Father John Misty, el mejor cliente de... ¿Dios?

El músico se vuelca a contar sus deseos más profundos
El músico se vuelca a contar sus deseos más profundos Fuente: LA NACION
Josh Tillman, mejor conocido como Father John Misty, no necesita salirse demasiado de su propio libreto para editar álbumes que, a la larga, terminan formando parte del cimiento de una carrera tan prolífica como egocéntrica. Y rica a su modo. Con su último trabajo, God's favourite customer (El cliente favorito de Dios), Tillman vuelve a echar mano a su folk de corte hipster.
Martín Sanzano
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29 de junio de 2018  

El exbaterista de los barbudos Fleet Foxes cuenta historias sobre sí mismo y vuelca en cada verso todas sus certezas, y más que nada sus dudas, sobre el mundo en el que hemos venido a parar.

Las diferencias sonoras con Pure Comedy (2017), su álbum anterior, e incluso con el predecesor I love you, honeybear (2015), son casi imperceptibles. Desde el arranque, en "Hangout at the Gallows", aparece el piano que ya se transformó en la punta del ovillo del que Tillman viene tirando desde sus comienzos. También surgen las primeras preguntas, esas que son difíciles de responder: "¿Cuál es tu política?/¿Cuál es tu religión?/¿Cuál es tu consumo?/¿Tu razón para vivir?", canta en el estribillo con un falsete que domina a la perfección.

La lírica también parece salirle de un tirón, y se nota aún más en "Mr. Tillman", el tema que cuenta la historia desde el punto de vista del conserje de un hotel que tiene hospedado al músico desde hace ya demasiado tiempo. Un pobre empleado que se vuelve terapeuta, amigo y, por qué no, consejero de este artista perturbado.

Neoclásico, así suena God's favourite customer. Y claro, con esa etiqueta podríamos clasificar a toda la obra de Father John Misty, que por primera vez decidió posar para la tapa con un gesto que mezcla el hastío con la decepción. ¿De sí mismo? ¿Del mundo? Cuando parece que todo se va a ir por ese camino, "Date night" ofrece una mirada diferente. El piano al fondo, la guitarra al frente y la actitud de conquista en pose de rock: "¿Querés ir a la granja?/¿Querés ir al parque?/Te daré un helado si me das tu tarjeta", canta.

"Please Don't Die" es un viaje al centro de la música tradicional americana, con slide guitar y armónica incluidas, y un Tillman que vuelve a mostrar sus habilidades para el canto en una súplica: "Y cariño, estoy preocupado por vos/Ponete en mi lugar/Sos todo lo que tengo así que por favor no te mueras/Donde sea que estés esta noche". "The Palace" sostiene el clima melancólico y roza lo lúgubre cuando repite en el estribillo: "Estoy por encima de mi cabeza/Estoy por encima de mi cabeza". Es la canción más despojada de todo el disco. Con las teclas y la voz, y apenas algún que otro agregado, logra construir una sensación de soledad que se vuelve asfixiante. Como si estuviese tocando solo en medio de un salón enorme y frío, atrapado en su propia inmensidad. Todo se centra en su visión. Tillman canta desde el yo más céntrico de todos durante todo el disco y no parece avergonzarle. Al contrario, cada vez encuentra metáforas más precisas para escribir sus miradas.

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