Extremos que se iluminan misteriosamente

Pablo Gianera
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15 de septiembre de 2013  

Dos Coyotes / Intérpretes: Magnus Lindberg (piano) y Anssi Karttunen (violonchelo) / Programa: Dos coyotes y Santa Fe Project, de Lindberg; Suite de Pulcinella y "Canción rusa" (aria de la ópera Mavra), de Igor Stravinski; Improvisación, de Lindberg y Karttunen / Sala: Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC).

Nuestra opinión: muy bueno

Dos Coyotes fue inicialmente el título de una pieza que Magnus Lindberg escribió hacia 1991, pero designa ahora también al dúo entre el compositor y pianista y el chelista Anssi Karttunen. El deslizamiento del nombre no es causal: el interés de esa pieza, arreglada posteriormente para el dúo, se funda principalmente en las formidables posibilidades de interacción entre los dos intérpretes. Es claro que Lindberg compone para el violonchelo con el sonido de Karttunen en la cabeza.

Ya desde el inicio, resulta evidente que hay en la escritura de Dos Coyotes un principio abiertamente agonístico: chelo y piano parecen perseguirse mutuamente, o en ocasiones transcurrir en planos de apariencia desvinculada. El virtuosismo pasmoso de Karttunen saca provecho del carácter crispado de la pieza, que sólo parece serenarse (aunque es una calma engañosa) en los expresivos glissandi que la recorren de punta a punta. La intensa actividad rítmica de Dos Coyotes se prolonga en la Suite de Pulcinella de Igor Stravinski, en una trascripción de los dos músicos finlandeses. Su versión no pudo tener más gracia ni sonar más decidida.

La breve aria de la ópera Mavra , también de Stravinski, que abrió la segunda parte, fue en realidad el punto de partida para una extraordinaria improvisación. Lindberg y Karttunen tocan juntos hace más de treinta años y, puede suponerse, se conocen de memoria, es decir, cada uno puede calcular cabalmente las posibilidades de desarrollar las ideas musicales que se les propongan, los grados de mutua interacción. Fue una improvisación más bien libre, y por libre debe entenderse aquí menos temática, en tempo no estable, sin una identidad métrica clara, aun cuando el inicial motivo stravinskiano regresara una y otra vez, como contraseña o reminiscencia. Hay un efecto paradójico: esa improvisación no podría ser más distinta de la escritura de Lindberg, aunque sería inconcebible sin ella, como si fuera su reverso. En realidad, habría que pensar acaso la improvisación de Lindberg y Karttunen como la liberación de las fuerzas contenidas en la composición. A veces, incluso, ciertos pasajes parecieron estar teñidos del carácter de la pieza siguiente, Santa Fe Project , de un apasionamiento sin reticencias y parejamente virtuosa. Lo improvisado y lo compuesto estaban bien distinguidos en el programa; durante el concierto, sin embargo, esos extremos tendieron a acercarse y se iluminaron misteriosamente entre sí.

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