dirección general: Rodolfo Olguín / Intérpretes: Miriam Coelho, Nicolás Manservigi, Sebastián Acosta y bailarines integrantes del Modern Jazz Ballet de Noemí Coelho y Rodolfo Olguín / Música: Amalia Rodrigues, Misia y Cesaria Évora. videos: Matías Canony / Utilería: Aldo Carrizo / Funciones: Sábados de julio y agosto, a las 22.30 / Sala: Centro Cultural Borges / Entradas: desde $ 100 / Nuestra opinión: buena.

Aunque la primera y la última escena apelen al costumbrismo de unas canastas de frutas y pescados, no se trata de un espectáculo de danzas folklóricas portuguesas. Es un homenaje emocionado a un inmigrante portugués, desde el lenguaje del modern jazz.

La música seleccionada por Olguín es naturalmente de origen lusitano, o de sus colonias así se explica la inclusión de la caboverdiana Cesaria Évora en medio de otros fados cantados por Misia o Amalia Rodríguez. Y remonta a los primeros años del siglo XX, con todos los recursos audiovisuales, textuales y gráficos.

Pero los pasos, la estructura e incluso los niveles de dramatismo llegan desde una estética mucho más norteamericana, sosteniendo todas las escenas con un modern jazz bien ejecutado. Nicolás Manservigi, el relator-cantante-actor no es el álter ego de Rodolfo Olguín, pero sí tal vez de Noemí Coelho, "compañera y sostén de proyectos" del coreógrafo y poseedora de las raíces portuguesas evocadas a lo largo de la obra. Esta voz hablada por momentos conspira contra la síntesis de la propuesta. Con la velocidad baja propia de la melancolía, recita poemas, aporta información biográfica y, en algunos momentos, repite un fado, con mucha más afinación que acento.

Pero más allá de este detalle, el Modern Jazz Ballet tiene la limpieza de movimientos de una máquina bien aceitada. Y la certera inclusión de Miriam Coelho como solista aporta aplomo y solidez para las escenas más dramáticas.

Lo mismo sucede con Sebastián Acosta, a cargo del rol protagónico masculino, cuya madurez permite la espesura necesaria para los solos y duetos que le han sido conferidos.

Ante la ausencia de información sobre el vestuario, cabe inferir que se ha tratado de una decisión del director del espectáculo. Los vestidos, sin huellas de tiempo ni lugar, sirven para atravesar este territorio ambiguo entre la música portuguesa de antes y los pasos de hoy.

Lisboa? se adecua a la programación habitual del Centro Borges, que suele acariciar frecuentemente a las artes de la Península Ibérica. Pero no se trata de una producción para turistas. Hace falta entender la complejidad de los desarraigos que implican las corrientes migratorias.

Nada más evidente que la aclaración presentada en el título del espectáculo. Si se ama una ciudad que no se conoce, el homenaje, inevitablemente, es desde la propia identidad.

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